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Esperanza Oña | Un millón de razones

No quiero ser pesada ni parecerlo, pero hay cuestiones que requieren más de una reflexión. Cuestiones que por su trascendencia merecen que nos paremos a pensar dedicándoles un poco más de nuestro tiempo. Considero que la eliminación de la ayuda de 426 euros decidida por el gobierno socialista es un alarde de insolidaridad, de indiferencia e incluso de altanería hacia las personas más necesitadas. Y lo es, sin duda, viniendo de políticos que llevan en solitario la bandera de la bondad.

En la pasada sesión del Parlamento tuve la ocasión de preguntar al Consejero de Empleo su opinión sobre la retirada de esta ayuda. La respuesta fue impresionante. Sin sentido de la mesura la justificaba y aplaudía. Aseguró que los 426 euros se aprobaron en un momento coyuntural de pérdida de empleo y que en estos momentos de recuperación ya se pueden plantear otras salidas.

Le mostré mi perplejidad. El paro en Andalucía no ha dejado de crecer y sigue siendo con diferencia el más alto de toda Europa. Cada mes, el último también, se incrementa el número de personas desempleadas en nuestra comunidad. Por tanto, la coyuntura es exactamente la misma que originó la necesidad de esta prestación ahora considerada inconveniente.

El propio presidente Griñán ha llegado más lejos en su cinismo. Realizó unas declaraciones después de que Zapatero anunciase la retirada de la ayuda en las que matizaba que ésta no se eliminaba, que simplemente no se prorrogaba. El resultado es idéntico. La intención de camuflar con el vocabulario una decisión tan desafortunada es una broma de muy mal gusto. Tanto utilizando un verbo como otro, los parados españoles se quedan en febrero sin ingresos, en el abandono y en la indigencia social. No es un asunto lingüístico.

Pero hay más. La Consejera de Presidencia, la segunda en la jerarquía gubernamental andaluza, se posicionaba en la misma línea. Presumió sacando pecho de la fuerza moral de los socialistas para no agachar la cabeza. Y ese es el problema: la soberbia y la distancia. No son capaces de aceptar, por nada ni por nadie, que esta decisión es grave, dolorosa, dura y que destrozará aún más la vida de muchísimas familias que conocemos.

Le pregunté al consejero dónde se encontraba la nobleza de esta medida y dónde se sustentaba la fuerza moral de la que se embadurna el PSOE andaluz. Le pregunté si abandonar a los parados igual que habían hecho con los pensionistas era motivo de orgullo. Le pregunté si efectuar tantos recortes sociales resulta satisfactorio para los defensores de la izquierda. Mis preguntas permanecen en el aire.

Los tres personajes del gobierno andaluz a los que me acabo de referir, se llenan la boca, como todos los socialistas, sermoneando diariamente sobre su talante admirable, sobre su conciencia social, sobre su valiosísima aportación al bienestar común. Son estos tres, como todos los socialistas, los primeros que desprecian los problemas sociales si les suponen alguna molestia.

Por ello no soporto el permanente barniz de sensibilidad que nos ofrece la izquierda. Sus representantes se atribuyen la exclusividad del progresismo, de la identificación con los más débiles y se consideran los abogados de toda marginalidad. No soporto sus continuas lecciones de ética falsa, sus poses “buenistas” para envolverse en el salvoconducto permanente de la solidaridad. No soporto que nos tilden siempre de clasistas avariciosos.

Son ellos los que con sus políticas conducen a España a los mayores niveles de pobreza de la etapa democrática y los que establecen las más marcadas diferencias de clases en nuestra sociedad. Son ellos los que incrementan el paro cada vez que llegan al gobierno y los que quieren vivir de las rentas de una fama basada en sentimientos humanitarios que están muy lejos de poseer.

Siempre hemos sido nosotros los de la creación de empleo, los del aumento de la prosperidad, los del reparto de la riqueza, los de la equiparación entre españoles, los de la igualdad de oportunidades. Pero también hemos sido siempre nosotros los más incapaces a la hora de transmitirlo.

Cambiemos nuestra estrategia de comunicación. Por el bien de España, por el bien de todos.

Esperanza Oña es portavoz del PP-A en el Parlamento andaluz y alcaldesa de Fuengirola (Málaga)
Más en http://www.esperanzaoña.com/

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