publi

Una catástrofe electoral de la magnitud de la sufrida por el PSOE el pasado domingo provoca automáticamente en el seno del partido vapuleado una necesidad de renovación de liderazgo, pero también de ideas. Tanto Guillermo Fernández Vara como José María Barreda lo han señalado al pedir una revisión ideológica que cristalice en un nuevo proyecto adaptado a la realidad. Chacón y Rubalcaba no se han referido a este asunto porque ella es mas partidaria de la política iconográfica que de la logocéntrica y él porque una vez leído y asimilado El Príncipe cualquier otro aporte conceptual o interpretativo le parece superfluo. La mención a la realidad por los barones extremeño y castellano-manchego no es baladí si se tiene en cuenta que a lo largo de los últimos siete años el socialismo español ha estado dirigido por un individuo que siempre ha percibido el mundo tangible como una molestia obstaculizadora de sus delirios inmaduros. Tras unos primeros escarceos con el republicanismo de Pettit, la democracia deliberativa y el brillante descubrimiento de que bajar impuestos es de izquierdas, el resto de la trayectoria intelectual de Zapatero ha sido una combinación imprevisible de progresismo de manual, ecologismo divulgativo, pacifismo tembloroso, tercermundismo anacrónico y hedonismo relativista. Este magma confuso ha conducido a la desmembración de la Nación, la ruina de nuestra economía, el brutal incremento del desempleo, la fragmentación del Estado, la financiación del crimen organizado con dinero público y la transformación de España en el hazmerreír de la Unión Europea. Hay que reconocerle al presidente saliente una notable capacidad para la destrucción, ya que reducir a cenizas en un periodo de tiempo tan corto las instituciones, las empresas, el sistema educativo y la moral colectiva de una sociedad de la envergadura material, cultural e histórica de la española no está al alcance de cualquiera. Barreda y Fernández Vara aciertan con su llamada a un replanteamiento total del pensamiento de izquierdas, aunque después de la etapa zapateril y sus consecuencias, habría que hablar más bien de recuperación de la lucidez. Ni el ministro del Interior ni la ministra de Defensa son las personas adecuadas para encabezar este trabajo de asentamiento de principios, valores y programas que el gran partido nacional de centro-izquierda demanda urgentemente. Ambos han sido copartícipes directos del desastre que hoy les aflige, lo que les descalifica para la tarea de repararlo. Es de esperar que el equipo que a partir de ahora se encargue de poner a punto al PSOE disponga de los conocimientos, la sensatez, la altura de miras y el patriotismo de los que ZP y sus corifeos han carecido. Ojala sea así en bien del conjunto de la ciudadanía. En todo caso, dispondrán como mínimo de un par de legislaturas para culminar tan indispensable y noble empresa.

©Aleix Vidal-Quadras

Aleix Vidal-Quadras | Socialismo en revisión

Una catástrofe electoral de la magnitud de la sufrida por el PSOE el pasado domingo provoca automáticamente en el seno del partido vapuleado una necesidad de renovación de liderazgo, pero también de ideas. Tanto Guillermo Fernández Vara como José María Barreda lo han señalado al pedir una revisión ideológica que cristalice en un nuevo proyecto adaptado a la realidad. Chacón y Rubalcaba no se han referido a este asunto porque ella es mas partidaria de la política iconográfica que de la logocéntrica y él porque una vez leído y asimilado El Príncipe cualquier otro aporte conceptual o interpretativo le parece superfluo. La mención a la realidad por los barones extremeño y castellano-manchego no es baladí si se tiene en cuenta que a lo largo de los últimos siete años el socialismo español ha estado dirigido por un individuo que siempre ha percibido el mundo tangible como una molestia obstaculizadora de sus delirios inmaduros. Tras unos primeros escarceos con el republicanismo de Pettit, la democracia deliberativa y el brillante descubrimiento de que bajar impuestos es de izquierdas, el resto de la trayectoria intelectual de Zapatero ha sido una combinación imprevisible de progresismo de manual, ecologismo divulgativo, pacifismo tembloroso, tercermundismo anacrónico y hedonismo relativista. Este magma confuso ha conducido a la desmembración de la Nación, la ruina de nuestra economía, el brutal incremento del desempleo, la fragmentación del Estado, la financiación del crimen organizado con dinero público y la transformación de España en el hazmerreír de la Unión Europea. Hay que reconocerle al presidente saliente una notable capacidad para la destrucción, ya que reducir a cenizas en un periodo de tiempo tan corto las instituciones, las empresas, el sistema educativo y la moral colectiva de una sociedad de la envergadura material, cultural e histórica de la española no está al alcance de cualquiera. Barreda y Fernández Vara aciertan con su llamada a un replanteamiento total del pensamiento de izquierdas, aunque después de la etapa zapateril y sus consecuencias, habría que hablar más bien de recuperación de la lucidez. Ni el ministro del Interior ni la ministra de Defensa son las personas adecuadas para encabezar este trabajo de asentamiento de principios, valores y programas que el gran partido nacional de centro-izquierda demanda urgentemente. Ambos han sido copartícipes directos del desastre que hoy les aflige, lo que les descalifica para la tarea de repararlo. Es de esperar que el equipo que a partir de ahora se encargue de poner a punto al PSOE disponga de los conocimientos, la sensatez, la altura de miras y el patriotismo de los que ZP y sus corifeos han carecido. Ojala sea así en bien del conjunto de la ciudadanía. En todo caso, dispondrán como mínimo de un par de legislaturas para culminar tan indispensable y noble empresa.

©Aleix Vidal-Quadras

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada