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Que a la Parrala le gusta el vino, continuaba el viejo cantar. Es casi la frase que se le puede adjudicar al Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.

Aunque, a fuero de serles sincero, creo que a Rodríguez Zapatero solo se le puede denominar no-presidente del no-gobierno de lo que ha dejado en pié de España.

Continúa manteniendo vivo el mismo error que viene cometiendo desde hace años; alargar su presencia en la presidencia del gobierno de la Nación no hace si no que agravar la situación del País y que representantes de la alta política norteamericana, como Hilary Clinton quiera entrevistarse con Mariano Rajoy en su visita a España.

Rodríguez Zapatero no es que quiera perpetuarse en el poder, de hecho ya se ha despedido de sus colegas del Parlamento en su comparecencia en el Debate sobre el Estado de la Nación, lo que ZP no quiere es pasar a la Historia como el peor presidente del Gobierno de España en la etapa democrática. Algo imposible de todo punto que no ocurra, porque parece haberse presentado a esas ‘oposiciones’ y haber alcanzado la primera plaza y con calificación Cum Laude.

Un Presidente que se presentó a unas elecciones para perderlas contra Aznar y las ganó; que previamente fue el candidato de consenso, ya sabemos todos lo que eso supone en un partido político, tanto como ser el bobo útil, era imposible que rodeado de políticos como José Blanco, Pérez Rubalcaba, Pajín y compañía, pudiera realizar el trabajo político necesario para profundizar en el desarrollo de nuestro País. Más tarde dedicó años enteros a gobernar con medidas sociales y no me refiero a la Ley de Dependencia o las coberturas a los desempleados; sobre estos temas todo lo que se haga siempre será poco, me refiero a ‘otras medidas’ que solamente han venido a soliviantar la normal convivencia entre los españoles y que me niego a reproducir para no darles la importancia que no tienen, aunque nos las hayan intentado ‘vender’ como la panacea de las políticas de igualitarismo. Somos todos tan iguales, que hay hombres a los que, por norma, no se les aplica la presunción de inocencia, a otros se les aparta de los hijos sin haber cometido ni la más mínima falta, se ataca deliberadamente a instituciones mayoritarias como si fueran apestados de otro siglo y si no te conceden el ‘carnet de perfecto progresista’ pasas a engrosar la cada vez más larga lista de ‘fachas’ recalcitrantes.

El peor presidente de la historia democrática española debiera ya disolver las Cortes y convocar nuevas Elecciones. De no hacerlo así, además de pasar a la historia como el peor, lo hará como el que menos pensó en España.

Paco Hurtado | ¡Qué sí que sí, que no, que no…!

Que a la Parrala le gusta el vino, continuaba el viejo cantar. Es casi la frase que se le puede adjudicar al Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.

Aunque, a fuero de serles sincero, creo que a Rodríguez Zapatero solo se le puede denominar no-presidente del no-gobierno de lo que ha dejado en pié de España.

Continúa manteniendo vivo el mismo error que viene cometiendo desde hace años; alargar su presencia en la presidencia del gobierno de la Nación no hace si no que agravar la situación del País y que representantes de la alta política norteamericana, como Hilary Clinton quiera entrevistarse con Mariano Rajoy en su visita a España.

Rodríguez Zapatero no es que quiera perpetuarse en el poder, de hecho ya se ha despedido de sus colegas del Parlamento en su comparecencia en el Debate sobre el Estado de la Nación, lo que ZP no quiere es pasar a la Historia como el peor presidente del Gobierno de España en la etapa democrática. Algo imposible de todo punto que no ocurra, porque parece haberse presentado a esas ‘oposiciones’ y haber alcanzado la primera plaza y con calificación Cum Laude.

Un Presidente que se presentó a unas elecciones para perderlas contra Aznar y las ganó; que previamente fue el candidato de consenso, ya sabemos todos lo que eso supone en un partido político, tanto como ser el bobo útil, era imposible que rodeado de políticos como José Blanco, Pérez Rubalcaba, Pajín y compañía, pudiera realizar el trabajo político necesario para profundizar en el desarrollo de nuestro País. Más tarde dedicó años enteros a gobernar con medidas sociales y no me refiero a la Ley de Dependencia o las coberturas a los desempleados; sobre estos temas todo lo que se haga siempre será poco, me refiero a ‘otras medidas’ que solamente han venido a soliviantar la normal convivencia entre los españoles y que me niego a reproducir para no darles la importancia que no tienen, aunque nos las hayan intentado ‘vender’ como la panacea de las políticas de igualitarismo. Somos todos tan iguales, que hay hombres a los que, por norma, no se les aplica la presunción de inocencia, a otros se les aparta de los hijos sin haber cometido ni la más mínima falta, se ataca deliberadamente a instituciones mayoritarias como si fueran apestados de otro siglo y si no te conceden el ‘carnet de perfecto progresista’ pasas a engrosar la cada vez más larga lista de ‘fachas’ recalcitrantes.

El peor presidente de la historia democrática española debiera ya disolver las Cortes y convocar nuevas Elecciones. De no hacerlo así, además de pasar a la historia como el peor, lo hará como el que menos pensó en España.

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