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La sorprendente y valiosa primicia de Minuto Digital en relación con el nacimiento de un partido de izquierdas… nacional y preocupado por el fenómeno de la inmigración extracomunitaria es una buena noticia.

Lo es para todos, repito, todos los ciudadanos españoles que, sabiéndolo o no, sufren en sus carnes los despropósitos de una política desleal, maniquea y traidora en esa materia, sobre todo la emanada desde los centros de poder supranacionales, los entes interesados en dinamitar la sociedad y la cultura occidental, Europa sobre todo y España en particular, y los cómplices que bajo toda clase de siglas partidistas dan pábulo a que se instale una población de sustitución entre nosotros.

Sin embargo, no nos hemos de dejar engañar. La izquierda, sea socialdemócrata o socialista real, es por sí misma internacionalista y considera a todos una gran familia en la que lo único que se distingue es la lucha de clases, ahora enmascarada. Aquello de ‘proletarios del mundo uníos’... contra el patrón, claro.

¿Qué puede estar sucediendo? Es muy sencillo. Los sesudos analistas del PSOE han detectado que se les escaparán cientos de miles de votos por cuestiones puramente inmigratorias, puesto que no en vano, además del desempleo [el gran, gran, problema, también relacionado con la inmigración], es la inasumible cantidad de gente llegada de más de cincuenta países del planeta, en menos de ocho años, de manera irregular en más de la mitad de los casos, y con un alto nivel de potencial generador de conflictos de convivencia, erosión del estado del bienestar y tensión convivencial con los españoles, lo que está minando la tranquilidad ambiental y la paz social -¿lo llamamos bomba de relojería?

Por ese motivo, en algún laboratorio de ideas han programado lanzar una marca electoral que eventual y aparentemente trate ese desastre sin que un votante de izquierdas tenga que mojarse abandonando sus querencias ideológicas de toda la vida. De ahí lo de Izquierda Nacional. Es de cajón; de manual… es una trampa.

Porque, no nos engañemos. No todo el mundo puede apropiarse de conceptos, ideas y propuestas que nunca han estado en su portafolio de actuación, en su agitprop, en su ADN. Y más aún si se contradicen con casi un siglo de persuasión antipatriota, nihilista, materialista, anticlerical y supuestamente ‘fraternal’ (entre ellos, obviamente) como lo que han mantenido con disciplina férrea los partidos inspirados en Marx, Lenin o Mao, entre otros.

Es por esta circunstancia que, para que la desbordada inmigración sea fuertemente combatida –sí, combatida-, la única solución pasa por confiar en un partido que desde su etapa embrionaria ya estaba por la labor, sin oportunismos ni cambios de chaqueta; digamos que por una formación que, precisamente, hace de esta cuestión (y el desempleo) su epicentro de intervención política, ya que si se deja en manos del PP, de CiU o de los mismos socialistas que piden el voto al emigrante mediante una vergonzosa línea de propaganda ad hoc, iremos servidos.

Así, el único caso, la única propuesta coherente en este sentido, actualmente, es Vía Democrática, que no desea presumir de querer abarcar todos los problemas de la Humanidad. Se conforma con arreglar lo que más angustia causa a nuestros conciudadanos, a la gente de bien que contempla cómo la han expuesto a la miseria, a la inseguridad personal y a la pérdida de los valores y referencias que formaban parte de su vida.

A fin de cuentas, ¿quién puede confiar en alguien, como IN, que todavía habla de lucha obrera, banderas patriotas (despectivamente) y de mercaderes y banqueros, dicho así, como los ‘malos’?

El asunto es mucho más serio. Tan serio que no se puede dejar en manos de gente que hace dos días levantaba el puño en alto y cantaba la internacional.

Pere Serrat | La inmigración, legal, alegal o ilegal ¿Asunto a afrontar por la izquierda?

La sorprendente y valiosa primicia de Minuto Digital en relación con el nacimiento de un partido de izquierdas… nacional y preocupado por el fenómeno de la inmigración extracomunitaria es una buena noticia.

Lo es para todos, repito, todos los ciudadanos españoles que, sabiéndolo o no, sufren en sus carnes los despropósitos de una política desleal, maniquea y traidora en esa materia, sobre todo la emanada desde los centros de poder supranacionales, los entes interesados en dinamitar la sociedad y la cultura occidental, Europa sobre todo y España en particular, y los cómplices que bajo toda clase de siglas partidistas dan pábulo a que se instale una población de sustitución entre nosotros.

Sin embargo, no nos hemos de dejar engañar. La izquierda, sea socialdemócrata o socialista real, es por sí misma internacionalista y considera a todos una gran familia en la que lo único que se distingue es la lucha de clases, ahora enmascarada. Aquello de ‘proletarios del mundo uníos’... contra el patrón, claro.

¿Qué puede estar sucediendo? Es muy sencillo. Los sesudos analistas del PSOE han detectado que se les escaparán cientos de miles de votos por cuestiones puramente inmigratorias, puesto que no en vano, además del desempleo [el gran, gran, problema, también relacionado con la inmigración], es la inasumible cantidad de gente llegada de más de cincuenta países del planeta, en menos de ocho años, de manera irregular en más de la mitad de los casos, y con un alto nivel de potencial generador de conflictos de convivencia, erosión del estado del bienestar y tensión convivencial con los españoles, lo que está minando la tranquilidad ambiental y la paz social -¿lo llamamos bomba de relojería?

Por ese motivo, en algún laboratorio de ideas han programado lanzar una marca electoral que eventual y aparentemente trate ese desastre sin que un votante de izquierdas tenga que mojarse abandonando sus querencias ideológicas de toda la vida. De ahí lo de Izquierda Nacional. Es de cajón; de manual… es una trampa.

Porque, no nos engañemos. No todo el mundo puede apropiarse de conceptos, ideas y propuestas que nunca han estado en su portafolio de actuación, en su agitprop, en su ADN. Y más aún si se contradicen con casi un siglo de persuasión antipatriota, nihilista, materialista, anticlerical y supuestamente ‘fraternal’ (entre ellos, obviamente) como lo que han mantenido con disciplina férrea los partidos inspirados en Marx, Lenin o Mao, entre otros.

Es por esta circunstancia que, para que la desbordada inmigración sea fuertemente combatida –sí, combatida-, la única solución pasa por confiar en un partido que desde su etapa embrionaria ya estaba por la labor, sin oportunismos ni cambios de chaqueta; digamos que por una formación que, precisamente, hace de esta cuestión (y el desempleo) su epicentro de intervención política, ya que si se deja en manos del PP, de CiU o de los mismos socialistas que piden el voto al emigrante mediante una vergonzosa línea de propaganda ad hoc, iremos servidos.

Así, el único caso, la única propuesta coherente en este sentido, actualmente, es Vía Democrática, que no desea presumir de querer abarcar todos los problemas de la Humanidad. Se conforma con arreglar lo que más angustia causa a nuestros conciudadanos, a la gente de bien que contempla cómo la han expuesto a la miseria, a la inseguridad personal y a la pérdida de los valores y referencias que formaban parte de su vida.

A fin de cuentas, ¿quién puede confiar en alguien, como IN, que todavía habla de lucha obrera, banderas patriotas (despectivamente) y de mercaderes y banqueros, dicho así, como los ‘malos’?

El asunto es mucho más serio. Tan serio que no se puede dejar en manos de gente que hace dos días levantaba el puño en alto y cantaba la internacional.

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