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Esperanza Oña | Inmenso error

El socialismo español se ha quedado sin discurso, sin ideología y sin referencias. La ineptitud de este gobierno se ha constatado a nivel mundial y el fracaso de las políticas que defiende, no tiene marcha atrás. Desgraciadamente para todos nosotros, el presidente Zapatero carece de prestigio nacional e internacional. Hace el ridículo con demasiada frecuencia y ha dilapidado su credibilidad.

Aunque no soy socialista por principios inherentes a mi propia noción de la ética, desearía que el presidente del gobierno de España fuese una persona rigurosa. Me gustaría que su opinión tuviese peso, que sus aportaciones sirvieran a la economía mundial, que sus planteamientos fueran coherentes. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Sufro al comprobar cada día la pésima imagen que se ha ganado a pulso con sus desafortunadas actuaciones.

Es considerado un izquierdista antiguo, panfletario, que sobrevive gracias a frases diseñadas sin contenido, pero cargadas de fuerza publicitaria. Se alimenta de eslóganes estudiados para causar efecto inmediato. Se preocupa sólo por el corto plazo y la rentabilidad electoral. El daño que causa con estos procedimientos le resulta del todo indiferente.

Ahora la situación es casi irreversible. Ya está bien de sentirse “progre” a costa de la economía de los demás. Desde Europa le han puntualizado que se acabó su inacción, su pérdida de tiempo perjudicial para españoles y extranjeros. Le han parado los pies en seco, a modo de ultimátum. La disyuntiva es clara: o gobierna o se toman las decisiones desde fuera. Como Grecia, como Irlanda.

Es verdad que Aznar no tenía los ojos azules, ni tocaba la guitarra, ni sus frases flotaban al compás del vuelo de mariposas de color, pero creó la mayor prosperidad que ha conocido nuestro país. Acertaba en su política económica: cinco millones de nuevos empleos fueron su mejor aval. El problema es que todavía son muchos los que prefieren el carisma a la eficacia o anteponen la simpatía a la sinceridad. Así nos va.

Zapatero se ha visto obligado a reaccionar a la fuerza, equivocándose al decidir, eligiendo la peor opción. Y ha vuelto a demostrar que no dispone de un plan contra la crisis. Todavía no se ha tomado en serio un drama que ha destrozado miles de empresas, que mantiene en paro a más de cuatro millones de españoles y que ha terminado con infinidad de proyectos de futuro. Creo que es tan irresponsable que jamás ha sido plenamente consciente del problema que atravesamos.

El ejecutor del mayor recorte social de la Democracia, no ha quedado satisfecho. Necesita más. Ahora se desahoga con una serie de propuestas improvisadas por su impulso incontrolable. Sin valorarlas en este instante, hay una que me indigna profundamente por la carga de hipocresía que la acompaña. Es vomitivo presumir de solidario y condenar a la indigencia al colectivo más perjudicado por su única incapacidad, a las víctimas de su inutilidad presidencial. Es indigno que la crisis deban atajarla los que malviven con escasos recursos. La eliminación de la ayuda de 426 euros nos proporciona, en toda su crudeza, la medida del personaje.

A partir de febrero, sólo en Andalucía se quedarán sin ingresos medio millón de personas. No soy capaz de calcular en el resto de España el impacto de semejante decisión, pero será enorme. En cambio, tampoco hemos encontrado en esta ocasión de urgencia ni una propuesta que plantee recortes en los gastos del gobierno o que suponga un plan de austeridad para el presidente, sus ministros y su lista inagotable de altos cargos, asesores, y gastos de representación.

No me sorprende porque los conozco bien, pero me escuece. Llevo toda mi vida combatiendo estas conductas basadas en la vara de medir del socialismo español, en la solidaridad del revés en la que nunca he creído, en el desprecio como pauta de convivencia. En definitiva llevo toda mi vida combatiendo el derecho de pernada en cualquiera de sus disfraces sutiles.

Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Espero, por el bien de todos nosotros, que a la tercera no se cumpla el refrán. Que hayamos aprendido definitivamente la lección.
Esperanza Oña es portavoz del PP-A en el Parlamento andaluz y alcaldesa de Fuengirola (Málaga)
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