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Óscar Rivas | Predicar con el ejemplo

Tras setenta días de gobierno, no podemos negar que el PP ha anunciado medidas de calado político que no nos disgustan. Así, nos satisface la reforma del sistema de elección de los vocales del CGPJ, un primer paso hacia la despolitización de la justicia. Del mismo modo que nos agrada la anunciada reforma de la ley del menor. Al igual que la futura Ley del aborto, en cuya virtud se retornará al modelo de supuestos. En cuanto a la Ley de Transparencia, qué decir de ella; de confirmarse las palabras de Montoro, los gestores políticos que gasten en exceso, deberán asumir responsabilidades penales; lo cual, la verdad sea dicha, no terminamos de creernos.

De materializarse finalmente estos proyectos, sería de obligado cumplimiento felicitar al gobierno de Rajoy. Ahora bien, no dejan de ser declaraciones de intenciones. Si nos atenemos a los hechos, a día de hoy, las medidas implementadas por el gabinete liberal, se reducen a su nada liberal subida de impuestos. La cual es tan solo un anticipo de lo que nos espera en materia económica. Sin ir más lejos, gracias a la indiscreción de una inoportuna cámara televisiva, sabemos que Rajoy da por hecho que la reforma laboral que viene le costará una huelga general, y que muchas de las decisiones que van a tomar “no van a gustar”.

Entra dentro de lo posible que con sus anunciados proyectos, el PP trate de distraer la atención de su electorado, esperando con ello paliar los costes que, intuyen, les supondrá la inevitable implementación de políticas económicas impopulares. Sin embargo, quienes votaron al PP lo hicieron asumiendo que éste habría de tomar medidas difíciles; comprendían que era el precio que habrían de pagar por sacar a España de la depresión a la que le habían abocado los ominosos años de zapaterismo; pero también daban por hecho que, con razones o sin ellas, antes o después, los sindicatos les montarían una huelga. ¿Y qué? Si no fuera por la interesada desvergüenza del PSOE y la congénita estupidez del PP que les sigue subvencionando, los señores de CCOO y UGT estarían friendo espárragos. No nos equivoquemos. El electorado asume que el gobierno tome “medidas difíciles”. Lo que no comprende es que la casta no se aplique el cuento, pues ¿qué medidas difíciles ha tomado consigo misma? ¿Acaso ha reducido algunos de sus múltiples privilegios? Si no hay dinero, ¿por qué no moderan sus salarios, que están muy por encima de la media nacional? ¿Por qué siguen financiando de nuestros bolsillos a parásitos como la CEOE o los sindicatos? Si la crisis es para todos, ¿por qué la cargan únicamente sobre los hombros de la castigada clase media? ¿Por qué no se atreven a tocar las sicav, auténticos paraísos de los ricos? La verdad es que el PP asegura detestar el socialismo, pero sus actitudes no difieren demasiado de aquel. Es esto y no la huelga lo que debería preocupar a Rajoy. Predicar con el ejemplo, lo llaman.

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