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Quedan pocas horas para el día D de las elecciones en Cataluña, por cronología, laboratorio español de pruebas para comprobar hasta qué punto el hartazgo social ante tanto majadero ha llegado a un final de ciclo… al límite de la resistencia humana frente a la estulticia y la manipulación miserable a la que se nos somete desde las poltronas socialistas y la de sus socios de fechorías de toda calaña.

El horrendo panorama que se cierne sobre nosotros, más la previa acumulación de tanta vejación al ciudadano, con los índices de desempleo alcanzados, la inseguridad padecida, la insoportable invasión inmigrante, y la desvergüenza de los trapicheos, delitos y abusos que cometen las huestes zapatéticas en general y en Cataluña las de Montilla en particular, hace temblar de pánico a la población.

Nadie, jamás, se había caracterizado por un nivel de estulticia e ineficacia de tal magnitud. No hay precedentes de algo semejante en nuestro entorno desarrollado; nos han hundido en la miseria, en el desprestigio y en la pérdida absoluta de valores, referencias y principios éticos: son unos desalmados a los que se les deberá juzgar y condenar por sus errores y corrupciones en casi todo lo poco que han llevado a cabo.

El día 28 de noviembre de 2010 y después en mayo, en las municipales, los ciudadanos honrados y bienintencionados han de plantearse expulsar a los gerifaltes socialistas, comunistas y cómplices afines del mundo de la política, a la vez que deben asegurarse de que después de su desalojo del poder no puedan reengancharse en prebenda laboral alguna que dependa del erario público. Al paro dos años, a mil Euros al mes, y después a emigrar a alguna dictadura marxista-leninista de su cuerda. No los queremos en España.

Llegados hasta aquí, queda algo por resolver: ¿A quién votar?

Como insinuaba en un artículo anterior, el voto en blanco es una solución si es masivo. Pero si no se cree en él, como mínimo, apuéstese por partidos pequeños e incipientes que enfoquen su discurso hacia la solución de alguno o todos los tres problemas dramáticos que nos van a eliminar como nación, como sociedad y como Cultura: la crisis económica y el desempleo; la inseguridad y la inmigración descontrolada [sí, lo asocio… ¿alguna duda?]; y la corrupción y la usurpación política del poder por parte de inútiles prevaricadores [porque prevaricación es gobernar sabiendo que perjudican al Pueblo].

Para entendernos: voto en blanco, o si se es de izquierdas a Ciudadanos; si se es de derechas… a la Nebrera; y si se es directamente idiota al degenerado transexual del CORI. Lo que sea, antes de dar un voto a oportunistas y chaqueteros como Mas y su cruzada a favor del Islam, o cederlo al PP que no sabe ni adónde va.

Sea.

Pablo Barranco | Final de ciclo

Quedan pocas horas para el día D de las elecciones en Cataluña, por cronología, laboratorio español de pruebas para comprobar hasta qué punto el hartazgo social ante tanto majadero ha llegado a un final de ciclo… al límite de la resistencia humana frente a la estulticia y la manipulación miserable a la que se nos somete desde las poltronas socialistas y la de sus socios de fechorías de toda calaña.

El horrendo panorama que se cierne sobre nosotros, más la previa acumulación de tanta vejación al ciudadano, con los índices de desempleo alcanzados, la inseguridad padecida, la insoportable invasión inmigrante, y la desvergüenza de los trapicheos, delitos y abusos que cometen las huestes zapatéticas en general y en Cataluña las de Montilla en particular, hace temblar de pánico a la población.

Nadie, jamás, se había caracterizado por un nivel de estulticia e ineficacia de tal magnitud. No hay precedentes de algo semejante en nuestro entorno desarrollado; nos han hundido en la miseria, en el desprestigio y en la pérdida absoluta de valores, referencias y principios éticos: son unos desalmados a los que se les deberá juzgar y condenar por sus errores y corrupciones en casi todo lo poco que han llevado a cabo.

El día 28 de noviembre de 2010 y después en mayo, en las municipales, los ciudadanos honrados y bienintencionados han de plantearse expulsar a los gerifaltes socialistas, comunistas y cómplices afines del mundo de la política, a la vez que deben asegurarse de que después de su desalojo del poder no puedan reengancharse en prebenda laboral alguna que dependa del erario público. Al paro dos años, a mil Euros al mes, y después a emigrar a alguna dictadura marxista-leninista de su cuerda. No los queremos en España.

Llegados hasta aquí, queda algo por resolver: ¿A quién votar?

Como insinuaba en un artículo anterior, el voto en blanco es una solución si es masivo. Pero si no se cree en él, como mínimo, apuéstese por partidos pequeños e incipientes que enfoquen su discurso hacia la solución de alguno o todos los tres problemas dramáticos que nos van a eliminar como nación, como sociedad y como Cultura: la crisis económica y el desempleo; la inseguridad y la inmigración descontrolada [sí, lo asocio… ¿alguna duda?]; y la corrupción y la usurpación política del poder por parte de inútiles prevaricadores [porque prevaricación es gobernar sabiendo que perjudican al Pueblo].

Para entendernos: voto en blanco, o si se es de izquierdas a Ciudadanos; si se es de derechas… a la Nebrera; y si se es directamente idiota al degenerado transexual del CORI. Lo que sea, antes de dar un voto a oportunistas y chaqueteros como Mas y su cruzada a favor del Islam, o cederlo al PP que no sabe ni adónde va.

Sea.

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