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Juan V. Oltra | La loca política

Hasta tiempos de Jorge III, el Rey de Inglaterra se sentaba en el parlamento e intervenía en sus discusiones, obviamente, desde un lugar preeminente. Pero éste rey era de origen alemán y como no se enteraba ni papa de las discusiones de sus ministros, dejó de acudir. Se quedó vacío su puesto y, como era de mal efecto dejar esa silla vacía, ese puesto fue ocupado por uno de los ministros, al que se llamó desde entonces primer ministro o premier.

Primero entre sus pares, sí, pero no siempre la historia ha confirmado que fuera el mejor. Así, podemos hacer una larga relación, como por ejemplo con los casos de...

Viviani, primer ministro del gobierno francés procedente del partido republicano socialista cuando estalló la primera guerra mundial, quien murió pocos meses después de haber dejado el poder en 1915, loco en una clínica.

O Woodrow Wilson, que también murió loco tres años después de haber dejado de gobernar EE.UU. y, de retruque, el mundo, en la misma época.

También Ramsay McDonald, primer laborista en asumir el cargo como primer ministro británico, que poco después de la constitución del gobierno en 1931, sufrió un colapso menor y luego, tuvo una descompensación más grave. “Por las noches, mi cabeza parece una laguna cuyas aguas intentan permanecer inmóviles pero son agitadas por turbulencias que se originan en el fondo”, anotó en su diario. Pero no se quedaba en su ámbito privado. El público pudo observar durante una sesión de la Cámara de los Comunes, como no cesó de girar la cabeza, nervioso, por miedo a que un hombre que se encontraba en la tribuna del público pudiera dispararle.

Volviendo a Francia, hubo dudas sobre el estado de salud mental del presidente (1920-1921) Paul Deschanel, que fueron disipadas cuando una noche se arrojó de un tren en marcha y se presentó descalzo y en pijama ante un guardia cantonal diciéndole "Soy el presidente de la República".

Poco después, en Grecia subió al poder como dictador Georgius Kondilis, que pasó directamente del ejercicio del gobierno al manicomio.

De nuevo al otro lado del charco, William Lyon Mackenzie King, primer ministro de Canadá, fue víctima de una aberración psicológica que le llevó a practicar el espiritismo y la necromancia, sin que eso le impidiera ocupar desde el partido liberal el cargo de primer ministro de Canadá durante una buena parte del siglo XX, mientras, eso sí, le pedía a su perro Pat que le hablara de Jesús y del pesebre.

Es conocido que Roosevelt se quedaba con la boca abierta sin darse cuenta, le costaba hilar los pensamientos y pronunciaba frases sin sentido. Y no hablemos sobre la salud mental de Hitler y de Stalin, porque estaríamos subiendo unos cuantos puntos la escala.

Afortunadamente, nada de eso puede pasarnos en España. ¿Les he comentado ya que José Luis Rodríguez Zapatero no se va a presentar para una hipotética reelección?

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