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Joaquín Leguina | AVE para todos

En diciembre pasado, Jean Claude Juncker, Primer ministro luxemburgués, y Giulio Tremonti, Ministro italiano de Hacienda, proponían a la UE que se emitieran euro-bonos, es decir, deuda pública europea para con ese dinero financiar la deuda de los países en apuros y sometidos a un auténtico acoso por parte de los mercados financieros (Grecia, Irlanda, Portugal, España…), acoso cuyas consecuencias inmediatas han sido los diferenciales en los tipos de interés (de dos a cuatro puntos) por encima de los de la deuda alemana.

Las autoridades alemanas se mostraron contrarias a la propuesta de Juncker y Tremonti porque –según dijeron- la UE “no puede convertirse en un club de transferencias”.

Lo cual, leído en roman paladino, quiere decir que los alemanes están hartos de subvencionar lo que ellos consideran despilfarros e ineficiencias de otros países. Se preguntan, por ejemplo: si la edad de jubilación legal en Alemania está establecida en los 67 años, ¿por qué España, con una esperanza de vida mayor que la alemana, la tiene en los 65 años?
Pues bien, en ese mismo mes de diciembre las autoridades españolas inauguraron el AVE que une Madrid con la Comunidad valenciana y sacaron pecho, presumiendo de que “España es el país europeo con más kilómetros de AVE”… mientras que en Alemania una ciudad del tamaño de Cuenca o de Albacete no puede ni soñar con tener acceso a la Alta Velocidad. Este disparate –que las autoridades alemanas conocen perfectamente- es el paradigma de la incongruencia española. En efecto, en el eslogan “AVE para todos” se concentran las cada vez más insoportables “reivindicaciones territoriales” y la irresponsabilidad de unos dirigentes políticos que desconocen las dificultades y los riesgos en que incurre un Estado cuando sus dirigentes se dedican a su desmontaje (la ronda de nuevos Estatutos) y a hacer regalos millonarios a sus clientelas territoriales.

Unos dirigentes que se han pasado seis años (2004-2010) en una fiesta, sin pensar en que, al final, todos vamos a tener que pagar las copas.

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