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J. Garriga | El odio hacia el propio líder

8 de noviembre de 2010, elecciones autonómicas en Catalunya: el líder del partido, que había vendido la "moto" de que sacaría más de 150.000 votos y 6 diputados, se queda en 75.321 votos (un 2,40%) y sin representación alguna. Sus erráticas decisiones como la de incluir en las listas a personajes con un fuerte pasado delictivo le pasa factura. Se le acusa de mentiroso compungido.

22 de mayo de 2011, elecciones municipales en Catalunya: el líder del partido, a pesar de conseguir más de 60 concejales, muchos de ellos rebotados del sector independentista, pierde casi 10.000 apoyos (65.905 votos y un 2,30%). Se le acusa de adicto a la bebida.

20 de noviembre de 2011, elecciones generales en España: pese a la "propaganda" previa auspiciada por el gran líder del partido, anunciando grandes alianzas con formaciones para presentarse fuera de Catalunya, finalmente se presenta sólo en esta Comunidad, cosechando un resultado decepcionante, perdiendo más de 15.000 votos en tan solo un año: 59.781 votos y un 1,70%. Se le acusa de maltratador multireincidente.

El fracaso de ese gran líder consiste en disponer de la "Coca-Cola" (el discurso de la inmigración) y no saber aprovecharlo por ineficaz e inepto. Consiste en liderar el único partido catalán en realizar el mailing masivo y no sacar representación alguna. Consiste en superar todos los récords en imputaciones judiciales. Consiste en dejar que las personas más válidas abandonen el proyecto y rodearse de "chorizos" y freekies de diversa índole y procedencia. Consiste en llevar a su partido directamente hacia el ostracismo, la decadencia y la descomposición.

Ayer lo pude comprobar una vez más de primera mano: en un encuentro clandestino con afiliados y simpatizantes del partido (al que cada vez asisten más personas y con más responsabilidades), se me confirmó claramente el odio visceral que sienten sus "compañeros de partido" hacia él. ¿El motivo? Más bien LOS motivos:

1. Se ha demostrado que no sabe ejercer de líder, sino que se queda en un triste y caduco personajillo que sólo mira por sus intereses personales.

2. No da la talla fuera de su provincianismo cutre, las personas con un mínimo de raciocinio no se tragan sus patéticas salidas de tono ante la prensa y las continuas faltas de respeto hacia los propios afiliados hacen mella en su autoestima.

3. No ha sabido aglutinar a su alrededor a personas válidas, que han ido abandonando el proyecto, sino a una camarilla de personajillos miserables que intentan avanzar en su lucro personal.

4. En el partido por él presidido, brillan por su ausencia los términos OPINION, DIALOGO y CONSENSO con todas esas personas que sí que valen, que ponen la cara por un proyecto y a las que aparta sistemáticamente de la primera línea política porque le da un miedo aterrador el "golpe de estado interno".

Efectivamente, se acumulan los daños inflingidos por ese líder a su propio partido, y juntos morirán sin haber saboreado las verdaderas mieles del éxito. Es la crónica de una muerte anunciada que ya tiene fecha: octubre de 2014, en las elecciones autonómicas catalanas.

Pero al mismo tiempo un nuevo movimiento surgirá en Cataluña y el resto de España, que articulará, esta vez sí, una opción política con cara y ojos, libre de freekies, filonazis de pacotilla y fachillas del tres al cuarto.
Hasta entonces, algunos (o muchos) trabajarán en la sombra para que ello sea posible.

J. Garriga, Barcelona-España

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