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Óscar Rivas | Reaccionar, no conservar

En su último libro, En busca de la derecha (perdida), José Javier Esparza se preguntaba si hoy el conservador tiene algo que conservar. A lo largo de la obra, el autor expone con claridad cómo en los últimos lustros los conservadores han terminado asumiendo principios que no eran los suyos. Es evidente que así ha sido. A mi juicio, esta es la clave de que la derecha, o lo que queda de ella fenezca, a la misma velocidad que lo hacen sus valores. España es un ejemplo elocuente. A buen seguro, habrá quien piense que exageramos. Precisamente ahora que se da por descontado que el PP arrasará en las próximas elecciones –se nos dirá- hay que estar colgado para afirmar que la derecha se halla en vía de extinción.

Está bien, aceptemos el pulpo como animal de compañía, y asumamos que el PP, amén del centro, represente también a la derecha. ¿Qué hará Rajoy cuando llegue al poder? A nadie se le escapa que Zapatero y sus bandoleros han puesto España patas arriba ¿Será capaz el PP de darle la vuelta a la tortilla? La labor es ardua y, qué duda cabe, requiere de mucho esfuerzo y dedicación. Y que conste que no dudo de la capacidad de Rajoy para conseguirlo. Sin embargo, es sabido que no hay sacrificio sin voluntad. Es aquí donde el escepticismo se impone. ¿Tendrá el PP esa voluntad? ¿La tendrá Rajoy como líder? Si tuviera que destacar un rasgo que resumiera el papel desempeñado por el PP en los últimos siete años, ese sería su proverbial pasividad. Es más, añadiría que la suya ha sido la mejor oposición que todo tirano –y Zapatero no es una excepción- puede desear.

Si el PSOE en este corto periodo ha avanzado tanto en su labor de destrucción, en buena parte hay que agradecérselo a las bondades del PP. Durante los años de mandato zapateril, sobretodo en la primera legislatura, la derecha social no dejó de movilizarse. Su presencia en la calle era un modo de evidenciar democráticamente su indignación ante la iniquidad del tirano; pero también un claro toque de atención para Rajoy. Y estaba en su derecho; de los millones de personas que salieron a la calle, en su mayoría lo eran votantes del PP; con su voz trataron de explicar a sus representantes el significado de su voto. Y sin embargo, ¿qué hizo Rajoy? Permaneció callado. Alguna vez se dejó ver y oír, pero sus palabras no resultaban todo lo nítidas que deseaban sus votantes; de hecho, apenas eran perceptibles. Se diría que, más que hablar, susurraba. Seamos claros, la oposición del PP ha sido todo lo conservadora que el PSOE podía esperar. El problema es que su conservadurismo se ha limitado a reducido a defender sus intereses de casta.

Queda poco más de un año para que se celebren las generales. A día de hoy, la derecha no tiene nada que conservar, puesto que la izquierda se ha esforzado en destruir todo aquello en lo que aquella creía. Ello hubiera sido imposible, sin la colaboración de un PP que ha comprado buena parte de los desvalores que la izquierda cultural ha puesto a la venta en las últimas décadas. Lo dicho, la cuestión es ¿qué pasará si el PP llega al poder? ¿Se limitará a reformar la economía –por otra parte necesario- asumiendo todo lo demás como una realidad inamovible, o por el contrario reaccionará derribando todos los muros que la izquierda se ha esforzado en levantar? Ojalá supiéramos la respuesta, pero nos tememos lo peor. Para emprender la reacción no hay por qué esperar a que se celebren elecciones. El acoso y derribo a ZP debiera ya ser un hecho. ¿Cabe mayor acto de patriotismo que el derrocamiento de un tirano? Quizá el PP crea conveniente esperar, pero hay millones de votantes que no lo ven así. Son aquellos que se preguntan para qué votaron al PP hace cuatro años, si con toda la que está cayendo, hay que aguardar a una nueva convocatoria para que comiencen a reaccionar.

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