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Inspirados en el imán turco Gülen, funciona en más de 130 países. Manejan escuelas, medios de comunicación y bancos. Una especie de Islam 2.0

Su fundador, Fethullah Gülen (foto), ya no vive en Turquía. Está recluido en algún lugar de Pensilvania, en los Estados Unidos.

En la actualidad, se estima que sólo en Turquía la red Gülen ya tiene unos 10 millones de seguidores que destinan entre un 5 y un 20% de sus ingresos a grupos afiliados al movimiento. Donaciones la ubican como a una nueva red millonaria.

En una primera aproximación, se podría comparar esta red con las madrazas paquistaníes. Es que el movimiento Gülen está vinculado con más de 1.000 escuelas en 130 países, desde Kenia a Kazajistán.

Las escuelas coránicas proliferaron después del 11S y ofrecen a miles de niños y adolescentes paquistaníes y afganos una educación gratuita y, muchas veces, también alojamiento y comida. Se financian con donaciones de los simpatizantes islámicos que creen en la unión entre política e Islam. Los wahabitas saudíes aportan millones y millones a la causa. A las madrazas acuden jóvenes musulmanes extranjeros de todo el mundo para recibir formación ultraislámica.

Sin embargo, las escuelas coránicas paquistaníes nada tienen que ver con las instituciones que reciben donaciones de Gülen. Las escuelas del movimiento son instalaciones de alta tecnología (muy distintas a la precariedad de las madrazas), y muchos estudiantes tienen becas fundadas por empresarios que siguen a Gülen. Otra diferencia bien marcada radica en que este movimiento elige escuelas laicas para donar sus recursos. No obstante, se espera que los profesores actúen como modelos: el tabaco, el alcohol y el divorcio son despreciados.

Así, las diferencias con las escuelas coránicas lleva a otra comparación. El Gülen bien podría analizarse como cofradía, logia o, incluso, secta oculta, por el carácter secreto de los millones de miembros y benefactores.

Sus críticos más acérrimos los describen como una mafia. El año pasado, un jefe de policía que escribió un libro sobre el tema fue encarcelado. A principios de este año, dos periodistas de investigación turcos, Ahmet Sik y Nedim Sener, también fueron apresados tras investigar asuntos similares. Cuando Sik fue arrestado, gritó: "Quien los toca, se quema". Los tres hombres continúan en prisión.

El inspirador de tamaña red islámica tiene 70 años y abandonó su país en 1999 tras un escándalo. En esa época se lo vio en un video en el que arengaba a sus seguidores a infiltrarse en las principales estructuras de poder. "Deben moverse dentro de las arterias del sistema, sin que nadie note su existencia, hasta que lleguen a los centros de poder.

"Deben esperar hasta el momento en que hayan acumulado todo el poder del Estado, hasta que hayan puesto de su lado todo el poder de la institución constitucional de Turquía", ordenaba desde la cinta.

"El encarcelamiento de periodistas es la punta del iceberg. Nadie se atreve a escribir directamente contra el movimiento Gülen", afirmó un activista de la libertad de prensa turco, Ferai Tinch.

Una poderosa red islámica suma millones de adeptos en todo el mundo

Inspirados en el imán turco Gülen, funciona en más de 130 países. Manejan escuelas, medios de comunicación y bancos. Una especie de Islam 2.0

Su fundador, Fethullah Gülen (foto), ya no vive en Turquía. Está recluido en algún lugar de Pensilvania, en los Estados Unidos.

En la actualidad, se estima que sólo en Turquía la red Gülen ya tiene unos 10 millones de seguidores que destinan entre un 5 y un 20% de sus ingresos a grupos afiliados al movimiento. Donaciones la ubican como a una nueva red millonaria.

En una primera aproximación, se podría comparar esta red con las madrazas paquistaníes. Es que el movimiento Gülen está vinculado con más de 1.000 escuelas en 130 países, desde Kenia a Kazajistán.

Las escuelas coránicas proliferaron después del 11S y ofrecen a miles de niños y adolescentes paquistaníes y afganos una educación gratuita y, muchas veces, también alojamiento y comida. Se financian con donaciones de los simpatizantes islámicos que creen en la unión entre política e Islam. Los wahabitas saudíes aportan millones y millones a la causa. A las madrazas acuden jóvenes musulmanes extranjeros de todo el mundo para recibir formación ultraislámica.

Sin embargo, las escuelas coránicas paquistaníes nada tienen que ver con las instituciones que reciben donaciones de Gülen. Las escuelas del movimiento son instalaciones de alta tecnología (muy distintas a la precariedad de las madrazas), y muchos estudiantes tienen becas fundadas por empresarios que siguen a Gülen. Otra diferencia bien marcada radica en que este movimiento elige escuelas laicas para donar sus recursos. No obstante, se espera que los profesores actúen como modelos: el tabaco, el alcohol y el divorcio son despreciados.

Así, las diferencias con las escuelas coránicas lleva a otra comparación. El Gülen bien podría analizarse como cofradía, logia o, incluso, secta oculta, por el carácter secreto de los millones de miembros y benefactores.

Sus críticos más acérrimos los describen como una mafia. El año pasado, un jefe de policía que escribió un libro sobre el tema fue encarcelado. A principios de este año, dos periodistas de investigación turcos, Ahmet Sik y Nedim Sener, también fueron apresados tras investigar asuntos similares. Cuando Sik fue arrestado, gritó: "Quien los toca, se quema". Los tres hombres continúan en prisión.

El inspirador de tamaña red islámica tiene 70 años y abandonó su país en 1999 tras un escándalo. En esa época se lo vio en un video en el que arengaba a sus seguidores a infiltrarse en las principales estructuras de poder. "Deben moverse dentro de las arterias del sistema, sin que nadie note su existencia, hasta que lleguen a los centros de poder.

"Deben esperar hasta el momento en que hayan acumulado todo el poder del Estado, hasta que hayan puesto de su lado todo el poder de la institución constitucional de Turquía", ordenaba desde la cinta.

"El encarcelamiento de periodistas es la punta del iceberg. Nadie se atreve a escribir directamente contra el movimiento Gülen", afirmó un activista de la libertad de prensa turco, Ferai Tinch.

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