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Más de 30 personas han muerto en Afganistán por la quema de coranes en la base norteamericana de Bagram

Por Dazibao-Ñ-/
En Afganistán, ya han muerto treinta personas después de seis días de protestas por la quema de coranes. Trabajadores afganos de la base norteamericana de Bagram afirman que los ejemplares del Noble Corán fueron lanzados al fuego pese a sus súplicas. Ayer, estalló una bomba en el aeropuerto militar de Jalalabad, con el resultado de nueve víctimas mortales.

 

El 25 de febrero fue una jornada de ira en Afganistán. Miles de ululantes seguidores del “Profeta” rodearon las instalaciones de Naciones Unidas en Kunduz.  En Mehtherlam, capital de la provincia de Logar, fue asaltado y saqueado el edificio del gobierno local. Dos soldados norteamericanos perdieron la vida y un manifestante estiró el remo.

Los efectos balsámicos de las disculpas de Obama no han producido los efectos esperados; siguen estallando motines y algaradas; momias vociferantes, inflamadas de ardor guerrero, claman venganza; líderes religiosos, que parecen recién salidos del sarcófago, maldicen  aspados a los infieles en el nombre de Alá; la histeria crece y se teme que la algarabía se extienda fuera de Afganistán.

Por su parte, la agencia católica de noticias AsiaNews, siempre tan oportuna, reproduce la declaración de uno de los trabajadores afganos que fueron testigos presenciales del incidente: “ Llegaron tres soldados en un camión cargado de libros y material religioso. Cuando comenzaron a arrojar el contenido a la incineradora, les dijimos si eran conscientes de que estaban quemando ejemplares del Corán, pero nos respondieron que todo  el material procedía de la prisión y que tenían orden de destruirlo”. Según la agencia mencionada, los islamitas metieron sus manos en el fuego y consiguieron extraer ocho ejemplares del Corán, aunque en su intento se abrasaron las manos.

El “doloroso suceso” pone en riesgo los esfuerzos realizados por los norteamericanos para atraer a su causa a los naturales del país, con quienes siempre han intentado mantener unas relaciones de exquisito respeto. Y prueba de ello es que el Alto Mando prohibió a los marines en agosto de 2011, por ejemplo, emitir sonoras flatulencias en presencia de los afganos. Sin embargo, justo es reconocer que  acallar al tuerto no es siempre empresa fácil como advirtió Quevedo: “El señor don Argamasilla cuando sale chilla”.

Ayer, un talibán-bomba se despedazó en el aeropuerto militar  de Jalalabad, segando la vida de nueve personas. Quienes han reivindicado el atentado afirman que su acción es una respuesta a la quema del Corán en la base de Bagram. Ya han sido inmoladas en Afganistán 30 personas porque el Corán, que sólo puede ser observado con el único ojo que no tiene niña, ha sido incinerado. Pero  estas enloquecidas cotorras que braman porque su “Libro” ha ido a donde corresponde, ya se encuentran en nuestras ciudades. Y apuñalan a cineastas, amenazan a escritores y persiguen feroces a humoristas. Esas momias recalcitrantes están entre nosotros, durmientes pero expectantes. Y Alá sabe más y mejor.

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