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"Yihad" ideológica en más de 100 mezquitas en España

En su «totalitarismo islamista», Abdelwahab Houzi no solo ha llegado a pedir por los mujahidines y criticar la participación de EE.UU. y Europa en Irak o Afganistán, sino que hasta ha creado una «policía religiosa» encargada de amonestar, e incluso agredir, a los que, en su opinión, no cumplen con la ley islámica.

Varios son los casos de mujeres que han sido hostigadas por no llevar el velo o incluso por ir maquilladas. Integrada por unos seis miembros, Houzi quiere exportar su «policía» a otros municipios.

Durante 2010 España ha sido escenario de diez congresos salafistas, una de las corrientes más extremas del islam y a la que pertenecían varios de los autores del 11-M.

Según D. Martínez y J. Pagola para ABC, este incremento, frente a un único congreso celebrado en 2008, inquieta a los especialistas en la lucha contra el terrorismo internacional porque revela que en nuestro país se está ejecutando el llamamiento que hace dos años lanzó Al Qaida de que era el momento de dar prioridad a la «yihad ideológica» y mantener la «armada» para casos puntuales.

En esta nueva ofensiva para conseguir el «califato universal» mediante la captación de «voluntades» a través de la ideología, también juegan un papel crucial las mezquitas, aunque no todas. Los expertos advierten de que el 10 por ciento de las casi mil abiertas en España lanzan los viernes, día de oración, mensajes que podrían considerarse como enaltecimientos de la «yihad». El porcentaje lo estiman «muy preocupante». Y a ello añaden la cifra de entre 70 ó 80 imanes, de origen marroquí y argelino, «fichados» por su discurso radical.

Desde Cataluña, el salafismo —confesión de Al Qaida en el Magreb Islámico (AQMI), grupo autor del secuestro de los tres cooperantes españoles— se ha ido extendiendo a otras zonas. Así, por el valle del Ebro ha llegado hasta el País Vasco y por el sur ha alcanzado el Corredor del Henares, entre Madrid y Guadalajara. El que esta expansión se haya potenciado en el último año alerta a los especialistas en terrorismo internacional. De ahí que el foco lo tengan puesto en tomar el pulso a ese «totalitarismo islamista», sin dejar de lado la amenaza terrorista, amortiguada a consecuencia de los continuos golpes que desde 2004 las Fuerzas de Seguridad han asestado a las células yihadistas.

Ahora, más que del interior, el peligro proviene del Sahel, zona que incluye Mauritania, Senegal, Argelia, norte de Guinea y Burkina Faso, norte de Níger, Nigeria y Camerún, así como Chad, Sudán y Eritrea. Estos cuatro millones de kilómetros cuadrados son el campo de operaciones de AQMI, donde actividades de tráfico de armas, estupefacientes, seres humanos y delincuencia en general, en alianza con la miseria, se desarrollan en países con gobiernos enemistados —algunos estados fallidos—, formando un caldo de cultivo de extrema peligrosidad.

El salafismo está en el ADN de AQMI. De hecho, su embrión fue el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate, cuya transformación en Al Qaida en el Magreb Islámico fue anunciada por el entonces «número dos» de Al Qaida, Ayman Al Zawahiri, en un vídeo emitido el 11-S de 2006 con motivo del quinto aniversario de la matanza de Nueva York.

En actualidad, la principal herramienta que el salafismo está utilizando para extender su doctrina en España son los congresos. En 2008 solo se registró uno en Reus, mientras que este año se han celebrado diez: tres en la localidad gerundense de Rosas (en febrero, junio y octubre); dos en la tarraconense de Torredembarra (en abril y junio), uno el pasado mayo en Trápaga (Vizcaya); en abril se celebraron en Vilanova i la Geltrú (Barcelona), Balaguer (Lérida) y Vic (Barcelona), y el pasado junio tuvo lugar otro en Guadalajara.

Además de la proliferación, los expertos destacan de los congresos su labor de adoctrinamiento. De ahí que «sabios salafistas» procedentes de Jordania, Egipto, Kuwait, Arabia Saudí y Bélgica se trasladen ex profeso a España para dirigir esas jornadas, a las que suelen asistir entre 2.000 y 3.000 fieles. Su vasta formación religiosa, unida al gran carisma del que gozan de estos predicadores, convierten sus visitas en «eficaces instrumentos de radicalización». Además, sus discursos, que contrastan con los escasos conocimientos religiosos de muchos de los imanes residentes en España, causan «impacto» en la comunidad musulmana, entre otros factores por la visión ultra-ortodoxa que defienden y que impide la integración de sus seguidores en las sociedades occidentales.

Pero no es el único elemento de riesgo. Los congresos son también fuentes de financiación. En ellos, según los medios consultados, se recaudan, aunque en los últimos meses algo menos por motivo de la crisis, importantes cantidades que luego se destinan para la creación de nuevas mezquitas salafistas u otros centros para la difusión del mensaje radical. De los últimos congresos, el que más preocupa es el celebrado el pasado junio en Guadalajara. Sorprendió la elección de esta provincia por su lejanía de Cataluña, lo que, en opinión de los especialistas, es un elemento que da idea del grado de implantación del salafismo dentro de nuestras fronteras.

Los especialistas en terror islamista tienen ahora el objetivo de evitar que el imán de Guadalajara, imitando el caso catalán, consiga propagar su mensaje extremista por el Corredor del Henares, donde hay una nutrida comunidad musulmana. No se trata de perseguir la religión o las costumbres, pero sí el mensaje que roza con el enaltecimiento del terrorismo.

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