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Imran Firasat, paquistaní de 33 años, ha sido perseguido y agredido por manifestar publicamente su oposición a la religión islámica.

El miedo ha definido sus últimos nueve años. Ha sufrido amenazas, mutilaciones, vejaciones, injurias y su valentía le ha costado hasta la cárcel. A pesar de la condena permanente que sufre, Imran Firasat no se ha amilanado y continúa a día de hoy luchando por su causa, advertir de las atrocidades que, según él, predica el Islam.

Este ciudadano paquistaní fue hasta los 26 años un acérrimo creyente de la doctrina islámica, pero cuando se enamoró de su actual mujer, budista, la religión le dió de lado. También su familia, amigos y la sociedad paquistaní. La ley en Pakistán (el 94% de la población es musulmana) prohíbe, bajo pena de muerte, el matrimonio de parejas de religiones diferentes. "Cuando me di cuenta de que mi religión no entendía de amor, empecé a cuestionarme el sentido de mi fe", relata a LA GACETA.

A pesar de ser rechazados y denostados por su relación, Imran y su mujer, Jenny Setiwan, lucharon contra la intolerancia de su entorno y decidieron seguir juntos. Su desobediencia les costó más dolor. En 2004, las autoridades paquistaníes les sometieron a brutales interrogatorios. En uno de ellos, un agente le amputó con un cuchillo una falange del dedo pulgar izquierdo y su mujer fue violada por la policía. Tras pagar una elevada cantidad de dinero a modo de fianza, Imran decidió huir del país para poner a salvo a su mujer e hijo.

Después de un tortuoso periplo por varios centros de acogida en Alemania, en 2004 recalaron en España, concretamente en Santander. La pareja intentó rehacer su vida. Se asentaron en la ciudad cántabra, tuvieron dos hijos más e iniciaron los trámites para que les fuera concedido la condición de refugiados políticos. La Carta de Libertades de la Constitución Europea comtempla que una de las razones por las que se puede pedir ese permiso de residencia, es cuando se acredita que el traslado a su país de orígen puede ocasionar un peligro para su seguridad. Finalmente, les fue concedido ese grado en 2006.

Se sentían libres, atrás quedaban años de persecución, torturas, insultos, agresiones. Años sintiéndose como unos apatridas, todo ello por su oposición al Islam. Esa impotencia le llevó a crear un blog en el que expresa su disconformidad con su antigua creencia que, a su juicio, fomenta la vulneración de los derechos humanos. La repercusión de sus opiniones llamó la atención de la prensa de la región, pero también de la comunidad musulmana. "Criticar el Islam es peligroso", afirma imperturbable, sin que le cambie la expresión a lo largo de la conversación. Este altavoz en la red le costó contínuas amenazas de muerte e incluso agresiones físicas.

Temiendo por la integridad de su mujer y sus dos hijos decidió salir de España por una temporada y huyó a Indonesia. Durante su estancia en el país asiático, Imran no cejó en su campaña anti islámica en la red y en la calle. "Cuando escucho que un terrorista islámico se ha inmolado y ha provocado decenas de muertos, cuando veo que una persona ha sido detenida en Egipto por criticar el islam o alguien ha sido asesinado por denunciar los males de esta doctrina, no puedo reprimir mi intolerancia hacia esta religión", sostiene contundente, con la mirada fija y esta vez sí, su expresión cambió.
Imran asegura que recibió un agran apoyo de parte de la sociedad indonesia y eso no gustó a las autoridades del país. Indonesia es el país con más musulmanes del planeta. Cerraron continuamente su blog y la pesadilla volvía a repetirse. Amenazas, agresiones, asaltos en su domicilio. Pero eso no silenciaba sus críticas. En 2010, la policía le detuvo sin ninguna acusación previa. El sistema judicial de ese país, nada garantista y bastante corrupto, permitía la detención ilimitada, aunque no existieran cargos. "Tuve que sobornar a las autoridades para conseguir la libertad", confiesa Imran.

El 7 de julio de 2010 fue deportado a España. Sin su mujer e hijos, Imran regresó al país del que huyó amenazado. Tenía que rehacer su vida, otra vez, y conseguir el suficiente dinero para traer a su familia, los únicos que no le han abandonado nunca. Pero sin apenas tiempo para asimilar el nuevo reto que se le planteaba, la policía de Yakarta formuló una orden de arresto internacional por un delito de secuestro, asesinato y descuartizamiento, condenado con la pena de muerte, del que también fue acusada su mujer.

Debido a su condición de refugiado político la Audiencia Nacional negó su extradición. El juez instructor del caso, Santiago Pedraz, instó a las autoridades indonesias a aportar las pruebas que incriminaban a Imran y abrió la opción a que el juicio se celebrase en España.

A la espera de respuesta, Imran permaneció tres meses en la cárcel de Soto del Real (Madrid) y su mujer fue encarcelada en Indonesia nueve meses. El tiempo pasaba entre rejas y las autoridades de Yakarta no aportaron ninguna prueba incriminatoria contra él. "No hay pruebas. Indonesia quiere castigarme por mis críticas contra el Islam, pero como en España eso no es un delito se inventan lo del asesinato para que me extraditen y allí aplicarme su propia condena, la muerte", sentencia indignado.

El caso ha sido archivado y su mujer fue puesta en libertad. "He tenido suerte", asiente. Sorprende que alguién que ha tenido que encarar tales adversidades afirme ser un agraciado. "España es un país democrático y se ha demostrado que yo no soy un delincuente, pero si hubiera estado en Irak, Afgansitán o Pakistán, me habrían asesinado".

La prensa que un día le arropó y cedió su tribuna para que manifestara su particular visión del Islam, le apodó el 'descuartizador del Kebab'. La justicia le ha expulpado, ahora quiere que la sociedad también lo haga. Su calvario no concluyó con la acusación de asesinato, sino que se sumaron denuncias por fraude y robo, interpuestas por jefes que no aprobaban su faceta de predicador anti Islam.

Aún hoy sigue recibiendo amenazas y se siente perseguido. "Tengo protección policial, porque temo por mi vida", confiesa. Imran ha sufrido el desprecio de su fe, la religión ha sido el pretexto utilizado para infligirle y condenarle como un delincuente.

Con la voz grave, pero no por ello menos enfática, asegura que no dejará de escribir y dar a conocer su particular visión del Islam. "Para mí Mahoma no es un profeta. Un profeta habla de cosas espirituales, no de yihad (guerra santa) y de asesinar". Está convencido de que el odio es la plaga de la ensañanza en las mezquitas. "En estos lugares se habla de venganza, se dice que los que no son musulmanes son peor que perros y por eso hay que matarles".

Imran tiene un deseo. Sí, aún le quedan fuerzas para soñar. "Quiero traer a mi familia a España", afirma sonriente.

Los versículos violentos del Islam

Imran Firasat ha escrito 'El Corán, la guía del Yihad. Los versículos violentos", donde desgrana las partes más beligerantes del libro sagrado de los musulmanes. "Para mí Mahoma no es un profeta. Un profeta habla de cosas espirituales, no de yihad (guerra santa) y de asesinar", explica.

Versículo 2 "Al Bacra" Capítulo 191. "Matadles donde quiera que los encontréis y expulsadles de donde os hayan expulsado. La oposición a vuestra creencia es peor que matar"

Versículo 2. Capítulo 216 "Estáis obligados a participar en la guerra"

Versículo 4 capítulo 56. "A quienes no crean en nuestros versículos les arrojaremos a un fuego. Siempre que se les consuma la piel, se la repondremos, para que conozca el castigo. Alá es poderoso"

Criticar el Islam en Pakistán: amenazas, mutilaciones, vejaciones, injurias...

Imran Firasat, paquistaní de 33 años, ha sido perseguido y agredido por manifestar publicamente su oposición a la religión islámica.

El miedo ha definido sus últimos nueve años. Ha sufrido amenazas, mutilaciones, vejaciones, injurias y su valentía le ha costado hasta la cárcel. A pesar de la condena permanente que sufre, Imran Firasat no se ha amilanado y continúa a día de hoy luchando por su causa, advertir de las atrocidades que, según él, predica el Islam.

Este ciudadano paquistaní fue hasta los 26 años un acérrimo creyente de la doctrina islámica, pero cuando se enamoró de su actual mujer, budista, la religión le dió de lado. También su familia, amigos y la sociedad paquistaní. La ley en Pakistán (el 94% de la población es musulmana) prohíbe, bajo pena de muerte, el matrimonio de parejas de religiones diferentes. "Cuando me di cuenta de que mi religión no entendía de amor, empecé a cuestionarme el sentido de mi fe", relata a LA GACETA.

A pesar de ser rechazados y denostados por su relación, Imran y su mujer, Jenny Setiwan, lucharon contra la intolerancia de su entorno y decidieron seguir juntos. Su desobediencia les costó más dolor. En 2004, las autoridades paquistaníes les sometieron a brutales interrogatorios. En uno de ellos, un agente le amputó con un cuchillo una falange del dedo pulgar izquierdo y su mujer fue violada por la policía. Tras pagar una elevada cantidad de dinero a modo de fianza, Imran decidió huir del país para poner a salvo a su mujer e hijo.

Después de un tortuoso periplo por varios centros de acogida en Alemania, en 2004 recalaron en España, concretamente en Santander. La pareja intentó rehacer su vida. Se asentaron en la ciudad cántabra, tuvieron dos hijos más e iniciaron los trámites para que les fuera concedido la condición de refugiados políticos. La Carta de Libertades de la Constitución Europea comtempla que una de las razones por las que se puede pedir ese permiso de residencia, es cuando se acredita que el traslado a su país de orígen puede ocasionar un peligro para su seguridad. Finalmente, les fue concedido ese grado en 2006.

Se sentían libres, atrás quedaban años de persecución, torturas, insultos, agresiones. Años sintiéndose como unos apatridas, todo ello por su oposición al Islam. Esa impotencia le llevó a crear un blog en el que expresa su disconformidad con su antigua creencia que, a su juicio, fomenta la vulneración de los derechos humanos. La repercusión de sus opiniones llamó la atención de la prensa de la región, pero también de la comunidad musulmana. "Criticar el Islam es peligroso", afirma imperturbable, sin que le cambie la expresión a lo largo de la conversación. Este altavoz en la red le costó contínuas amenazas de muerte e incluso agresiones físicas.

Temiendo por la integridad de su mujer y sus dos hijos decidió salir de España por una temporada y huyó a Indonesia. Durante su estancia en el país asiático, Imran no cejó en su campaña anti islámica en la red y en la calle. "Cuando escucho que un terrorista islámico se ha inmolado y ha provocado decenas de muertos, cuando veo que una persona ha sido detenida en Egipto por criticar el islam o alguien ha sido asesinado por denunciar los males de esta doctrina, no puedo reprimir mi intolerancia hacia esta religión", sostiene contundente, con la mirada fija y esta vez sí, su expresión cambió.
Imran asegura que recibió un agran apoyo de parte de la sociedad indonesia y eso no gustó a las autoridades del país. Indonesia es el país con más musulmanes del planeta. Cerraron continuamente su blog y la pesadilla volvía a repetirse. Amenazas, agresiones, asaltos en su domicilio. Pero eso no silenciaba sus críticas. En 2010, la policía le detuvo sin ninguna acusación previa. El sistema judicial de ese país, nada garantista y bastante corrupto, permitía la detención ilimitada, aunque no existieran cargos. "Tuve que sobornar a las autoridades para conseguir la libertad", confiesa Imran.

El 7 de julio de 2010 fue deportado a España. Sin su mujer e hijos, Imran regresó al país del que huyó amenazado. Tenía que rehacer su vida, otra vez, y conseguir el suficiente dinero para traer a su familia, los únicos que no le han abandonado nunca. Pero sin apenas tiempo para asimilar el nuevo reto que se le planteaba, la policía de Yakarta formuló una orden de arresto internacional por un delito de secuestro, asesinato y descuartizamiento, condenado con la pena de muerte, del que también fue acusada su mujer.

Debido a su condición de refugiado político la Audiencia Nacional negó su extradición. El juez instructor del caso, Santiago Pedraz, instó a las autoridades indonesias a aportar las pruebas que incriminaban a Imran y abrió la opción a que el juicio se celebrase en España.

A la espera de respuesta, Imran permaneció tres meses en la cárcel de Soto del Real (Madrid) y su mujer fue encarcelada en Indonesia nueve meses. El tiempo pasaba entre rejas y las autoridades de Yakarta no aportaron ninguna prueba incriminatoria contra él. "No hay pruebas. Indonesia quiere castigarme por mis críticas contra el Islam, pero como en España eso no es un delito se inventan lo del asesinato para que me extraditen y allí aplicarme su propia condena, la muerte", sentencia indignado.

El caso ha sido archivado y su mujer fue puesta en libertad. "He tenido suerte", asiente. Sorprende que alguién que ha tenido que encarar tales adversidades afirme ser un agraciado. "España es un país democrático y se ha demostrado que yo no soy un delincuente, pero si hubiera estado en Irak, Afgansitán o Pakistán, me habrían asesinado".

La prensa que un día le arropó y cedió su tribuna para que manifestara su particular visión del Islam, le apodó el 'descuartizador del Kebab'. La justicia le ha expulpado, ahora quiere que la sociedad también lo haga. Su calvario no concluyó con la acusación de asesinato, sino que se sumaron denuncias por fraude y robo, interpuestas por jefes que no aprobaban su faceta de predicador anti Islam.

Aún hoy sigue recibiendo amenazas y se siente perseguido. "Tengo protección policial, porque temo por mi vida", confiesa. Imran ha sufrido el desprecio de su fe, la religión ha sido el pretexto utilizado para infligirle y condenarle como un delincuente.

Con la voz grave, pero no por ello menos enfática, asegura que no dejará de escribir y dar a conocer su particular visión del Islam. "Para mí Mahoma no es un profeta. Un profeta habla de cosas espirituales, no de yihad (guerra santa) y de asesinar". Está convencido de que el odio es la plaga de la ensañanza en las mezquitas. "En estos lugares se habla de venganza, se dice que los que no son musulmanes son peor que perros y por eso hay que matarles".

Imran tiene un deseo. Sí, aún le quedan fuerzas para soñar. "Quiero traer a mi familia a España", afirma sonriente.

Los versículos violentos del Islam

Imran Firasat ha escrito 'El Corán, la guía del Yihad. Los versículos violentos", donde desgrana las partes más beligerantes del libro sagrado de los musulmanes. "Para mí Mahoma no es un profeta. Un profeta habla de cosas espirituales, no de yihad (guerra santa) y de asesinar", explica.

Versículo 2 "Al Bacra" Capítulo 191. "Matadles donde quiera que los encontréis y expulsadles de donde os hayan expulsado. La oposición a vuestra creencia es peor que matar"

Versículo 2. Capítulo 216 "Estáis obligados a participar en la guerra"

Versículo 4 capítulo 56. "A quienes no crean en nuestros versículos les arrojaremos a un fuego. Siempre que se les consuma la piel, se la repondremos, para que conozca el castigo. Alá es poderoso"

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