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Cuando yo era niño mi abuela Berta, madre de mi madre, solía leerme poemas supongo que con el loable fin de educar mi gusto literario y refinar mi espíritu. Sus favoritos eran Gustavo Adolfo Bécquer, Rubén Darío y José Espronceda. Recuerdo la galería cubierta del enorme piso en la calle Consejo de Ciento de Barcelona, la mesa camilla, el brasero cobijado bajo los faldones del tapete de terciopelo y su voz entonada desgranando para su nieto de diez años Del Salón en el Ángulo Oscuro, la Marcha Triunfal o la Canción del Pirata. Para tranquilidad de los lectores de mi blog he de decirles que el ámbito de mi afición por la lírica experimentó con el tiempo un ensanchamiento notable, pero aquella iniciación infantil de rotundo romanticismo y de modernismo desatado ha quedado para siempre en mi memoria. Por eso al leer la noticia de la presentación del nuevo partido con el que Batasuna pretende colarse en las próximas elecciones locales en el País Vasco, han acudido de inmediato a mi mente atravesando medio siglo los terribles versos del incontenible bardo nicaragüense: “Y entre mis entrañas revivió la fiera/ y me sentí lobo malo de repente;/ mas siempre mejor que esa mala gente/ y recomencé a luchar aquí,/ a me defender y a me alimentar./ Como el oso hace, como el jabalí,/ que para vivir tienen que matar.”

ETA quiere a su brazo político en las instituciones porque necesita el dinero público de las subvenciones a los grupos municipales, los liberados como cargos de libre designación, los despachos, la logística, la influencia social y el prestigio y la legitimidad que ante sus bases le proporciona su presencia en los Ayuntamientos y organismos anejos. ETA ha disfrutado durante muchos años del notable privilegio de matar, extorsionar, torturar y destruir, cobrando al mismo tiempo del Estado. Como es natural, no está dispuesta a renunciar a tan raro placer y por consiguiente ha cursado instrucciones a sus empleados civiles de adaptarse a la legislación vigente. Resulta patético escuchar a partidos democráticos felicitarse del avance que representan las novedades anunciadas el lunes pasado por Rufi Etxebarría e Íñigo Iruin, que se limitaron, siguiendo órdenes de los jefes de la banda, a escenificar un movimiento táctico destinado a engañar, una vez más, a sus potenciales víctimas. En el acto organizado en Bilbao ni se anunció la disolución de ETA ni se condenó la violencia - únicamente se la rechazó- ni se pidió perdón por los más de ochocientos asesinatos ni hubo asomo de compromiso para la entrega de los arsenales. Lo que si se dijo y bastante claro es que la negociación seguiría en ausencia de violencia, lo que significa que los matones mantendrían la pistola enfundada mientras se trataba de las contrapartidas políticas al cese de los crímenes. El corolario es que si la oferta no se considera satisfactoria, vuelve a correr la sangre. Regresemos a Rubén Darío: “Otra vez sintióse el temor, la alarma/ entre los vecinos y entre los pastores;/ colmaba el espanto los alrededores,/ de nada servían el valor y el arma, / pues la bestia fiera/ no dio tregua a su furor jamás,/ como si tuviera/ fuegos de Moloch y de Satanás./

El problema de jugar a San Francisco de Asís cuando no se es ni santo ni franciscano sino presidente laicista del gobierno de una Nación amenazada por un lobo contumaz e incorregible es que el lobo juega con ella y no queda ni el recurso a la oración.

Aleix Vidal-Quadras | Hermano Lobo

Cuando yo era niño mi abuela Berta, madre de mi madre, solía leerme poemas supongo que con el loable fin de educar mi gusto literario y refinar mi espíritu. Sus favoritos eran Gustavo Adolfo Bécquer, Rubén Darío y José Espronceda. Recuerdo la galería cubierta del enorme piso en la calle Consejo de Ciento de Barcelona, la mesa camilla, el brasero cobijado bajo los faldones del tapete de terciopelo y su voz entonada desgranando para su nieto de diez años Del Salón en el Ángulo Oscuro, la Marcha Triunfal o la Canción del Pirata. Para tranquilidad de los lectores de mi blog he de decirles que el ámbito de mi afición por la lírica experimentó con el tiempo un ensanchamiento notable, pero aquella iniciación infantil de rotundo romanticismo y de modernismo desatado ha quedado para siempre en mi memoria. Por eso al leer la noticia de la presentación del nuevo partido con el que Batasuna pretende colarse en las próximas elecciones locales en el País Vasco, han acudido de inmediato a mi mente atravesando medio siglo los terribles versos del incontenible bardo nicaragüense: “Y entre mis entrañas revivió la fiera/ y me sentí lobo malo de repente;/ mas siempre mejor que esa mala gente/ y recomencé a luchar aquí,/ a me defender y a me alimentar./ Como el oso hace, como el jabalí,/ que para vivir tienen que matar.”

ETA quiere a su brazo político en las instituciones porque necesita el dinero público de las subvenciones a los grupos municipales, los liberados como cargos de libre designación, los despachos, la logística, la influencia social y el prestigio y la legitimidad que ante sus bases le proporciona su presencia en los Ayuntamientos y organismos anejos. ETA ha disfrutado durante muchos años del notable privilegio de matar, extorsionar, torturar y destruir, cobrando al mismo tiempo del Estado. Como es natural, no está dispuesta a renunciar a tan raro placer y por consiguiente ha cursado instrucciones a sus empleados civiles de adaptarse a la legislación vigente. Resulta patético escuchar a partidos democráticos felicitarse del avance que representan las novedades anunciadas el lunes pasado por Rufi Etxebarría e Íñigo Iruin, que se limitaron, siguiendo órdenes de los jefes de la banda, a escenificar un movimiento táctico destinado a engañar, una vez más, a sus potenciales víctimas. En el acto organizado en Bilbao ni se anunció la disolución de ETA ni se condenó la violencia - únicamente se la rechazó- ni se pidió perdón por los más de ochocientos asesinatos ni hubo asomo de compromiso para la entrega de los arsenales. Lo que si se dijo y bastante claro es que la negociación seguiría en ausencia de violencia, lo que significa que los matones mantendrían la pistola enfundada mientras se trataba de las contrapartidas políticas al cese de los crímenes. El corolario es que si la oferta no se considera satisfactoria, vuelve a correr la sangre. Regresemos a Rubén Darío: “Otra vez sintióse el temor, la alarma/ entre los vecinos y entre los pastores;/ colmaba el espanto los alrededores,/ de nada servían el valor y el arma, / pues la bestia fiera/ no dio tregua a su furor jamás,/ como si tuviera/ fuegos de Moloch y de Satanás./

El problema de jugar a San Francisco de Asís cuando no se es ni santo ni franciscano sino presidente laicista del gobierno de una Nación amenazada por un lobo contumaz e incorregible es que el lobo juega con ella y no queda ni el recurso a la oración.

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