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Óscar Rivas | Identitarios, nacional-liberales, comunitaristas… ¿de derechas?

Con ocasión de un reciente artículo en el que aludía a la derecha nacional, un lector me apostillaba como anacrónico el empleo de dicho término. Y estaba en lo cierto. Hablar de derechas, como hacerlo de izquierdas, resulta en efecto anacrónico. Solo que el anacronismo viene de origen, dado que responde a la ubicación en la que una vez asentaron sus reales unos cuantos parlamentarios franceses. Comparto el criterio de Ortega y Gasset, para quien ser de izquierdas o de derechas se reducía a una cuestión de hemiplejía moral. Y, sin embargo, a pesar del tiempo transcurrido, hoy seguimos mirando en una u otra dirección. Hoy como entonces, nos ponemos voluntariamente el parche en un ojo, y liberamos el otro, para de este modo ajustar la realidad al prisma de nuestro interés.

A fin de acoger el mundo en su totalidad, hablamos de transversalidad. Pero este concepto tampoco es novedoso. Ya en el periodo de entreguerras los fascismos despreciaban por parcial, la dicotomía izquierda-derecha. Anhelaban el todo. También los personalistas, que hicieron del hombre objeto de su reflexión, repugnaron de las viejas querellas, a pesar de lo cual no pudieron evitar que, a día de hoy, se hable de personalismo de derechas o de izquierdas. El propio José Antonio Primo de Rivera, que no fue fascista ni personalista, pese a que este último movimiento guarda importantes similitudes con su Falange, también creyó superar dicha antítesis. Y sin embargo, la legión de Falanges que todavía circundan nuestra periferia política, se esfuerzan en explicar que si de algo no son es de derechas. Lo sabemos, pero su labor es baldía. Siempre habrá quien les sitúe, no ya en la derecha, sino en la extrema derecha.

No nos detendremos en el debate abierto que el sociólogo Amitai Etzioni provocó en los años ochenta. Sus propuestas comunitaristas, tan espléndidamente expuestas en su biografía, El guardián de mi hermano, sugerían una enmienda a la totalidad al predominio de las tesis liberales. Etozioni derrochó notables dosis de energía en demostrar que sus reflexiones no podían etiquetarse ni de izquierdas ni de derechas. De nada le sirvió. Los principales comunitaristas del momento no logran desquitarse del manido sambenito, a uno u otro lado de la corriente.

La penúltima dicotomía: identitarios vs globalizadores. Éste es, a nuestro juicio el gran campo de batalla actual. Ambos contendientes representan concepciones antitéticas de interpretar el mundo. Por un lado, quienes creen en la diversidad, por otro, quienes pretenden que olvidemos quiénes somos para aceptar sin rechistar nuestra “inevitable” clonización. Lo que sucede es que la cosa no es tan simple: cuando hablamos de identitarios, debemos referirnos, no sólo a aquellos cuyo esquema de valores compartimos. Hugo Chávez, Evo Morales o Correa; he aquí tres liberticidas abominables. Y sin embargo, su cacareado bolivarianismo entra en el saco identitario. Es por eso que hay quien ya distingue entre derecha e izquierda identitaria. De manera propia o impropia, pero inevitable.

También los nacional-liberales se consideran identitarios, y aun así no faltan quienes desde este campo, les niegan el pan y la sal. Resulta difícil encuadrar en cuatro líneas todo lo que es englobable en el nacional-liberalismo; lo cierto es que a sus representantes les va muy bien en Europa. El holandés Geert Wilders es su más vivo ejemplo; el espejo en el que resulta inevitable mirarse. Otro botón de muestra: el suizo Christoph Blocher. Sus frentes de batalla son los nuestros: defensa de la libertad e identidad nacionales y de Europa frente a la agresión islámica, aborrecimiento de una casta política que solo se representa a sí misma, y control de una inmigración masiva que no es sino la cabeza de turco sobre la que las elites privilegiadas y apátridas depositan sus espurios intereses. Esto, a buen seguro, lo comparten muchos ciudadanos europeos, tanto de izquierdas como de derechas. Ahora bien pregunten por ahí, mayoritariamente el veredicto enjuiciará a los nacional-liberales como derechistas.

Si miramos al país vecino, Sarkozy en la campaña electoral que le alzó a la presidencia de la República, descartó la vieja distinción izquierda-derecha para asumir un discurso nacional. ¿Alguien diría hoy que Sarkozy no es de derechas? También a este absurdo se refirió su compatriota, Jean Marie Le Pen. Con no poca sorna, el viejo líder del Frente Nacional, declaraba ser de centro, pues ahí, según sus palabras, es donde le había situado el permanente deslizamiento a la izquierda de la derecha francesa.

Por nuestra parte, pensamos sin duda que derecha e izquierda son términos obsoletos, incapaces de explicar con precisión la extraordinaria complejidad que mueve hoy el mundo de las ideas. En Europa este atávico muro conceptual parece derrumbarse poco a poco. A ver quién es el guapo que lo consigue en España. Paciencia.

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