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Tengo sesenta años y a pesar de que he visto y vivido muchas cosas no puedo, ni debo, admitir tanta vileza y tanta impostura.

La participación del Partido Socialista en la farsa por la paz de la Conferencia de San Sebastián con los enviados por ETA acompañados de las sanguijuelas que aprovechan que el Pisuerga pasa por Valladolid para llevarse un buen mordisco de euros en forma de dólares, es simplemente vomitiva.

En mis sesenta años nunca he cambiado de residencia, y puedo afirmar sin ningún resquicio para la duda que en Vascongadas no ha habido un conflicto, porque he sido testigo presencial de ello. Ha habido un proceso continuado e ininterrumpido de subversión contra el orden constitucional para promover la secesión vasca engañando a los ciudadanos con historietas que no tienen ninguna consistencia, y con mitos y fábulas. Yo no he visto en ningún momento dos partes enfrentadas, una guerra. Sí he visto y sufrido colateralmente la delincuencia terrorista, la extorsión y la privación de libertad. Por tanto, no hay dos partes enfrentadas que hayan de ponerse a negociar para alcanzar la paz. No hay armisticio alguno. Hay delincuentes y colectivos que han conspirado contra el orden instituido, que han coaccionado, que han destruido bienes, que han asesinado de forma vil y miserable, que han convulsionado la tranquilidad de la gente de bien. Esos, los que han producido temor y conturbación pública, los que han impedido a la gente expresarse con libertad, no tienen ni legitimidad ni derecho a pedir un acuerdo para que ETA deje de asesinar y extorsionar. Esos tienen que rendirse y entregar las armas que han servido para privar a los no nacionalistas de sus derechos.

Vascongadas no es una tierra ocupada ni es una nación con trayectoria histórica. Es falso. Ningún historiador serio puede sostener desde principios de objetividad y de rigor científico ese paradigma impuesto por la fuerza de la coacción y el terror a los ciudadanos vascongados. Vasconia es una tierra sometida durante cincuenta años al terror. Es una entidad territorial de España cuyos residentes han sido coaccionados durante decenios para que no hubiera libre tránsito de opinión e información, para ocupar todas las esferas de la sociedad y podar las ramas de la misma no sometidas a sus exigencias.

Por tanto, no hay nada de qué hablar respecto a las condiciones en las que ETA ha de abandonar el terrorismo. El Estado de Derecho se debe imponer y, sin ultrajar a las víctimas de ETA, ahogar cualquier atisbo de legitimación a los terroristas.

ETA y sus seguidores no deben tener ninguna ventaja por abandonar el terrorismo, bastante daño han hecho hasta hoy. ETA debe entregar las armas sin condiciones, y, de lo contrario, el poder del Estado ha de imponerse utilizando la violencia legítima para impedir la subversión contra el orden democrático.

Por ello, el Partido Socialista ha de pagar su traición, su falta de principios en el mantenimiento del orden democrático.

Ernesto ladrón de Guevara | Proceso a favor de la impunidad

Tengo sesenta años y a pesar de que he visto y vivido muchas cosas no puedo, ni debo, admitir tanta vileza y tanta impostura.

La participación del Partido Socialista en la farsa por la paz de la Conferencia de San Sebastián con los enviados por ETA acompañados de las sanguijuelas que aprovechan que el Pisuerga pasa por Valladolid para llevarse un buen mordisco de euros en forma de dólares, es simplemente vomitiva.

En mis sesenta años nunca he cambiado de residencia, y puedo afirmar sin ningún resquicio para la duda que en Vascongadas no ha habido un conflicto, porque he sido testigo presencial de ello. Ha habido un proceso continuado e ininterrumpido de subversión contra el orden constitucional para promover la secesión vasca engañando a los ciudadanos con historietas que no tienen ninguna consistencia, y con mitos y fábulas. Yo no he visto en ningún momento dos partes enfrentadas, una guerra. Sí he visto y sufrido colateralmente la delincuencia terrorista, la extorsión y la privación de libertad. Por tanto, no hay dos partes enfrentadas que hayan de ponerse a negociar para alcanzar la paz. No hay armisticio alguno. Hay delincuentes y colectivos que han conspirado contra el orden instituido, que han coaccionado, que han destruido bienes, que han asesinado de forma vil y miserable, que han convulsionado la tranquilidad de la gente de bien. Esos, los que han producido temor y conturbación pública, los que han impedido a la gente expresarse con libertad, no tienen ni legitimidad ni derecho a pedir un acuerdo para que ETA deje de asesinar y extorsionar. Esos tienen que rendirse y entregar las armas que han servido para privar a los no nacionalistas de sus derechos.

Vascongadas no es una tierra ocupada ni es una nación con trayectoria histórica. Es falso. Ningún historiador serio puede sostener desde principios de objetividad y de rigor científico ese paradigma impuesto por la fuerza de la coacción y el terror a los ciudadanos vascongados. Vasconia es una tierra sometida durante cincuenta años al terror. Es una entidad territorial de España cuyos residentes han sido coaccionados durante decenios para que no hubiera libre tránsito de opinión e información, para ocupar todas las esferas de la sociedad y podar las ramas de la misma no sometidas a sus exigencias.

Por tanto, no hay nada de qué hablar respecto a las condiciones en las que ETA ha de abandonar el terrorismo. El Estado de Derecho se debe imponer y, sin ultrajar a las víctimas de ETA, ahogar cualquier atisbo de legitimación a los terroristas.

ETA y sus seguidores no deben tener ninguna ventaja por abandonar el terrorismo, bastante daño han hecho hasta hoy. ETA debe entregar las armas sin condiciones, y, de lo contrario, el poder del Estado ha de imponerse utilizando la violencia legítima para impedir la subversión contra el orden democrático.

Por ello, el Partido Socialista ha de pagar su traición, su falta de principios en el mantenimiento del orden democrático.

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