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Aleix Vidal-Quadras | Demolición del Estado

El candidato Rubalcaba, según se ha filtrado, se propone incluir entre sus propuestas programáticas una fuerte reducción de nuestras ya escuálidas fuerzas armadas. Figuramos entre los miembros de la OTAN que menos gastan en defensa y en los últimos tres ejercicios presupuestarios la contracción para este capítulo ha sido del 16%. Nuestros ejércitos cuentan hoy con un total de 130000 soldados, marineros, suboficiales y oficiales. Italia, por si sirve de comparación, tiene a 290000 de sus ciudadanos enrolados en filas. En cuanto a material, las restricciones también son notables y muchas unidades encuentran serias dificultades presupuestarias a la hora de renovar su armamento y sus equipos, sobre todo si se considera el elevado precio de la sofisticad tecnología que utilizan en la actualidad las tropas de los países avanzados. Entre las cifras que barajan los asesores de Llamadme Alfredo, se habla de llegar hasta una disminución de un tercio de nuestros efectivos. Parece ser, según se rumorea, que un tajo tan severo a nuestra capacidad de defensa tendría como objetivo electoral congraciarse con ese ejemplo de sensatez que son los indignados del 15-M y complacer a la progresista Bildu, futura socia del Químico Prodigioso para construir una gran coalición de izquierdas que frene en las urnas y en la calle al centro-derecha neoliberal y cavernícola. Este proyecto de la nueva esperanza oscura del socialismo poszapaterista es totalmente coherente con la trayectoria del Gobierno desde 2004, una continua labor de demolición del Estado en sus partes más vitales, la justicia, el territorio, el erario y la lengua. Si ahora debilitamos las fuerzas armadas hasta convertirlas en inermes, España estará lista para desaparecer. Cuando el propósito de un dirigente de larga experiencia que aspira a la presidencia del Gobierno es la destrucción de su propia nación en colaboración con los elementos más corrosivos, marginales y delirantes de la sociedad, parece obvio que la política al uso no sirve. La realidad es que uno de los dos grandes partidos está en manos de gentes que han decidido ser enemigas abiertas de la mayoría de españoles, tanto de derechas como de izquierdas, que quieren vivir unidos en paz, prosperidad y seguridad. Frente a un hecho tan estremecedor como evidente, no sirve de nada esconder la cabeza bajo el ala y fingir que todo es normal. Las cosas no son en absoluto normales en España desde hace tiempo, de hecho son disparatadas, alarmantes e intolerables. La oposición ha criticado, con razón, la negativa de Zapatero a reconocer la existencia de la crisis económica, actitud irresponsable que nos ha llevado a la presente ruina. Lo mismo se dirá en el futuro de los que ahora se resisten a abrir los ojos a la gravedad de la amenaza que gravita sobre España y siguen, como la orquesta del Titanic, desgranado dulces melodías mientras la nave se hunde en el océano.

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