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Aleix Vidal-Quadras | Obsesiones nacionalistas

Diversos medios han destacado estos días que he sido el único eurodiputado catalán que no me he sumado a la enmienda presentada por el resto de mis paisanos en la Eurocámara para eliminar la palabra “oficiales” en el artículo del Reglamento sobre etiquetado de alimentos que establece que los Estados Miembros podrán estipular que la información en el envase de un producto se haga en “una o más lenguas oficiales de la Unión Europea”. El motivo de tan peregrina pretensión es mantener la posibilidad hoy en vigor en nuestro descabellado sistema autonómico de que en Cataluña se etiquete únicamente en catalán. Es decir, que lo que les molesta a mis queridos compañeros no es que se impida el etiquetado en catalán, cosa que la norma no hace, sino que se suministre la información al consumidor en castellano. Por tanto, su afán no se centra en la defensa de nuestra venerable lengua vernácula, empeño loable y comprensible, sino en la supresión del detestado idioma español de los recipientes y envoltorios en los que se comercializan embutidos, frutas, verduras, aceites, arroces, conservas variadas, cereales, lácteos y demás apetitosas ofertas de la potente industria agroalimentaria del Principado. He de reconocerles y agradecerles que ni siquiera me propusieran añadir mi nombre a tan gloriosa iniciativa, seguramente porque ya conocen cual habría sido mi respuesta. Para mayor ridículo de esta tropilla tribal, la ocurrencia en cuestión ha sido declarada inadmisible por la Presidencia del Parlamento por no cumplir ninguno de los supuestos que deben satisfacer las enmiendas presentadas en segunda lectura. No sólo son excluyentes y fanáticos, además son incompetentes por desconocimiento del Reglamento. En fin, otra jornada para olvidar del comando identitario catalán en Bruselas, que no se cansa de deteriorar la imagen de una región europea que fue en otros tiempos ejemplo de creatividad, innovación y apertura, y que tras treinta años en manos de los nacionalistas malvive ahogada por el déficit, endeudada hasta las cejas y exhibiendo una de las tasas de paro más altas del continente.

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