Header Ads

Alejo Vidal-Quadras | La marca España

En economía, los elementos intangibles son tan determinantes como los puramente materiales y cualidades tales como el prestigio, la credibilidad o la confianza actúan sobre el comportamiento de los mercados con análoga o superior eficacia a la que puedan tener las cifras de crecimiento, de paro o de déficit. No cabe duda que un automóvil alemán, un vino francés o un bolso italiano se benefician de la imagen altamente positiva que la tecnología, la gastronomía o el diseño de sus respectivos países han consolidado en el mundo. De esta manera, existen marcas-nación creadas por un conjunto de factores de carácter histórico, cultural y social que establecen un orden de mérito a los ojos de la opinión pública internacional. Si una empresa o un profesional vienen avalados por una bandera que goza de una reputación favorable, este valor añadido opera en favor de su competitividad con carácter previo a la verificación de la calidad de sus productos o de sus servicios. En el parqué de los Estados las cotizaciones suben y bajan a tenor de las decisiones de sus gobiernos, de los resultados de su sistema educativo, de los hábitos de sus ciudadanos, de la honradez de sus administraciones, de la fiabilidad y la independencia de sus tribunales, de la pulcritud de sus espacios urbanos, de la seguridad de sus calles, de la preservación de su entorno natural y otros muchos datos que los medios de comunicación, los inversores y los turistas registran y procesan, cristalizando en una calificación que sitúa a cada uno en el ranking de mérito planetario. Uno de los efectos más perniciosos de la etapa socialista iniciada en 2004 ha sido el imparable deterioro de la marca España que en unos pocos años ha caído muchos enteros hasta el punto que un grupo de una veintena de grandes empresas del Ibex ha creado una entidad denominada Consejo Empresarial para la Competitividad cuyo fin es la mejora de la proyección internacional de nuestra desfalleciente patria. Se trata de una iniciativa loable porque a la vista de la pobre actuación de nuestro gobierno en los distintos foros internacionales, de la pérdida de solidez de nuestra deuda externa, de la decepcionante productividad de nuestros trabajadores, de la progresiva descomposición del Estado autonómico, de nuestra invasiva y venal partitocracia y de nuestra disparatada política de alianzas con payasos populistas, dictadores comunistas decrépitos y estrafalarios indigenistas, es evidente que urge una seria labor de recuperación de nuestra fama perdida. Hay que desear suerte en su empeño a tan distinguida asociación de compañías transnacionales que han paseado orgullosamente por otros continentes su identidad española alcanzando notables éxitos y manteniendo nuestro pabellón a una altura más que digna. De hecho, el nivel de degeneración de nuestro sistema institucional y político y de nuestra moral colectiva ha descendido hasta una profundidad tal que sólo una reacción vibrante y decidida de la sociedad civil será capaz de limpiar aguas tan putrefactas. Ojalá este Consejo Empresarial para la Competitividad sea un signo de que nos quedan todavía suficientes reservas de ambición, de coraje y de virtudes cívicas para salir del hoyo en el que nos ha metido la casta política más mediocre, incapaz y rastrera de nuestra historia moderna.

No hay comentarios:

Con la tecnología de Blogger.