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Pere Serrat | Mayo de 2010, el final de la estulticia

Alarmantemente, sin lubricante, España ha gripado su motor económico, ha podrido sus sistemas de conexión social, ha reventado sus neumáticos laborales, y se pegado todas las tortas posibles en todos los trayectos que ha acometido en sus último siete años. El vehículo está para el desguace.

El conductor al que se adjudicó el gobierno de la máquina, su camarilla y sus palmeros de orejas, no está cualificado para pilotar. Es más, el carnet de conducción se lo darían en una tómbola, porque no oye bien, no ve nada, es torpe, no tiene reflejos y ha causado demasiados accidentes: es un peligro público.

En consecuencia, han de actuar todos los agentes en juego. Han (hemos) de intervenir para apartar a semejante/s estulto/s y descerebrado/s de todo aquello que suponga cualquier microscópico vestigio de poder, acceso a las finanzas, representación popular y opciones de reengancharse en chollo o retiro dorado alguno, si es que no se les ha de llevar ante los tribunales para que se les juzgue y, llegado el caso, paguen por sus crímenes contra los españoles.

No hay precedente alguno de tamaño desastre; no existe referencia similar en todo el mundo civilizado. Zapatero y la amalgama de mediocres, dogmáticos y sectarios que le arropan han constituido el paradigma de todo lo que no se debe hacer si de verdad se está al servicio del Pueblo.

Nos han engañado y nos siguen mintiendo y manipulando, nos humillan, nos arruinan, nos enferman y nos roban.

Las elecciones del 22 de mayo darán buena cuenta de la indignación, incluso ira, que dichos lelos han despertado en más de la mitad de compatriotas… y en muchos, muchísimos, socialistas, comunistas y demás flora y fauna de su cuerda. A Zapatero no lo quiere más que aquel que recibe directamente una prebenda, regalía, poltrona, chollo o puesto remunerado del gobierno/PSOE… o a los desinformados, estólidos o cortos de sesera.

Llegados hasta aquí, el día 22 de mayo, los votantes hemos de actuar en consecuencia. Se ha de expulsar a los socialistas de todo ayuntamiento o comunidad autónoma. No pueden quedarse ni un minuto más.

Para entendernos: el estado actual de la Nación es el de una guerra, aunque sin disparos. Cinco (más, en verdad) millones de desempleados, la desaparición o ruina de medio millón de empresas y autónomos, el desprecio más absoluto del resto del mundo hacia ‘lo español’, la inseguridad ciudadana y rural, la invasión del Estado por parte de seis o siete millones de extracomunitarios (¡en menos de diez años! -¡Aznar, tú también la pifiaste!-) y la descomposición del país, su desmembración territorial, más los enfrentamientos regionales, las provocaciones gratuitas, la dinamitación de los valores culturales y morales, más otros aspectos estéticos y metafísicos de la imagen vitanda del pijoprogresismo, son más que suficientes para que se neutralice todo lo que huela a zapaterismo, a guerracivilismo revanchista y a corrupción. Está en manos de los españoles conseguirlo. Sea.

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