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«Ha planificado cometer una acción terrorista, probablemente en España. Teniendo en cuenta sus propios comunicados, el escenario del atentado descartaría la muerte de otros musulmanes, aunque sí afectaría a una multitud de infieles», destaca el juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande-Marlaska en su auto de prisión.

«Yo soy tu hombre de ayer, de hoy y de siempre. Cariño, no me olvides». Cuando la Guardia Civil oyó esa conversación telefónica a la una y media de la madrugada entre el marroquí Abdellatif Aoulad Chiba y su esposa española Cándida, que vive en Gerona, tuvo claro que se estaba despidiendo. Fue el pasado día 12 y a partir de ese momento no lo perdieron de vista. Ese inquietante adiós era el último indicio que les faltaba para actuar contra «Genio», como se anunciaba Aoulad en la propaganda de vidente-astrólogo. Cinco días después, entraban en su piso alquilado en La Línea de la Concepción (Cádiz) y le ponían las esposas acusado de intentar envenenar el agua de depósitos de camping y otros complejos turísticos.

El Servicio de Información de la Guardia Civil se había convertido en su sombra desde el pasado 16 de mayo cuando bajo el alias de «Abu Hudaifa Al Musuli» publicó un post en «Al Shumukh», uno de los foros yihadistas más populares: «(...) Pido a los hermanos (especialistas) proporcionarme la fórmula de un veneno mortal, de alta eficacia, con el fin de introducirlo en los canales y depósitos de agua que suministran a los complejos turísticos y viviendas en tierras de los infieles». Ese mismo día dos usuarios le facilitan la dirección de «La enciclopedia de los venenos».

«No se llega a esa radicalización en seis meses, pero no tenemos datos de qué hacía antes», explican los investigadores. Entre mayo y agosto su decisión de atentar y su extremismo van en aumento, tanto en el citado foro, donde tiene la categoría de «shamikh incitador» y «alumno de la facultad de aprendizaje de Shumukh al Islam», como en otro «Ansar Al Mujahideen». Ambos son plataforma de reclutamiento, adoctrinamiento y captación de terroristas islamistas. «Musuli» era además administrador general «y probable propietario» de la página-foro yihadista «Red de la verdad informativa».

Aoulad pasaba las noches en vela, conectado a su portátil, navegando por esas web que destilan odio al «infiel» e intercambiando correos privados encriptados con un programa llamado «secretos de los muyahidines» que les sirve de vínculo en todo el mundo, con el horario de La Meca. Sus «hermanos» atendieron su petición y le enviaron manuales para fabricación y uso de venenos, tóxicos y explosivos. «Tenía planos de pozos propios de ingenieros. No sabemos aún de dónde son, pero sí la certeza de que los estudió a fondo», concretan los agentes.

Según publica ABC, el marroquí, seguidor de Al Qaida en el Magreb Islámico (AQMI), presta días después (28 de mayo) la «baya», es decir, el juramento de lealtad al emir de AQMI a través del foro: «(...) Aquí presentamos la lealtad ante Dios de continuar en el camino de la Yihad y de la venganza a nuestro jeque». La semana anterior había compartido la siguiente confidencia: «Quién sabe, puede que pronto escuchéis algo que colmará vuestros corazones, hermanos de fe».

La preocupación se desata en la Guardia Civil. Un usuario le facilita la receta para producir la toxina de la botulina y él tranquiliza a otro, inquieto por la posibilidad de que puedan morir musulmanes en su acción. Se despacha con una soflama y concluye: «Alegraos Europa y América, la guerra sigue siendo una vicisitud».

Aoulad, de 37 años y natural de Casablanca, tiene tarjeta de residencia en España desde 2007 y una vida en nuestro país alejada de cualquier atisbo no ya de radical, sino siquiera de buen musulmán. Seguía a rajatabla la «taqiyya», un recurso doctrinal del Islam que permite el disimulo en la vida pública. «Musuli» el que odia al infiel era a ojos de sus vecinos gaditanos «Genio», un reputado vidente, que les curaba sus problemas de mala suerte, amor y negocios y tenía hilo directo con los espíritus. Encandilaba a las mujeres con sus artes y sus pócimas —dos botes de ungüentos, 250 euros— y a los hombres con su afabilidad y su sonrisa. «La gente ponía cuentas a su nombre o recibos, le prestaban su línea telefónica. Es un encantador de serpientes», concretan los investigadores. En los últimos días, cuando dio de baja su línea ADSL —otro preocupante indicio, según el juez— se conectaba en el bazar chino de un amigo.

Con esas artes y esos ingresos subterráneos mantenía una familia en España y otra en Marruecos; llamaba a sus mujeres y preguntaba por sus hijos (tres que se sepa), se paseaba con su sombrero y su guayaba blanca por el barrio y evitaba reunirse con otros musulmanes. En julio, desplegó tal actividad en internet y en su otra vida que saltaron todas las alarmas. Da de baja el teléfono y la línea ADSL, compra una pistola simulada y publica un llamamiento en el foro: «Mata a un infiel y golpea a Europa y América. El paraíso se encuentra a la sombra de las espadas». Y añade: «Dios mío, concédeme el martirio por tu causa. Que mi cuerpo vuele en pedazos por amor a ti (...)».

Ese mismo día viaja a Gerona en avión, pero en lugar de quedarse dos semanas como tenía previsto regresa a los cinco días, y a partir de ahí pasa horas y horas delante del ordenador. Sus mensajes, cada vez más amenazantes, y su urgencia por hablar con familiares y amigos —llama quince veces a Kahdija, su esposa marroquí, y la alecciona para que no utilice un locutorio— precipitan la operación de la Guardia Civil. «Genio», el astrólogo, ya era por encima de todo «Musuli», el matainfieles. El juez Marlaska cree que su relación con el yihadismo se remonta a 2007.

Yihadista y vidente

«Ha planificado cometer una acción terrorista, probablemente en España. Teniendo en cuenta sus propios comunicados, el escenario del atentado descartaría la muerte de otros musulmanes, aunque sí afectaría a una multitud de infieles», destaca el juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande-Marlaska en su auto de prisión.

«Yo soy tu hombre de ayer, de hoy y de siempre. Cariño, no me olvides». Cuando la Guardia Civil oyó esa conversación telefónica a la una y media de la madrugada entre el marroquí Abdellatif Aoulad Chiba y su esposa española Cándida, que vive en Gerona, tuvo claro que se estaba despidiendo. Fue el pasado día 12 y a partir de ese momento no lo perdieron de vista. Ese inquietante adiós era el último indicio que les faltaba para actuar contra «Genio», como se anunciaba Aoulad en la propaganda de vidente-astrólogo. Cinco días después, entraban en su piso alquilado en La Línea de la Concepción (Cádiz) y le ponían las esposas acusado de intentar envenenar el agua de depósitos de camping y otros complejos turísticos.

El Servicio de Información de la Guardia Civil se había convertido en su sombra desde el pasado 16 de mayo cuando bajo el alias de «Abu Hudaifa Al Musuli» publicó un post en «Al Shumukh», uno de los foros yihadistas más populares: «(...) Pido a los hermanos (especialistas) proporcionarme la fórmula de un veneno mortal, de alta eficacia, con el fin de introducirlo en los canales y depósitos de agua que suministran a los complejos turísticos y viviendas en tierras de los infieles». Ese mismo día dos usuarios le facilitan la dirección de «La enciclopedia de los venenos».

«No se llega a esa radicalización en seis meses, pero no tenemos datos de qué hacía antes», explican los investigadores. Entre mayo y agosto su decisión de atentar y su extremismo van en aumento, tanto en el citado foro, donde tiene la categoría de «shamikh incitador» y «alumno de la facultad de aprendizaje de Shumukh al Islam», como en otro «Ansar Al Mujahideen». Ambos son plataforma de reclutamiento, adoctrinamiento y captación de terroristas islamistas. «Musuli» era además administrador general «y probable propietario» de la página-foro yihadista «Red de la verdad informativa».

Aoulad pasaba las noches en vela, conectado a su portátil, navegando por esas web que destilan odio al «infiel» e intercambiando correos privados encriptados con un programa llamado «secretos de los muyahidines» que les sirve de vínculo en todo el mundo, con el horario de La Meca. Sus «hermanos» atendieron su petición y le enviaron manuales para fabricación y uso de venenos, tóxicos y explosivos. «Tenía planos de pozos propios de ingenieros. No sabemos aún de dónde son, pero sí la certeza de que los estudió a fondo», concretan los agentes.

Según publica ABC, el marroquí, seguidor de Al Qaida en el Magreb Islámico (AQMI), presta días después (28 de mayo) la «baya», es decir, el juramento de lealtad al emir de AQMI a través del foro: «(...) Aquí presentamos la lealtad ante Dios de continuar en el camino de la Yihad y de la venganza a nuestro jeque». La semana anterior había compartido la siguiente confidencia: «Quién sabe, puede que pronto escuchéis algo que colmará vuestros corazones, hermanos de fe».

La preocupación se desata en la Guardia Civil. Un usuario le facilita la receta para producir la toxina de la botulina y él tranquiliza a otro, inquieto por la posibilidad de que puedan morir musulmanes en su acción. Se despacha con una soflama y concluye: «Alegraos Europa y América, la guerra sigue siendo una vicisitud».

Aoulad, de 37 años y natural de Casablanca, tiene tarjeta de residencia en España desde 2007 y una vida en nuestro país alejada de cualquier atisbo no ya de radical, sino siquiera de buen musulmán. Seguía a rajatabla la «taqiyya», un recurso doctrinal del Islam que permite el disimulo en la vida pública. «Musuli» el que odia al infiel era a ojos de sus vecinos gaditanos «Genio», un reputado vidente, que les curaba sus problemas de mala suerte, amor y negocios y tenía hilo directo con los espíritus. Encandilaba a las mujeres con sus artes y sus pócimas —dos botes de ungüentos, 250 euros— y a los hombres con su afabilidad y su sonrisa. «La gente ponía cuentas a su nombre o recibos, le prestaban su línea telefónica. Es un encantador de serpientes», concretan los investigadores. En los últimos días, cuando dio de baja su línea ADSL —otro preocupante indicio, según el juez— se conectaba en el bazar chino de un amigo.

Con esas artes y esos ingresos subterráneos mantenía una familia en España y otra en Marruecos; llamaba a sus mujeres y preguntaba por sus hijos (tres que se sepa), se paseaba con su sombrero y su guayaba blanca por el barrio y evitaba reunirse con otros musulmanes. En julio, desplegó tal actividad en internet y en su otra vida que saltaron todas las alarmas. Da de baja el teléfono y la línea ADSL, compra una pistola simulada y publica un llamamiento en el foro: «Mata a un infiel y golpea a Europa y América. El paraíso se encuentra a la sombra de las espadas». Y añade: «Dios mío, concédeme el martirio por tu causa. Que mi cuerpo vuele en pedazos por amor a ti (...)».

Ese mismo día viaja a Gerona en avión, pero en lugar de quedarse dos semanas como tenía previsto regresa a los cinco días, y a partir de ahí pasa horas y horas delante del ordenador. Sus mensajes, cada vez más amenazantes, y su urgencia por hablar con familiares y amigos —llama quince veces a Kahdija, su esposa marroquí, y la alecciona para que no utilice un locutorio— precipitan la operación de la Guardia Civil. «Genio», el astrólogo, ya era por encima de todo «Musuli», el matainfieles. El juez Marlaska cree que su relación con el yihadismo se remonta a 2007.

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