publi

Esta semana visita oficialmente las instituciones comunitarias en Bruselas la presidenta del Brasil, Dilma Rousseff. En el transcurso de su estancia en la capital belga ha participado en un encuentro con la cúpula empresarial europea a cuyos integrantes ha dirigido un discurso acompañada de José Manuel Durao Barroso, Presidente de la Comisión, y de Hermann Van Rompuy, Presidente del Consejo Europeo, que también tomaron la palabra. Testigos presenciales del acto han coincidido después en que el contraste entre la firmeza, la claridad, la determinación y la fuerza de los planteamientos de la primera mandataria iberoamericana y los balbuceos nebulosos e inconexos de los dos máximos representantes de la Unión llenaron de consternación al auditorio. Este es, efectivamente, nuestro problema en Europa. Procedimientos demasiado complejos, decisiones demasiado lentas, liderazgos demasiado débiles, que nos impiden actuar con la eficacia y la resolución necesarias en estos tiempos de profunda crisis. Por eso, resulta estimulante que en medio de este panorama desalentador, un Eurodiputado español, José Manuel García Margallo, Vicepresidente de la Comisión de Asuntos Económicos, haya presentado un plan coherente, consistente y completo para salir de las dificultades que nos atenazan. A diferencia de la sucesión de parches, vaivenes y contorsiones electoralistas de los jefes de Gobierno de la Eurozona, García Margallo ha puesto sobre la mesa un conjunto de medidas perfectamente trabadas con un calendario realista que sin duda marcan un camino prometedor. Tecnicismos aparte, la agenda que propone pasa en primer lugar por la reestructuración de la deuda griega, asumiendo sin tapujos que por mucho que reduzca el gasto público y por mucho que privatice sus activos, el país heleno jamás podrá hacer frente a sus obligaciones. A continuación, una nueva arquitectura institucional que introduzca una verdadera gobernanza económica europea. En este punto, García Margallo indica que es mejor mecanismo disuasorio para posibles incumplidores el negarles el acceso a la financiación mediante eurobonos que multas y sanciones simbólicas seguramente inútiles. Garantizada así la unidad de acción en el área monetaria óptima, la estabilidad quedaría asegurada con un sistema de bonos europeos respaldados por todos los Estados del euro hasta un límite de endeudamiento y por cada Estado aisladamente a partir de esta línea roja. Por último, y para impulsar el crecimiento, un Plan Marshall a cargo del Banco Europeo de Inversiones aprovechando su elevado margen de maniobra, complementándolo, si hiciera falta, con la emisión de bonos para proyectos específicos de interés europeo. Este esquema se redondearía con la creación de un Fondo Monetario Europeo que asumiría las funciones del actual Fondo de Rescate, evaluaría las economías nacionales y tendría a su cargo el estudio de las condiciones para el lanzamiento de los eurobonos. Un proyecto, pues, dotado de visión de conjunto, realista a la vez que ambicioso y que proporcionaría seguridad y confianza a los mercados. Falta ver si esta brillante aportación será recogida por aquellos que en la Comisión y el Consejo están centrados en preparar una propuesta tras otra sin conseguir convencer a nadie. Por lo menos, los españoles tenemos la satisfacción de que haya sido un compatriota nuestro el que en medio de la incesante confusión en la que nos debatimos haya marcado un rumbo riguroso, valiente y factible.

Más en http://alejoresponde.com/2011/10/06/por-fin-alguien-tiene-un-plan/

Reproducido con el consentimiento del autor

Aleix Vidal-Quadras | Por fin alguien tiene un plan

Esta semana visita oficialmente las instituciones comunitarias en Bruselas la presidenta del Brasil, Dilma Rousseff. En el transcurso de su estancia en la capital belga ha participado en un encuentro con la cúpula empresarial europea a cuyos integrantes ha dirigido un discurso acompañada de José Manuel Durao Barroso, Presidente de la Comisión, y de Hermann Van Rompuy, Presidente del Consejo Europeo, que también tomaron la palabra. Testigos presenciales del acto han coincidido después en que el contraste entre la firmeza, la claridad, la determinación y la fuerza de los planteamientos de la primera mandataria iberoamericana y los balbuceos nebulosos e inconexos de los dos máximos representantes de la Unión llenaron de consternación al auditorio. Este es, efectivamente, nuestro problema en Europa. Procedimientos demasiado complejos, decisiones demasiado lentas, liderazgos demasiado débiles, que nos impiden actuar con la eficacia y la resolución necesarias en estos tiempos de profunda crisis. Por eso, resulta estimulante que en medio de este panorama desalentador, un Eurodiputado español, José Manuel García Margallo, Vicepresidente de la Comisión de Asuntos Económicos, haya presentado un plan coherente, consistente y completo para salir de las dificultades que nos atenazan. A diferencia de la sucesión de parches, vaivenes y contorsiones electoralistas de los jefes de Gobierno de la Eurozona, García Margallo ha puesto sobre la mesa un conjunto de medidas perfectamente trabadas con un calendario realista que sin duda marcan un camino prometedor. Tecnicismos aparte, la agenda que propone pasa en primer lugar por la reestructuración de la deuda griega, asumiendo sin tapujos que por mucho que reduzca el gasto público y por mucho que privatice sus activos, el país heleno jamás podrá hacer frente a sus obligaciones. A continuación, una nueva arquitectura institucional que introduzca una verdadera gobernanza económica europea. En este punto, García Margallo indica que es mejor mecanismo disuasorio para posibles incumplidores el negarles el acceso a la financiación mediante eurobonos que multas y sanciones simbólicas seguramente inútiles. Garantizada así la unidad de acción en el área monetaria óptima, la estabilidad quedaría asegurada con un sistema de bonos europeos respaldados por todos los Estados del euro hasta un límite de endeudamiento y por cada Estado aisladamente a partir de esta línea roja. Por último, y para impulsar el crecimiento, un Plan Marshall a cargo del Banco Europeo de Inversiones aprovechando su elevado margen de maniobra, complementándolo, si hiciera falta, con la emisión de bonos para proyectos específicos de interés europeo. Este esquema se redondearía con la creación de un Fondo Monetario Europeo que asumiría las funciones del actual Fondo de Rescate, evaluaría las economías nacionales y tendría a su cargo el estudio de las condiciones para el lanzamiento de los eurobonos. Un proyecto, pues, dotado de visión de conjunto, realista a la vez que ambicioso y que proporcionaría seguridad y confianza a los mercados. Falta ver si esta brillante aportación será recogida por aquellos que en la Comisión y el Consejo están centrados en preparar una propuesta tras otra sin conseguir convencer a nadie. Por lo menos, los españoles tenemos la satisfacción de que haya sido un compatriota nuestro el que en medio de la incesante confusión en la que nos debatimos haya marcado un rumbo riguroso, valiente y factible.

Más en http://alejoresponde.com/2011/10/06/por-fin-alguien-tiene-un-plan/

Reproducido con el consentimiento del autor

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada