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Aleix Vidal-Quadras | Farsa aldeana

Como es bien sabido soy catalán de pura cepa, como mi padre, como mi abuelo, como mi bisabuelo y así sucesivamente un siglo tras otro. Exhibo todas las características psicológicas que se atribuyen a los oriundos del Principado, laborioso, ordenado en mis gastos, sentimental, apegado a la familia, perseverante, sensato, irónico y aborrezco la ostentación y los excesos. Cuando José Ferrater Mora escribió su célebre libro estaba sin saberlo haciendo una descripción fiel de mi persona. Soy, naturalmente, bilingüe castellano-catalán, he tenido novias en ambas lenguas y mi infancia, adolescencia, juventud y primera madurez tuvieron como marco el Mediterráneo, el Tibidabo, el Llobregat y el Besós. Ahora vivo en Madrid, adonde me trasladé hace una década como muchos miles de mis paisanos en busca de libertad y de una cierta posibilidad de dicha de la que espero ser merecedor. En mis actuales visitas a Barcelona y a otros puntos de Cataluña no hay rincón, calle, paisaje, aroma o monumento que no pulse en mí registros de memoria y de vida. He viajado por una cincuentena de países y en esas visitas he tenido experiencias de todo orden, incluso de las que dejan huella, pero mi catalanidad se ha mantenido incólume, auténtica, espontánea, sin necesidad de impostaciones forzadas. En un momento dado de mi trayectoria fui llamado a combatir por una Cataluña, plural, verdadera, abierta, integrada en España y en Europa. Creí en esa llamada y respondí afirmativamente y sin reservas dedicando a esta tarea difícil y exaltante ocho años con una entrega total y entusiasta. Cataluña está en mis venas, en mi corazón, en mis deseos y en mis decepciones y, lo que es muy relevante, en mi sentido del humor. Quién sino un catalán pata negra puede entender al increíble filósofo de la Torre de las Horas cuando harto de las demostraciones de condolencia por la reciente muerte de su esposa de un vecino inoportuno le espetó: “No es preocupi, jove, pitjor hagués estat vostè o jo”. Como buen catalán, me conmuevo con el Cant de la Senyera, Els Segadors me suena a falso y me saltan las lágrimas con La Santa Espina, adoro la escudella y la carn d´olla y mi instinto en la noche de San Juan, que afortunadamente he aprendido a controlar, es encender enormes hogueras. Dicho todo lo cual, y con la autoridad moral y antropológica que me prestan mi biografía y mis genes, debo manifestar que la farsa aldeana, la grotesca mascarada, la ignominiosa patochada organizada en Barcelona el pasado diez de abril con urnas de atrezzo, figurantes patéticos y políticos cobardicas, me llena, en mi condición de catalán brut gran reserva, de vergüenza y de pena. Es triste para alguien que, como es mi caso, ha tenido la suerte de ver la luz y configurarse espiritual y humanamente en la tierra de Jaime el Conquistador, de Capmany, de Prim, de Gaudí, de Dalí, de Casas, de Valls-Taberner, de Riquer (padre) y de Gil de Biedma, contemplar a su solar nativo entregado al más penoso de los ridículos y a todo un presidente de la Generalitat convertido en un sigiloso payaso.

Más de Vidal-Quadras en su blog: http://alejoresponde.com/



©Aleix Vidal-Quadras

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