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Óscar Rivas | No se hizo el jamón para las moscas

Sabíamos de sobra que el jamón de porcino no era santo de la devoción de nuestros queridos amigos, los musulmanes; que si asistimos a su mesa, en ella nunca gozaremos de la presencia de tal manjar; y que desde luego, si es cierto eso de que lo que se come se cría, nunca veremos cerdos en sus granjas. Nada de esto nos era ajeno. Lo que no sabíamos era que la simple mención del muslamen de nuestros preciados gorrinos molestara de tal manera a nuestros apreciados muslims.

En realidad, más que molestar parece ser que les ofende; hablar del jamón ofende a su religión; tanto como para que uno de sus fieles denuncie a su profesor por haberse servido del aquel como recurso didáctico. A quién se le ocurre. Ya que se pone, el profe debería haber pensado en el cerdo ibérico, cuyo sabor va en esencia. ¿Dónde ha quedado la ambición? Si ha de ir a la cárcel que sea por la bellota, pero por un jamón serrano… ¡Por Mahoma, qué vulgaridad!

Lo cierto es que estos musulmanes están resultando ser muy sensibles, diría que hasta sensibleros; de los españoles les ofenden sus jamones, sus crucifijos, sus costumbres y en definitiva, su cultura. Todo les toca la piel. Bueno, todo, o casi todo; las subvenciones que perciben de nuestros impuestos, esas no les resultan tan ofensivas. Las cobran en concepto de integración, pero ya vemos cómo se integran: integran su burka, su cordero halal, su sharia y, por supuesto, su congénita intolerancia; intolerancia que no se haría efectiva si no fuera por la indulgente tolerancia de nuestra tolerante casta política.

Al profesor de La Línea, un joven aprendiz de Mahoma lo ha denunciado por presunto maltrato de obra con motivaciones xenófobas. La verdad es que el palabro acojona, sin embargo, ellos saben bien de lo que hablan. Los conocimientos del Islam en el arte del maltrato son enciclopédicos; que pregunten si no a los cristianos del Sudán o de cualquier otro país donde gobiernen; o a las adúlteras que lapidan por el solo hecho de tocarle –literalmente- las pelotas a otro que no sea su marido. En cuanto a la xenofobia, vayan a Arabia Saudí –tan glamurosa- y expresen con libertad su profesión cristiana; ya verán dónde terminan el glamour y su libertad.

Verdaderamente, lamento que José Reyes, que así llama el buen profesor, se limitara a sugerir un cambio de centro para tan exigente alumno. Sin duda, pecó de descortés. Tales créditos lo hacían, merecedor de un destino más acorde con su estirpe. Les aseguro que no faltan quienes, de buen grado, le hubieran mandado a tomar por culo de haber estado en situación; de hecho conozco a más de uno. Pero qué pensaría nuestro invitado de tales anfitriones. Nada de eso. El protocolo en dicha tesitura aconseja ser generosos, tanto como para enviarle a la Luna. ¿Se les ocurre un destino más apropiado para un lunático que éste? Al fin y al cabo, según dicen, no se hizo el jamón para las moscas ¿o era la miel?

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