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Alejo Vidal-Quadras | Soberanía en clase turista

Artur Mas se ha desplazado a la capital de la potencia invasora para entrevistarse con el Conde de Barcelona, también conocido fuera de Cataluña como Rey de España, en clase turista. Este gesto de austeridad extrema no obedece, como algún bienintencionado podría pensar, al virtuoso y humilde carácter del nuevo Presidente de la Generalidad, sino al hecho altamente molesto de que las cuentas públicas del Principado se encuentran en quiebra. Sí, por duro que suene, no con el agua al cuello, sino con la cabeza sumergida debajo del agua. Y es que la fiesta identitaria, aparte de vulnerar derechos y libertades fundamentales de la gente y de poner en peligro su salud mental, resulta ruinosa. Por supuesto, el tripartito le ha puesto la puntilla al tesoro catalán con sus despilfarros diversos, pero el asunto viene de mucho más lejos. Son ya tres décadas de creación de organismos públicos inútiles para generar clientelismo y colocar a amigos, correligionarios y parientes, de abrir embajaditas aquí y allí para remedar un estado, de quemar millones y millones en una política lingüística y cultural totalitaria y excluyente, de lucir boato y lujo de nuevo rico provinciano, de superponer niveles de administración con tal de diferenciarse del resto de España y de llenarse el bolsillo con ahora el tres, después el cinco y en ocasiones especialmente propicias el diez por ciento de lo que se pusiera a tiro. Treinta años de esquilmar al contribuyente sin el desgaste de recaudar porque esa desagradable tarea la hace el gobierno central, mientras que el muy honorable y su corte de honorables y de ilustres se dedican a gastar a manos llenas en busca del voto y del bote, gracias. Cataluña es una región rica, con un potente tejido empresarial y un notable dinamismo social, pero el particularismo soberanista con su intervencionismo insaciable, su gusto por el trazado de fronteras artificiales, su desprecio por el principio de unidad de mercado y su manía de fabricar naciones imaginarias, sale carísimo y es capaz de empobrecer incluso a la que fuera -qué tiempos aquellos- motor de España. Ya lo ha dicho el vástago biológico y político del President por antonomasia, estem fotuts y pronto no podremos pagar las nóminas. Ahora bien, la plenitud histórica de Cataluña sólo se alcanzará el día en que la soñada independencia consolide definitivamente la miseria y el jefecillo del estadito catalán viaje a la capital de su antigua metrópoli en el animal símbolo de su personalidad diferenciada y de la inteligencia de sus elites políticas. Visca Catalunya y a Madrid, en burro.

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