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Fernando de Oyarbide | Entre zorra y cabrón, la justicia a verlas venir

No suelo hablar de otros sectores de la política que no sean los puramente económicos, pero “manda carallo” como decía un amigo.

Resulta que el juez del Olmo, de la Audiencia Provincial de Murcia, revoca una condena por amenazas a un hombre que llama “zorra” a su mujer, porque interpreta que emplea este término como sinónimo de “astuta, que actúa con especial precaución” tal y como acostumbra a hacer el mencionado animal, y sin embargo, la juez Ángela Murillo, que estaba juzgando a unos de estos asesinos despreciables de ETA, el tal Txapote, Andoni Otegi, Óscar Celarain y Juan Carlos Besance, tiene que retirarse del tribunal para que los abogados de los etarras no puedan alegar falta de parcialidad y objetividad porque a la juez se le escapara la frase “¡Y encima se ríen estos cabrones!.

Como bien decía Rosana Güiza en su artículo del Extraconfidencial.com “Yo, zorra; tu cabrón” dedicado al mencionado juez del Olmo… “Precisamente con términos parecidos me dirijo yo a usted, señor del Olmo, con el de “cabrón”, que es un término que no siempre denota lo que todo el mundo piensa sino que tiene otras acepciones como, coloquialmente, en Cuba, dicho de un hombre experimentado y astuto”…

Uno entiende que estos guerreros o “gudaris” -como se hacen llamar en el euskera que se inventaron-, éstos del entorno de la “aberchale siniestra” -como se diría en italiano- podrían ser unos auténticos vascos “astutos y experimentados” tal y como lo define el Diccionario de la Real Academia Española en el término de “Cabrón”, y todos los españoles que durante estos más de 50 años han preferido aferrarse al estado de derecho, en lugar de eliminarlos como la hez que son en realidad, podrían entenderlo así... ¿o no?.

Es más, la juez podía estar refiriéndose a la otra afección que también ofrece la Academia de la Lengua, cuando se refería con el término de “cabrones” aludiendo a la situación de hombres “disgustados y de mal humor” lo que sería de entender, si se tiene presente que pase lo que pase en este juicio, el tal Txapote y sus compinches, se van a pasar una larga temporada pudriéndose en la cárcel y viendo cada día amanecer desde detrás del muro, hasta que sus canas desaparezcan por su problema de alopecia crónica que más tarde o temprano acabarán teniendo.

La sociedad no puede aceptar que un juez que está juzgando a unos hombres rahezes y aziagos con las manos manchadas de sangre, pueda poner en peligro el proceso por expresar una convicción a micrófono abierto, desatino que, dicho sea de paso, ya propició el Tribunal Supremo cuando le dio la razón a los abogados del etarra Otegui cuando recusó a la misma juez.

Si esta es la lógica de la justicia española, más vale cambiar la totalidad del sistema judicial español o cambiarse de país. Y todo por unos etarras como Francisco Javier García Gaztelu, 'Txapote', Andoni Otegi, Óscar Celarain y Juan Carlos Besance cuyo único mérito es el de asesinar cobardemente al concejal de UPN en Leiza (Navarra), José Javier Múgica, el 14 de julio de 2001 con una bomba lapa que colocaron en su furgoneta.

No sé, puede que me marche a vivir a Zambia, un pequeño país que ha conseguido superarnos en leyes justas y coherentes, no por lo adelantado de su sistema judicial, sino por lo retrasados que nos estamos quedando en España.

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