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Óscar Rivas | ¿Igualdad de trato? ¡Qué risa!

Si es usted inmigrante y aspira a ser arrendatario de una vivienda en nuestro país, ha de saber que está de enhorabuena. Ahora, si es español, sépalo también: está usted bien jodido. La cosa es simple: ¿que a los dos les mola la misma casa? Téngalo claro, la palma y la casa se las llevará el foráneo. ¿Que el propietario le prefiere a usted, no ya por español o por extranjero, sino porque le parece más educado o simplemente porque, como titular de la vivienda, le sale de ahí? También él tendrá que envainársela. O lo hace o ya puede ir pagándose a un abogado para que demuestre que no es un repugnante racista y xenófobo. Porque sin quererlo se habrá convertido en eso: en presunto culpable. Es el efecto de invertir la carga de la prueba. Prueba diabólica la llaman los juristas. La presunción de inocencia es historia.

Lo curioso es que a este engendro intelectual, el penúltimo del bandidaje socialista, la Pajín –otra anémica cultural- y sus esbirros lo han bautizado como Ley Integral para la Igualdad de trato y la no Discriminación. Manda huevos la paradoja: una ley que, so pretexto de legislar por la igualdad, promueve la desigualdad; y que con la excusa de evitar la discriminación, la fomenta. En síntesis: nuevos privilegios para el extranjero, en razón de su origen; nuevas cargas para el español, en atención a su españolidad. Algún día alguien tendrá que explicar por qué razón mientras que la preferencia nacional es desahuciada por racista, la preferencia extranjera es aclamada por igualitaria.

Resulta evidente que nuestra progresía sabe mucho de totalitarismo estalinista. No por casualidad, mamó de sus ubres ideológicas. De ahí que no sea extraño que la futura ley, lejos de limitarse a fomentar resentimientos y odios en una sociedad que ya está suficientemente quebrada, exija a los medios de comunicación la sumisión a sus postulados. Ya no hablamos sólo de adoctrinamiento, sino de censura. En un periodo en que los españoles les rechazan masivamente, los socialistas siguen aferrados a una ilusión; la esperanza de que la ingeniería social y la imposición de una indisimulada mordaza a la libertad de expresión, consiga lo que de otro modo las urnas le negarían: el poder.

Francamente, no creo que el PSOE se salve de la quema. Sería de coña con la que ha caído, está cayendo, y queda por caer. Pero tampoco dudo que este delirio liberticida, aun cuando hoy es solo un anteproyecto, terminará por aprobarse. Conociendo el percal parlamentario, a la mafia socialista no le costará demasiado comprar un puñado de escaños en los términos que le plazca a la usura nacionalista. Ahora bien, ¿qué sucederá si como es previsible y deseable gana el PP? ¿Se atreverá a derogar esta y cuantas iniquidades el PSOE ha aprobado en estos siete años de terror?

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