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Cuatro soldados españoles presentes en la guerra de Afganistán han sido gravemente heridos. Dos de ellos, un teniente y una soldado.

Al menos han tenido más fortuna que los 88 soldados españoles muertos en esa guerra olvidada por pacifistas y activistas de la no beligerancia. En esa intervención militar, España tiene una presencia permanente de casi 700 soldados y ya ha costado a las arcas públicas entre 800 y 1.000 millones de euros.

La ministra de Defensa, Carmen Chacón, ha negado cualquier plan de retirada o disminución de tropas en Afganistán. “Si nos vamos, volverían los talibanes y los afganos, sobre todo las mujeres y los niños, volverían a sufrir lo que sufrieron”, ha defendido vivamente en declaraciones a la prensa.

Chacón ha insistido en que los militares españoles están allí, como parte de la misión de la OTAN, por encargo de la ONU, que es “una organización de paz”, según ha recalcado. “Las Naciones Unidas no hacen la guerra”, ha aseverado. Si alguien dijera eso en algún momento, quedaría deslegitimada cualquiera de sus iniciativas pasadas, presentes y futuras, ha advertido. “De toda la vida es una organización que vela por los derechos humanos”, ha reiterado.

Miente la ministra más por ignorancia que por mala fe. La presencia de las fuerzas españolas en Afganistán no es una presencia simplemente humanitaria. De hecho participa en acciones de guerra para intentar mantener el orden tanto frente a los narcos como a los talibanes, y de ahí que se haya convertido en uno de los objetivos preferentes de los ataques suicidas.
Sin embargo, esta presencia del Ejercito español en la guerra de Afganistán lo que nos revela es la inmensa, la desmesurada hipocresía de la izquierda española que lleva ya años convenciéndonos de que la presencia de España en Irak fue un incalificable acto criminal y no así esos otros conflictos en los que participan nuestros soldados y no precisamente en plan ONG. ¿Por qué los supuestos pacifistas callan ante la presencia de tropas españolas en escenarios bélicos como Libia? ¿Por qué el Gobierno de España justifica los ataques contra Libia y no contra el régimen sirio de Bashar al Asad, responsable de la muerte de cientos de civiles y que ha obligado a decenas de miles de refugiados a abandonar Siria en las peores condiciones humanitarias?

De tanto anatemizar a la derecha política con la guerra de Irak, la anestesiada y acobardada derecha española ha terminado por sucumbir a la peor de las mentiras. Llevo años esperando a que ese manso de Rajoy, inutilizado ya para nada grande, sea capaz de defender alto y claro que la única guerra de Irak en la que España participó militarmente fue en la primera del Golfo, con la mascarada de la invasión kuwaití camuflando los verdaderos intereses petrolíferos en juego. Una guerra, por cierto, en la que España participó con soldados de reemplazo, con un Gobierno socialista, y con Felipe González de presidente.

En la tan cacareada segunda guerra contra Irak, la que derrocó al dictador Sadam Hussein, la participación española se redujo a una inoportuna y vanidosa foto en las Azores y a la gestión de algunos hospitales de campaña. Ningún soldado español, ni uno sólo, participó en acción de guerra alguna. La oposición lanar del PP permitió durante años que el tenor de la participación guerrera de nuestro país tuviese tantos visos de verosimilitud como para hacerles perder las elecciones del 2004. La presencia humanitaria de España en Irak estuvo completamente avalada por resoluciones del Consejo de Seguridad, apoyadas por el Gobierno de España, –la última por el Ejecutivo de Zapatero–, en las que incluso se pidió el envío de más tropas a aquel país.

Al poco de llegar Zapatero al poder, España retiró sus tropas de Irak de una forma unilateral y vergonzante. Los mismos ‘pacifistas’ que celebraron aquel acontecimiento no han dicho una palabra sobre la presencia de un contingente militar de guerra en uno de los peores escenarios posibles del mundo: Afganistán. El número de muertos y heridos españoles en Afganistán frente a las magras cifras de nuestras bajas en Irak prueba la diferencia entre una y otra misión.

En resumen, que aunque ya sepamos que la presencia militar de la España de Aznar en Irak fue una de las acciones más criminosas de la historia de la humanidad, y que aunque también sepamos que la presencia “humanitaria” de la España de Zapatero en Afganistán nos ha ocasionado ya 88 bajas y decenas de heridos, al final lo que cuenta es lo que ha dicho Carmen Chacón. “Estamos en Afganistán para defender a los afganos de los talibán”. ¿Y por qué eso es mejor eso que defender a los iraquíes de Sadam? ¿O a los kurdos de las armas químicas de Alí ‘El químico’? ¿O a los suníes de los emboscados iraníes? Pues porque la izquierda, Zapatero, la ministra Chacón y la gallinácea pepera así lo han decidido.

La ministra del 'no a la guerra' niega la retirada española de Afganistán

Cuatro soldados españoles presentes en la guerra de Afganistán han sido gravemente heridos. Dos de ellos, un teniente y una soldado.

Al menos han tenido más fortuna que los 88 soldados españoles muertos en esa guerra olvidada por pacifistas y activistas de la no beligerancia. En esa intervención militar, España tiene una presencia permanente de casi 700 soldados y ya ha costado a las arcas públicas entre 800 y 1.000 millones de euros.

La ministra de Defensa, Carmen Chacón, ha negado cualquier plan de retirada o disminución de tropas en Afganistán. “Si nos vamos, volverían los talibanes y los afganos, sobre todo las mujeres y los niños, volverían a sufrir lo que sufrieron”, ha defendido vivamente en declaraciones a la prensa.

Chacón ha insistido en que los militares españoles están allí, como parte de la misión de la OTAN, por encargo de la ONU, que es “una organización de paz”, según ha recalcado. “Las Naciones Unidas no hacen la guerra”, ha aseverado. Si alguien dijera eso en algún momento, quedaría deslegitimada cualquiera de sus iniciativas pasadas, presentes y futuras, ha advertido. “De toda la vida es una organización que vela por los derechos humanos”, ha reiterado.

Miente la ministra más por ignorancia que por mala fe. La presencia de las fuerzas españolas en Afganistán no es una presencia simplemente humanitaria. De hecho participa en acciones de guerra para intentar mantener el orden tanto frente a los narcos como a los talibanes, y de ahí que se haya convertido en uno de los objetivos preferentes de los ataques suicidas.
Sin embargo, esta presencia del Ejercito español en la guerra de Afganistán lo que nos revela es la inmensa, la desmesurada hipocresía de la izquierda española que lleva ya años convenciéndonos de que la presencia de España en Irak fue un incalificable acto criminal y no así esos otros conflictos en los que participan nuestros soldados y no precisamente en plan ONG. ¿Por qué los supuestos pacifistas callan ante la presencia de tropas españolas en escenarios bélicos como Libia? ¿Por qué el Gobierno de España justifica los ataques contra Libia y no contra el régimen sirio de Bashar al Asad, responsable de la muerte de cientos de civiles y que ha obligado a decenas de miles de refugiados a abandonar Siria en las peores condiciones humanitarias?

De tanto anatemizar a la derecha política con la guerra de Irak, la anestesiada y acobardada derecha española ha terminado por sucumbir a la peor de las mentiras. Llevo años esperando a que ese manso de Rajoy, inutilizado ya para nada grande, sea capaz de defender alto y claro que la única guerra de Irak en la que España participó militarmente fue en la primera del Golfo, con la mascarada de la invasión kuwaití camuflando los verdaderos intereses petrolíferos en juego. Una guerra, por cierto, en la que España participó con soldados de reemplazo, con un Gobierno socialista, y con Felipe González de presidente.

En la tan cacareada segunda guerra contra Irak, la que derrocó al dictador Sadam Hussein, la participación española se redujo a una inoportuna y vanidosa foto en las Azores y a la gestión de algunos hospitales de campaña. Ningún soldado español, ni uno sólo, participó en acción de guerra alguna. La oposición lanar del PP permitió durante años que el tenor de la participación guerrera de nuestro país tuviese tantos visos de verosimilitud como para hacerles perder las elecciones del 2004. La presencia humanitaria de España en Irak estuvo completamente avalada por resoluciones del Consejo de Seguridad, apoyadas por el Gobierno de España, –la última por el Ejecutivo de Zapatero–, en las que incluso se pidió el envío de más tropas a aquel país.

Al poco de llegar Zapatero al poder, España retiró sus tropas de Irak de una forma unilateral y vergonzante. Los mismos ‘pacifistas’ que celebraron aquel acontecimiento no han dicho una palabra sobre la presencia de un contingente militar de guerra en uno de los peores escenarios posibles del mundo: Afganistán. El número de muertos y heridos españoles en Afganistán frente a las magras cifras de nuestras bajas en Irak prueba la diferencia entre una y otra misión.

En resumen, que aunque ya sepamos que la presencia militar de la España de Aznar en Irak fue una de las acciones más criminosas de la historia de la humanidad, y que aunque también sepamos que la presencia “humanitaria” de la España de Zapatero en Afganistán nos ha ocasionado ya 88 bajas y decenas de heridos, al final lo que cuenta es lo que ha dicho Carmen Chacón. “Estamos en Afganistán para defender a los afganos de los talibán”. ¿Y por qué eso es mejor eso que defender a los iraquíes de Sadam? ¿O a los kurdos de las armas químicas de Alí ‘El químico’? ¿O a los suníes de los emboscados iraníes? Pues porque la izquierda, Zapatero, la ministra Chacón y la gallinácea pepera así lo han decidido.

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