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Óscar Rivas | Movimiento 15-M: ¿qué hay detrás?

Se equivocan quienes afirman que la mayoría de los manifestantes del llamado movimiento 15-M son extremistas antisistema. Pero mienten quienes niegan que la voz cantante la hayan tomado los extremistas antisistema. Al menos en Madrid. Sé lo que digo y por qué lo digo. Porque yo estuve allí. Vi a sus portavoces. Pero ante todo les oí. Escuché lo que decían. Decían estar contra el poder. Lo que ocurre es que sus palabras no se correspondían con sus hechos. Sus palabras hablaban de libertad, pero sus hechos la amordazaban. Estaba a unos metros cuando presencié cómo dos de estos gallitos, porrito en boca, marcaban la consigna de impedir que aquellos que no fueran portavoces pudieran hacer declaraciones a los medios de comunicación. Actuaban así so pretexto de evitar manipulaciones informativas, solo que evitándolo pretendían sibilinamente manipular la información.

En un momento dado, observé cómo en el transcurso de unos minutos el número de furgones policiales se incrementó exponencialmente. Comprobé cómo en ese preciso instante dos de los gallitos asamblearios –sus pintas les delataban- se dedicaron a tomar nota de las matrículas de los furgones: uno las grababa con cámara de vídeo, el otro con cámara fotográfica. Como intuía por dónde iban los tiros me acerqué a uno de los policías para saber qué sucedía. Su respuesta fue breve pero precisa: “está a punto de salir Esperanza Aguirre”. En efecto. Apenas habían transcurrido diez minutos de reloj cuando la presidenta de la Comunidad de Madrid aparecía por la Puerta del Sol. Fue entonces cuando las pretendidas protestas bipartidistas de los congregados se tornaron clamorosamente unipartidistas; sus voces no se dirigían contra PP y PSOE, sino solo contra el PP; no contra Zapatero, sino única y exclusivamente contra Aguirre.

España tiene cinco millones de razones para estar indignada. Su número de parados duplica la media europea. En cuanto a los jóvenes, la tasa de desempleo rebasa el 40% triplicando la media mundial.. Luego es natural que una buena porción de españoles se sienta desasistida por una casta política que en verdad no les representa. Particularmente, comparto esa impresión. Sin embargo, no por ello debemos permitir que los árboles nos impidan ver el bosque. Y éste no es difícil de divisar: es evidente que no es el PP, sino el PSOE quien está dejando España hecha unos zorros; si el paro tiene nombre y apellidos, estos no son los de Esperanza Aguirre, sino los de José Luis Rodríguez Zapatero, el mismo que ahora les pide su voto “progresista”.

Me consta que la gran mayoría de españoles que se han movilizado por lo que han dado en llamar una democracia real” lo han hecho llevados por la buena fe. Un sentimiento, del que carecían quienes han terminado por vampirizar su movimiento. Madrid les ofrecía grandes oportunidades. Podrían haberse manifestado en La Moncloa, donde pace Zapatero; o en el Ministerio del Interior; allí pudieron haberle mesado las barbas a Rubalcaba. Pero no lo hicieron. Prefirieron manifestarse contra Esperanza Aguirre. La elección no fue casual. Ni mucho menos espontánea. Obedecía a intereses muy concretos, y no necesariamente a los de la extrema izquierda. Aunque sean estos quienes han dirigido el cotarro en la Puerta del Sol. Una pandilla de porreros no da para más. Son lo que son: tontos útiles. Quienes han tratado de obtener réditos de su presencia también son de izquierdas; también radicales, solo que de apariencia más respetable, y ferozmente subversivos. Por algo están en el poder.

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