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Óscar Rivas | Sobre España y Libertad

Asegura Yolanda Morín en su último y sentido artículo, ¿España y Libertad como partido político?, que posicionarse contra la casta política, el islam y la inmigración, cierra puertas y genera enemigos, que es lo que le ha sucedido a España y Libertad. Esto al ciudadano de a pie no puede sino sorprenderle, toda vez que tales planteamientos los suscribiría cualquiera que, ya sea de derechas, de centro o de izquierdas, sienta cierto apego por el país en el que vive. Sencillamente porque manifestarse contra el islam equivale a movilizarse en favor de la libertad; posicionarse contra la inmigración masiva significa apostar por el sentido común; y oponerse al estamento político es el un rasgo de virtud democrática, que marca la frontera entre la ciudadanía y el vasallaje.

Las ideas de España y Libertad atacan a la yugular del sistema feudal que los nuevos señores han instaurado; van directas al corazón de una ciudadanía que, si bien hoy ha perdido sus latidos vitales, en cualquier momento puede recuperarlos. Su discurso, apela al sentido común; de ahí que resulte subversivo para quienes antes subvirtieron la democracia, y lo hicieron en su nombre. En cuanto al Islam y la inmigración, son el 2x1 que la casta política ha impuesto a la sociedad española a modo de ingeniería social. Para que España desaparezca, basta con que deje de haber españoles. Si hoy en España coexisten siete millones de extranjeros -islamistas o no- que no dejan de reproducirse, no es porque lo quisiera la sociedad española –nada más lejos- sino porque así lo tramaron sus elites dirigentes, que son quienes parten el bacalao que luego los españoles se comen a horcajadas.

Seamos claros, el feudalismo exige acatamiento, mientras que España y Libertad, sugiere rebelión cívica. El uno es el veneno que paraliza el corazón; la otra el antídoto que busca avivarlo. Es lógico que quienes expanden el veneno en España no estén interesados en comprar el antídoto; que tampoco tengan demasiado interés en que los enfermos lo conozcan; y que si pueden, no duden en destruirlo.

Esta realidad, mi amiga Yolanda Morín, que es muy perspicaz la conocía perfectamente; no ignoraba que los terrenos que pisaba eran pantanosos; pero ello no le impidió emprender el camino cívico, cuando la mayoría desconocía de su existencia. Quienes pergeñaron el proyecto lo bautizaron como España y libertad. Con dos ovarios. Ambas palabras sintetizan a la perfección el sentido de su proyecto, pero también lo que pensamos millones de españoles. España exige libertad, al igual que la libertad, pierde su sentido si le falta España. La cosa es que tanto la una como la otra permanecen secuestradas.

El mencionado artículo de la presidenta de España y Libertad, qué duda cabe, define el sentimiento que asiste a quienes, ven con impotencia como su voz es apagada por el calculado ruido que generan los fanáticos. Habrá quien se pregunte quién me ha dado vela en este entierro. Y tendrá razón. Simplemente me parecía justo poner el punto sobre unas letras que creo inacabadas. Eso es todo.

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