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Informes oficiales: El terrorismo islámico es ya más preocupante que el de ETA en España

«La preocupación por el islamismo radical en España ha bajado porque no hay atentados, pero es un error», sostiene un experto de la Guardia Civil. «Cuando detienes a un etarra no tienes que explicar nada: hay documentos, armas, explosivos o matrículas... Un conocimiento que sustenta las actuaciones. Este terrorismo es otra cosa; la percepción es más lejana. Nuestro trabajo es presentar al juez las evidencias y que él decida».

En dos de las operaciones realizadas este año contra el terrorismo islamista los detenidos quedaron en libertad provisional. Dos jueces de la Audiencia Nacional consideraron que no había indicios suficientes para encarcelarlos. Los investigadores, sin cuestionar estas decisiones, alertan sobre la denominada «generación de Internet de Al Qaida». La Guardia Civil sostiene en un informe que esta generación «es más peligrosa que la clásica afiliada a grupos armados convencionales».

Paraíso al alcance

Según cuenta Cruz Morcillo en ABC, no es un proceso automático pasar de agitador en la red a estar dispuesto a cometer atentados, pero lo cierto es que esa radicalización es un hecho, sin necesidad de que previamente haya existido un reclutamiento formal en un grupo terrorista. Los analistas aportan una de las claves: «Un islamista puede alcanzar el paraíso tanto si muere combatiendo como si se convierte en propagandista; tiene la misma recompensa».

Los yihadistas desde su casa en Barcelona o Londres o desde una remota cueva de Afganistán utilizan Internet con desparpajo, de forma asidua y con distintos fines: propaganda, captación, reclutamiento y envío de voluntarios a zonas de conflicto, financiación, colaboración con grupos terroristas o diseño de atentados. Las posibilidades son casi infinitas y todas están amparadas bajo el paraguas del «Movimiento de la Yihad Global». Algunos de los foros más importantes tienen una media de diez mil seguidores.

Estamos ante estructuras mediáticas atomizadas, repartidas por todo el mundo, con distintos fines y audiencias. Existen canales de propaganda de un grupo terrorista concreto, foros radicales y canales independientes que se identifican con varios grupos. Todo ese batiburrillo persigue un objetivo: el éxito de la Yihad para lograr la gran «Umma» (comunidad musulmana de creyentes).

«En España no solo hay actividad en Internet, que nadie se equivoque; también logística: reuniones en garajes, en casas, en carnicerías... En el caso de Navarra en las citas de la carnicería “Karima Adimi” se decidía como financiar actividades terroristas», señalan los investigadores. El juez Marlaska consideró que no se había podido constatar una actividad continuada de financiación del terrorismo y dejó a los cinco detenidos en septiembre en libertad con cargos.

Quienes combaten el yihadismo son conscientes de las dificultades. «No podemos enfrentarnos a este terrorismo con certezas absolutas ni partir de un punto de vista occidental». Ponen un ejemplo gráfico. «A veces estás un año detrás de un tipo en un foro y al final no sabes si está tomando té o planeando un atentado».

Peculiaridades

Hasta hace un año el Código Penal tampoco estaba adaptado a las peculiaridades del terrorismo yihadista. En este sentido la doctrina del Tribunal Supremo en la sentencia del 11-M resulta elocuente: «Las ideas pueden ser contagiosas, pero no por ello necesariamente delictivas», recoge. «La manifestación de la voluntad delictiva exige que el individuo haya traspasado la línea de la exaltación y la haya concretado en un acto de voluntad medible y contrastable». Con ese criterio el TS absolvió a Almallah Dabas, condenado por la Audiencia Nacional por adoctrinar a terroristas en sus reuniones de Virgen del Coro.

Células con flexibilidad

La Fiscalía General del Estado en la circular 2/2011 aporta otra clave: «Frente a las organizaciones terroristas tradicionales, el terrorismo internacional se expande por todo el mundo a través de pequeñas células o grupos autónomos de una gran flexibilidad que se comunican, se adoctrinan, se alimentan ideológicamente e intercambian sus experiencias a traves de las nuevas tecnologías, sin dependencia ni relación jerarquica alguna entre ellas más allá de una intensa vinculación ideológica».

La propaganda en Internet no es un sustituto, es un paso; la acción violenta es la prueba final. Desde que se ingresa en un foro —se necesita aval por la desconfianza de los grupos terroristas— hasta que se acaba viajando a Afganistán hay todo un proceso, una radicalización progresiva. Algunos miembros de estos canales son moderados en su inicio pero «todo está escenificado de manera tan atractiva —desgranan los agentes— que es difícil escapar al objetivo de morir como mártir». Luego llegará la retroalimentación en el ciberespacio y la campaña mediática del combatiente ejemplar. Sin Internet hubiera sido imposible el surgimiento de tantas células locales. «En la red puedes reproducir todo salvo el atentado final».

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