SON INCAPACES DE ENCONTRAR MARIDO

Poligamia: Musulmanes llevan a Reino Unido cerca de 12.000 mujeres procedentes de países islámicos para casarse con ellas

Una nueva controversia arrecia estos días entre los cristianos y la comunidad islámica del Reino Unido.

Las musulmanas británicas que gozan de formación, un alto estatus social y un estilo de vida relativamente occidentalizado están eligiendo, no obstante, entrar en relaciones polígamas –en las que un marido comparte a varias esposas– de forma voluntaria. La mayoría, en concreto, elige ser la coesposa de un hombre, es decir, su segunda o tercera mujer, informa ‘El Confidencial’.

¿Pocos hombres?

El Islamic Sharia Council –una organización radicada en Londres que presta asistencia y guía legal a los musulmanes británicos– declaraba recientemente a los medios del país que las solicitudes cursadas por mujeres y relacionadas con los matrimonios polígamos empiezan a alcanzar cotas sin precedentes.

El fenómeno tiene su origen en la escasez de hombres musulmanes. Cada año, los varones de esta religión llevan a Reino Unido cerca de 12.000 mujeres procedentes de países islámicos para casarse con ellas. La práctica se da especialmente entre los hombres con mayor poder adquisitivo, aquellos que pueden costear el viaje y la manutención de esposas extranjeras.

Las musulmanas de clase alta encuentran pocos compañeros solteros y con el mismo rango, profesional o económico. Otras sólo son capaces de encontrar un soltero musulmán disponible con el que guardan grandes diferencias de tipo cultural: si bien ellas pueden ser magrebíes, bangladeshíes o turcas, sus maridos potenciales son de Arabia Saudí, Pakistán o la India.

El resultado es que, pese a llevar en parte la vida de una fémina occidental –muchas, incluso, son independientes– acaban eligiendo entrar en una relación polígama. La polémica arrecia en el país anglosajón, donde sólo existe un tipo de matrimonio: el monógamo formado por un hombre y una mujer. La poligamia está oficialmente prohibida, aunque persiste y está muy extendida en algunas comunidades islámicas. Después de celebrar un matrimonio legal con la que será su primera esposa, muchos musulmanes británicos celebran una segunda y tercera boda, denominada nikah.

Entre los más críticos con el fenómeno no escasean los que acusan a las instituciones británicas de hacer la vista gorda. Y el Muslim Public Affairs Committee –una organización sin ánimo de lucro para la integración musulmana en Reino Unido– ha advertido en reiteradas ocasiones que siendo la poligamia una figura no reconocida por las leyes en el país, las mujeres que la practican carecen de protección legal efectiva.

Mujeres con pantalones

Lo sorprendente del fenómeno es que la iniciativa “parte de las mujeres, no de los hombres”, según confirma Mizan Raja. Este musulmán, que se dedica a organizar matrimonios islámicos por todo el mundo con su compañía Islamic Circles explica que “en una generación, las mujeres se han vuelto educadas, profesionales y competitivas” y que esto ha llevado a una crisis en la moderna sociedad musulmana, que aún no ha aprendido a resolver situaciones en las que es la mujer quien toma la iniciativa. La comunidad, comenta Raja, no sabe “cómo lidiar con la situación cuando la mujer quiere llevar los pantalones”.

El problema es especialmente visible en Reino Unido, donde buena parte de los que rinden culto a Alá son británicos de nacimiento y donde la brecha cultural, salarial y profesional entre cristianos y mahometanos es cada vez menos pronunciada. Según datos de Equality and Human Rights Comission que airean estos días diversos medios ingleses, las mujeres de origen bangladeshí y pakistaní tienen más probabilidades de encontrar trabajo que sus compatriotas masculinos.

Sin embargo, Mizan Raja cuenta que “la mayoría de los hombres que recurren a nuestros servicios quieren llegar a casa y tener la comida en la mesa”. Buscan, según Rajá, “un ama de casa, que es a lo que se dedican las mujeres religiosas. La mayoría no considerará la posibilidad de casarse con una mujer que trabaje porque les supone un quebradero de cabeza”.

Razones prácticas

Algunos ya llaman a esto la crisis de la soltera musulmana; la emancipación de la mujer islámica ya no está lastrada sólo por convenciones religiosas y machistas. Cuando son independientes y exitosas profesionalmente, su conducta se ve sancionada también por la dificultad –práctica e ideológica– de encontrar marido.

Una de ellas se expresaba recientemente bajo el seudónimo de Aisha: “Me enamoré de un hombre casado que me ofreció incluso dejar a su mujer”. Aisha, no obstante, tiene tres hijas de un matrimonio anterior y no deseaba, en sus propias palabras, convertirse en “una señora de mi casa” ni que sus hijas crecieran en un hogar regido por usos y convenciones que ella considera obsoletas e injustas. Así que aceptó convertirse en la segunda esposa del que, hasta entonces, era su amante, lo que le permite formar parte de su familia sólo durante unas horas al día: “No quería cocinar para él ni estar constantemente bajo su control”, explica.

De hecho, muchos arguyen que existen motivos prácticos que llevan a algunas de estas mujeres a elegir voluntariamente este tipo de fórmula, incluso cuando podrían acceder a un matrimonio tradicional. El periodista y productor Perminder Khatkar, especializado en reportajes y actualidad del mundo musulmán, explica que “en muchos casos, a las mujeres profesionales les atrae la idea de convertirse en la segunda esposa de alguien porque eso puede ayudarle con sus carreras”. Incluso “si la primera esposa es muy tradicional, puede delegar en ella el cuidado de sus propios hijos”.

 



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