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Joaquín Leguina | La polvareda

“Entre la gran polvareda perdimos a don Beltrán”. ¿Y quién es ese señor? Pues esta vez no es el don Beltrán que murió de siete lanzadas en Roncesvalles, sino las cajas de ahorro, que hace un año representaban el 50% del sistema financiero español.

Unas cajas que jugaron en el pasado un papel relevante y positivo en torno al ahorro (procedente de) y al crédito (concedido a) las clases populares. El desarrollo del país y el crecimiento cuantitativo y cualitativo de las capas medias pronto dotaron a las cajas de un protagonismo financiero envidiable… y envidiado por los bancos, que nunca entendieron que unas empresas “sin dueño” funcionaran bien.

La cosa comenzó a complicarse con la “liberalización” (Decreto de 27 de agosto de 1977) que permitió a las cajas otorgar créditos a sectores de alto riesgo que antes les estaban vedados. Además, entró en el juego (como elefante en cacharrería) la politización (Ley de Órganos rectores de 2 de agosto de 1985) y la consiguiente desprofesionalización, a través de dos vías: 1. La dirección de buena parte de las cajas quedó en manos de personajes cuyo exclusivo mérito era (y es) la confianza de sus jefes de partido (así pasó con Cajamadrid a partir de 1995 con la llegada de Blesa) y 2. La concesión de créditos a impulsos del poder político para financiar desde aeropuertos inviables a medios de comunicación ruinosos, pasando por “promociones” urbanísticas arriesgadas. Una forma de administrar que está en las antípodas de la recomendada por el viejo código de comercio: “comportarse como un buen padre de familia”.

Llegó la crisis y con ella sonó la trompeta (Decreto-ley 11/2010) y el séptimo de caballería (la banca privada) se dispuso a tomar la fortaleza (las cajas y sus clientes). El ariete para derribar las puertas no es otro que el Gobierno, que las ha liquidado por fin de temporada. Una bancarización que pondrá a las cajas en manos ¿de quién?

Si bien se mira, la cosa tiene su lógica (capitalista), pero es difícil entender que sea un gobierno tan progre como éste quien haya hecho esta demolición.

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