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Por Dazibao-Ñ-/
En el campo de refugiados de Dadaad, donde se encuentran más de 400.000 somalíes que han huido del hambre, se está observando el ayuno del Ramadán como en el resto del mundo islámico.

 

 Mumini Ibrahim, recorrió 680 kilómetros para llegar a Dadaad con sus hijos Osmán y Kadida, ambos de nueve meses. Sin embargo, el hambre y las enfermedades pronto acabaron con la vida del pequeño Osman, cuya muerte ocultó su madre para que Kadida tuviera una ración extra de alimento.

El caso de Mumini, que en la fotografía aparece velando el cadáver de su hijo, es ilustrativo sobre cómo es la supervivencia en Dadaad, donde los padres entierran furtivamente a sus hijos muertos para no perder una exigua ración alimentaria. Sin embargo, para quienes huyen de la hambruna, producto de cuatro años de sequía y los devastadores efectos de una cruenta y larga guerra civil, Dadaad es un “paraíso” donde las misérrimas raciones están aseguradas y permiten, por tanto, sobrevivir.

 

Ahora, ha llegado el Ramadán y muchas personas , como Mumini Ibrahim, renunciarán a ingerir sus míseras raciones  hasta que caiga la noche, esperando que su acto sea grato a los ojos de Alá. Y los padres, sumisos devotos del  dios creado por Mahoma, someterán a sus hijos desnutridos a  un ayuno que sólo puede hacer peligrar sus vidas, para mayor gloria de una superstición opresiva y sangrienta engendrada por un desequilibrado mercader de embustes.

El ayuno del Ramadán entre los hambrientos refugiados somalíes

Por Dazibao-Ñ-/
En el campo de refugiados de Dadaad, donde se encuentran más de 400.000 somalíes que han huido del hambre, se está observando el ayuno del Ramadán como en el resto del mundo islámico.

 

 Mumini Ibrahim, recorrió 680 kilómetros para llegar a Dadaad con sus hijos Osmán y Kadida, ambos de nueve meses. Sin embargo, el hambre y las enfermedades pronto acabaron con la vida del pequeño Osman, cuya muerte ocultó su madre para que Kadida tuviera una ración extra de alimento.

El caso de Mumini, que en la fotografía aparece velando el cadáver de su hijo, es ilustrativo sobre cómo es la supervivencia en Dadaad, donde los padres entierran furtivamente a sus hijos muertos para no perder una exigua ración alimentaria. Sin embargo, para quienes huyen de la hambruna, producto de cuatro años de sequía y los devastadores efectos de una cruenta y larga guerra civil, Dadaad es un “paraíso” donde las misérrimas raciones están aseguradas y permiten, por tanto, sobrevivir.

 

Ahora, ha llegado el Ramadán y muchas personas , como Mumini Ibrahim, renunciarán a ingerir sus míseras raciones  hasta que caiga la noche, esperando que su acto sea grato a los ojos de Alá. Y los padres, sumisos devotos del  dios creado por Mahoma, someterán a sus hijos desnutridos a  un ayuno que sólo puede hacer peligrar sus vidas, para mayor gloria de una superstición opresiva y sangrienta engendrada por un desequilibrado mercader de embustes.

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