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Alejo Vidal-Quadras | CEOE, nueva etapa

De nuevo un catalán al frente de la CEOE. Su primer presidente, Carlos Ferrer Salat, también lo fue y dejó una fuerte impronta en la patronal española en su fase de arranque y consolidación. Juan Rosell se pone al frente de la poderosa organización empresarial en momentos difíciles, tanto en el plano interno como en el contexto externo. No será fácil devolver el crédito a una institución social que a lo largo de los últimos tres años ha sufrido el deterioro asociado a los infortunios profesionales y a las peripecias judiciales de Gerardo Díaz Ferrán. Tampoco es una pera en dulce pilotar a los empresarios en plena crisis global y en un país sometido a la presión agobiante de los mercados de deuda mientras un gobierno incompetente actúa a sacudidas improvisadas en función de las llamadas telefónicas que recibe de mandatarios extranjeros. La economía española padece una serie de deficiencias estructurales endémicas que la recesión brutal que atravesamos ha hecho aflorar de manera despiadada sin que ni la sociedad civil ni la clase política parezcan dispuestas a acometer las duras reformas necesarias. En tiempos escasos de liderazgo, Rosell deberá demostrar que es capaz de asumir los riesgos de ejercerlo. Se le han reprochado- yo mismo lo he hecho- algunos gestos y posiciones públicas demasiado próximas a los planteamientos nacionalistas. Su asistencia a la manifestación tras la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña y sus declaraciones proclives a un tratamiento fiscal a Cataluña distinto al régimen común han despertado lógicas inquietudes en gran parte de la opinión pública del resto de España. Sin embargo, existen motivos para el optimismo de cara a su futura ejecutoria. Es un hombre preparado, culto, inteligente, entregado a su trabajo y de fuertes convicciones liberales. Sus supuestas veleidades particularistas pueden ser atribuidas más a enfoques tácticos como cabeza de Fomento del Trabajo que a una proximidad ideológica al nacionalismo catalán que, por lo que se sabe, jamás ha sentido. Juan Rosell posee además dos características muy notables que le han ayudado mucho en su carrera y en su vida personal: un festivo y agudo sentido del humor y un admirable espíritu deportivo. Hemos de desearle toda la suerte del mundo en su actual cometido porque de sus aciertos y de sus errores dependerá en no poca medida que muchos millones de españoles hoy agobiados por el desempleo y el desánimo recuperen la moral y vuelvan a tener una oportunidad.

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