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Ernesto Ladrón de Guevara | La indignidad es cobardía

Hay muchas lamentaciones por el triunfo de Bildu y sus consecuencias inmediatas, pero ninguna consecuencia práctica, ninguna rendición de responsabilidades.

No está nada claro que Bildu en las Instituciones genere una desafección hacia la violencia del mundo llamado “abertzale”. De momento ha ocupado un buen número de alcaldías, entre ellas la de una ciudad tan importante como la de San Sebastián, además del control de datos de los ciudadanos que supone el acceso a la hacienda foral en Guipúzcoa y el gobierno de la Diputación. Después llegará la reconstitución de la Asamblea de Municipios Vascos como germen de la unificación del pueblo de habla vasca, según la teoría de Krudwig, preconizador de la idea de la nación étnica basada en el euskera y la lucha revolucionaria para combatir a España y lograr la independencia de Euskal Herria. Aunque la realidad es muy diferente a la que se trata de dibujar en esa entelequia de pueblo puesto en marcha bajo la idea de la unidad lingüística vascongada como eslabón antropológico perdido en una falaz interpretación de los fueros vascos, como si éstos representaran las libertades de un pueblo subyugado por el imperialismo español; y fueran matriz de una democracia igualitaria nacida de la hidalguía universal vizcaína limpia de sangre mora o judía. Curiosamente, por el “efecto llamada”, Alava es una de las provincias más impregnadas de la inmigración islámica, por una política de ayudas sociales muy proactiva, que supera en mucho a las de otros territorios periféricos. Contradicciones para producir alguna sonrisa.

Pronto llegarán las movilizaciones en un contexto coactivo para demandar la independencia vascongada, sin que exista de hecho un pluralismo social que permita rebatir las teorías protoindependentistas. Llegado el caso, si los poderes del Estado (según ellos opresor y colonizador) no se ablandan y conceden pábulo al proceso independentista, sacarán a las calles a las fuerzas paramilitares, es decir a ETA o a la guerrilla urbana, para seguir creando terror en la población o para poner contra las cuerdas a quien ocupe la Moncloa. Surgirán voces –es más que probable- desde el resto de España para que se les de la independencia a los vascos, con esa idea de “que nos dejen de una vez en paz y que se vayan”.

Para empezar, ya, se ha iniciado una nueva oleada de exiliados. Profesionales liberales y pequeños empresarios –los que no tienen forma de eludir la presión ambiental por tener domicilio en Guipúzcoa- ya empiezan a buscar una nueva sede social en territorios de España que no sean “comanches”. Va a producirse una huída de capitales de esa provincia, ante el temor de ser fiscalizados y después perseguidos por los revolucionarios bilduetarras. Es decir, ya hay unas consecuencias inmediatas de calado. Las más mediatas quedan por venir. Por ejemplo una nueva limpieza étnica que tiene como resultado ese producto electoral que hemos comprobado tras esas elecciones y que algunos como yo veníamos advirtiendo. Y mientras los medios de comunicación se centran en el impedimento de los ayuntamientos copados por Bildu a la entrada de los escoltas de los concejales protegidos. Efectivamente eso es aberrante –bastante lo es ya que haya gente que no pueda ejercer con libertad su función representativa, pero, sin embargo, ese no es el efecto más lesivo para la normalización vasca. De cosas peores, como el adoctrinamiento en las ikastolas y otros centros de dominio abertzale no se comenta.

El Consejero del Interior del gobierno monclovita se lamenta de la deriva de Bildu. ¿Pero qué esperaba? ¿Es hipocresía o cinismo? ¿Quién es el culpable material de esta situación y de las que vendrán? Sin duda quien ha propugnado a través de los magistrados controlados por el Gobierno del Constitucional la presencia de los herederos de Batasuna en las instituciones.

En el mejor de los casos ETA seguirá hibernada. Yo no lo creo. Pero el proceso de desestabilización política e institucional ya se ha iniciado, y quedan por ver los resultados, que van a ser letales no solamente para las libertades públicas sino para la economía. Una España con incendios territoriales no tiene ningún futuro. No nos engañemos. Lo mejor para vislumbrar soluciones es empezar con un buen diagnóstico. Y este ha de huir de la demagogia y del pensamiento de Alicia. Aquí todos no somos buenos.

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