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Sima tenía 11 meses cuando su padre le arrojó ácido en el rostro

Por Dazibao-Ñ-/

 
Cuando Sima tenía 10 meses su padre quiso deshacerse de ella arrojándole ácido en la cara. Ahora, tiene 10 años pero durante toda su vida deberá someterse a dolorosas operaciones. El padre, tras ser condenado a 3 meses de prisión por el hecho, repudió a la madre de Sima, aunque sigue cobrando la pensión que el Gobierno de Bangladesh abona a las víctimas de ataques con el producto corrosivo.



AsiaNews  ha dado a conocer la historia de Sima, una niña  no deseada, que  durante toda su vida padecerá las terribles secuelas en su  rostro de las quemaduras producidas por el ácido.

Los padres de Sima, siendo muy jóvenes, tuvieron un “desliz” por lo que fueron obligados por los ancianos de la aldea a contraer matrimonio. Al poco tiempo, nació Sima. Pero como el padre, al que llamaremos Muhammad, consideraba a la niña como una carga, un ser al que debería dotar cuando ésta se casara, decidió truncar su futuro mediante el ácido. Muhammad, que únicamente fue condenado por su crimen a tres meses de prisión, repudió a su esposa, a la que llamaremos Aisha, tras ser puesto en libertad; luego, se casó de nuevo y engendró otros vástagos, pero lejos de ayudar a su hija económicamente se embolsó la pensión que el Gobierno abonaba a la pequeña.

Pero Aisha, mientras que su hija permanecía en el hospital, siguió visitando a Muhammad  y fruto de esos encuentros sexuales nació otro hermano de Sima. Esta “relación” tan extraña para cualquier occidental, sin embargo, proporcionó a Aisha cierta seguridad y protección frente al estigma del repudio, que en la sociedad mahometana sitúa a la mujer en una posición de enorme vulnerabilidad.

Ahora, Sima, ya con 10 años de edad, se encuentra en un centro de huérfanos dirigido por la asociación ASF (Fundación para los Sobrevivientes del Ácido) donde ha sido acogida y  recibe tratamiento médico. La pequeña ya puede abrir y cerrar la boca, también puede comer y  hablar; los médicos le han podido reconstruir la nariz y una oreja y, afortunadamente, conserva   la visión de un ojo. Sin embargo, padece  constantes infecciones en la cabeza y su piel, demasiado tensa y fina, no se adapta al crecimiento de su cuerpo. Por otro lado, la pequeña Sima, además de sufrir continuas intervenciones, debe soportar el rechazo y la marginación de otros niños debido a su aspecto monstruoso que, desgraciadamente, ninguna cirugía podrá eliminar jamás.

En Bangladesh y Pakistán, los ataques con ácido constituyen una forma clásica y contundente de “castigar” a las mujeres, pero también los niños son víctimas del agente corrosivo cuando alguien se quiere vengar de sus padres. Aunque el delito se condena con cadena perpetua en Bangladesh ningún agresor, en el caso de ser detenido y sentenciado, pasa más de unos pocos meses en prisión, como fue el caso de Muhammad, padre de Sima.

*En la fotografía aparece Sima a la edad de cinco años.

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