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Indignados con razón y sin ella

Aprovecho el único foro de expresión que me queda para exponer algunas precisiones sobre las algaradas ocurridas ayer con motivo de los sucesos ocurridos a la entrada del Parlamento de Cataluña.

He de confesar que en un principio el movimiento del 15-M me entusiasmó. Por fin alguien se alzaba (no sólo con la escuálida participación en el referéndum del Estatuto de Cataluña) para intentar mejorar algo el régimen político que nos gobierna: listas abiertas, suprimir a los imputados de las listas, condenar a quienes han gestionado mal la economía de todos, participación decisiva por medio de internet, voz para las ideas minoritarias, dación en pago de las viviendas para saldar las hipotecas, división verdadera de los tres poderes,...). Creo que los políticos hicieron muy bien en no desalojar la Puerta del sol, a pesar de la decisión de la Junta electoral, por razones de prudencia. También parecía lógico esperar a la constitución de los ayuntamientos (para no molestar a los jerifaltes en sus tomas de posesión). Es evidente que dentro de poco empezarán las cargas para limpiar el centro de las ciudades.

Desgraciadamente los nobles objetivos de jóvenes desencantados del zapaterismo sesentayochesco, parados, jubilados con pensiones mínimas, estudiantes que ven cómo se les escapa la vida sin futuro digno,... se han visto empañados por la acción violenta de los antisistema. Y es que así los llaman, “antisistema”. Y en eso no estoy de acuerdo: los antisistema son precisamente los hijos más legítimos del sistema idiota que nos han impuesto desde hace años. Aunque Sarkozy dijera que el mayo de 1968 había muerto, aquí continuamos sin enterarnos de que para que una economía funciones se requieren materias primas (de las que España carece), capital (que huye de cualquier zapaterismo, chavezismo, ó indigenismo) y capital humano, que es lo que la mayoría podemos aportar. Si no tenemos patrimonio, la única manera en que la mayoría de la población podemos subsistir es aportando nuestro trabajo. Pero este trabajo tiene que tener mayor calidad, porque los alemanes lo hacen muy bien y hay millones de chinos que quieren salir de la pobreza. Para que nuestro trabajo sea de calidad es importante tener buena formación, poner empeño y producir lo que los demás necesitan.

Sin embargo, el sistema se ha dedicado a descorazonar la meritocracia. Nadie que vea cómo Leyre Pajín puede ser ministra tiene ilusión alguna por esforzarse en nada que no sea jugar al bridge.

Las reformas escolares se han ido asegurando de acabar con la autoridad de los profesores y de que los niños pasen de curso sin saber nada; los padres, exhalando aún las últimas bocanadas de marihuana, divorciándose, abortando,... han perdido cualquier autoridad sobre los hijos y ni siquiera hoy un sargento malhablado puede poner firmes a un chaval de 18 años. Así nos encontramos con perfectos tiranos. Niños que llegan a adultos sin que nunca se les haya dicho que no. Playstation, viajecitos, coca, la nevera llena, “este año me cojo un par de asignaturas”,... y así todos estos frutos del sistema no están en condiciones de competir ni con alemanes ni con chinos. Y ahora se proclaman antisistema, pero lo consecuente sería que exigiesen cuentas a los políticos electoralistas, a los maestros indolentes, a los padres vividores,... pero no. Prefieren decir que el mal es el capitalismo. Y es verdad: los banqueros son aves rapaces, igual que los niños que no quieren crecer, o los que quieren que sus fondos rindan al máximo por encima de toda ética.

A los niños debería enseñárseles de nuevo el pecado original y el “ganarás el pan con el sudor de tu frente”. A partir de ahí el régimen tendría que premiar a los que hacen méritos y castigar a los que no los hacen. Pero no es así. Por tanto los antisistema son los hijos del sistema.

No me cabe duda de que las acampadas acabarán en pocos días: por pereza de los acampados, por el hastío que producen a los demás ciudadanos y por la acción de la fuerzas del orden.

Pero el problema seguirá ahí. No estamos ante una crisis financiera, sino antes una crisis de valores. Por tanto la economía española, ejemplo de incompetencia, no podrá dar más subvenciones ni peonadas, ni cánones esgaescos, ni convolutos a los que armen jaleo (entre otras cosas, porque gracias al tan denostado euro, ZP no tiene la máquina de imprimir pesetas que lleguen a la devaluación de Zimbawe). Por lo que es de prever que tanto justos como pecadores durante muchos años las vamos a pasar mal. ¿Cuál es mi presagio? Un aumento de la violencia, asaltos a supermercados,...

Junto con este tema se plantea el de la fecha de las elecciones. Rubalcaba no sabe qué hacer: si las convoca enseguida sabe que España está pletórica por una marea azul, pero sabe también que las próximas medidas para mantener el orden y para cumplir con lo que dicten los sesudos alemanes van a ser impopulares y que además Trichet quiere subir los tipos, con lo cual más gente se va a quedar sin casa. Si espera un poco más los pocos elegidos con sentido común del PP van a empezar a auditar ayuntamientos, diputaciones, corporaciones, empresas mixtas,... y van a salir al descubierto chanchullos a porrillo. Supongo que quizá espere los fugaces buenos resultados que puede aportar el turismo, teniendo en cuenta los problemas por los que atraviesa el mundo islámico. Sabe que es evidente que no puede seguir como ministro del Interior que mantenga el Orden público ni como Portavoz del Bobo solemne que ha destrozado con sus puerilidades las buenas relaciones de España con Dios, los Estados Unidos, el mundo árabe, Israel, la Comunidad europea,... para tirarse en brazos de islamistas radicales e indigenistas. Pero quizá sí que en la sombra mantenga la Vicepresidencia para atarlo corto y obligar a ZP a desandar todo la ruta equivocada, a hacerle tragar cada una de sus idioteces hasta apurar las heces de sus delitos.

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