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Por mi edad tengo experiencia. La experiencia es sabiduría, por conocimiento empírico. Quien no ha estado militando en la izquierda puede conocerla por los efectos producidos por ésta, pero se ha perdido la oportunidad de conocerla por dentro. Yo he tenido la ocasión de vivir la izquierda porque estuve militando durante dieciocho años en el PSOE y he visto desde dentro cómo funciona la UGT. Por tanto, a mí no me engañan ya éstos. Los conozco.

Pero, además, unas pocas lecturas, aunque esenciales, como las memorias de Alcalá Zamora, Gregorio Marañón, Salvador Maradiaga, Sánchez Albornoz, incluso las del culpable por cómplice y actuante directo en el desastre de la II República, el Presidente de la República durante del golpe de Estado que fue el Frente Popular, Azaña, nos dan las claves de cómo actúa la izquierda cuando pierde el poder.

Una mayoría absoluta de los ciudadanos de España han pedido a Rajoy con los votos que ponga remedio al desastre monumental de la herencia de Zapatero y sus gobiernos, que resuelva la hecatombe económica y sus efectos sobre el drama que sufren millones de españoles con el paro, y todos los males derivados de la ruina en la que estamos. Eso es lo que todos llamamos soberanía popular, en definitiva democracia, aunque ésta sea limitada y muy deficitaria, como todos sabemos. La Constitución ya solamente existe en el papel no en la práctica. La izquierda y sus acompañantes nacionalistas se la han cargado con la inestimable ayuda del Tribunal Constitucional. Por eso, un sector importantísimo de la sociedad que responde a las características típicas de la izquierda sociológica ha girado su voto para que alguien cargado de sentido común y de razón nos saque del marasmo.

Sin embargo, la izquierda no se resigna a perder. Ya lo dijo Rubalcaba, alto y claro, para que todo el mundo lo entienda: "Se suele decir que hace mucho frío fuera, en la calle, pero yo les he dicho todo lo contrario, que donde hace frío es en Ferraz y hay que salir a la calle. Además vamos a quitar la calefacción de la sede porque vamos muy mal de recursos". Para el que no lo entienda: hay que salir a la calle para hacer oposición no desde las instituciones sino desde la agitación de masas que es lo habitual en todos estos casos.

Tenemos múltiples experiencias en ese sentido. Al presidente Adolfo Suárez se le tiró del Gobierno. Yo mismo participé en múltiples manifestaciones en aquel tiempo, -hoy soy un arrepentido-. Y se dice, por quien conoce los entresijos del 23-F, que los dirigentes del PSOE, entonces, no estuvieron ajenos a aquel complot que abortó el propio Tejero cuando se enteró del gobierno de concentración que se había preparado. Parece que el único que estuvo al margen de aquella conspiración fue el propio Suárez que era la víctima de las bofetadas que le vinieron desde dentro de su partido y desde fuera, hasta que no le quedó más opción que abandonar el gobierno pese a la legitimación que obtuvo en las urnas. La caída del PP el 11-M tampoco está clara. No tengo nada claro que no estuviera, al menos, “informado” el mismísimo Rubalcaba de lo que se preparó. Al menos están bajo sospecha muchos extremos claves para explicar aquel atentado, como la destrucción de las pruebas (trenes….), etc.

En este momento, como otras veces en la historia de la fallida democracia en este país, se utiliza a los inexpertos y manipulables estudiantes para agitar la calle. Los sindicatos están preparando las teas incendiarias con la inestimable presencia y ayuda de dirigentes socialistas y de la izquierda comunista que no falta ni una sola vez a los procesos de insurrección. No han dejado pasar ni los cien días de rigor para evaluar la acción de gobierno y pretenden sabotear las medidas que, legítimamente y por mandato de los electores, que votaron en su aplastante mayoría, el programa electoral del PP, se están poniendo en marcha. Salvo en lo que se refiere a la subida de impuestos, que es un incumplimiento del programa electoral, pero una medida de emergencia ante el agujero en las cuentas que se ha heredado ante el dispendio planificado del anterior gobierno para dejar el erario inservible, con gastos pintorescos y absolutamente impresentables, todo lo demás estaba anunciado y los españoles han aceptado a sabiendas de que llegaban tiempos de escasez.

¿La izquierda es democrática? La respuesta es rotunda: NO. Y por eso la consolidación del periodo abierto por la Constitución del 78 nunca podrá ser una realidad. Esa es la triste situación en la que nos encontramos.

Y lo que vendrá…

Ernesto Ladrón de Guevara | ¿Hay una "izquierda" democrática?

Por mi edad tengo experiencia. La experiencia es sabiduría, por conocimiento empírico. Quien no ha estado militando en la izquierda puede conocerla por los efectos producidos por ésta, pero se ha perdido la oportunidad de conocerla por dentro. Yo he tenido la ocasión de vivir la izquierda porque estuve militando durante dieciocho años en el PSOE y he visto desde dentro cómo funciona la UGT. Por tanto, a mí no me engañan ya éstos. Los conozco.

Pero, además, unas pocas lecturas, aunque esenciales, como las memorias de Alcalá Zamora, Gregorio Marañón, Salvador Maradiaga, Sánchez Albornoz, incluso las del culpable por cómplice y actuante directo en el desastre de la II República, el Presidente de la República durante del golpe de Estado que fue el Frente Popular, Azaña, nos dan las claves de cómo actúa la izquierda cuando pierde el poder.

Una mayoría absoluta de los ciudadanos de España han pedido a Rajoy con los votos que ponga remedio al desastre monumental de la herencia de Zapatero y sus gobiernos, que resuelva la hecatombe económica y sus efectos sobre el drama que sufren millones de españoles con el paro, y todos los males derivados de la ruina en la que estamos. Eso es lo que todos llamamos soberanía popular, en definitiva democracia, aunque ésta sea limitada y muy deficitaria, como todos sabemos. La Constitución ya solamente existe en el papel no en la práctica. La izquierda y sus acompañantes nacionalistas se la han cargado con la inestimable ayuda del Tribunal Constitucional. Por eso, un sector importantísimo de la sociedad que responde a las características típicas de la izquierda sociológica ha girado su voto para que alguien cargado de sentido común y de razón nos saque del marasmo.

Sin embargo, la izquierda no se resigna a perder. Ya lo dijo Rubalcaba, alto y claro, para que todo el mundo lo entienda: "Se suele decir que hace mucho frío fuera, en la calle, pero yo les he dicho todo lo contrario, que donde hace frío es en Ferraz y hay que salir a la calle. Además vamos a quitar la calefacción de la sede porque vamos muy mal de recursos". Para el que no lo entienda: hay que salir a la calle para hacer oposición no desde las instituciones sino desde la agitación de masas que es lo habitual en todos estos casos.

Tenemos múltiples experiencias en ese sentido. Al presidente Adolfo Suárez se le tiró del Gobierno. Yo mismo participé en múltiples manifestaciones en aquel tiempo, -hoy soy un arrepentido-. Y se dice, por quien conoce los entresijos del 23-F, que los dirigentes del PSOE, entonces, no estuvieron ajenos a aquel complot que abortó el propio Tejero cuando se enteró del gobierno de concentración que se había preparado. Parece que el único que estuvo al margen de aquella conspiración fue el propio Suárez que era la víctima de las bofetadas que le vinieron desde dentro de su partido y desde fuera, hasta que no le quedó más opción que abandonar el gobierno pese a la legitimación que obtuvo en las urnas. La caída del PP el 11-M tampoco está clara. No tengo nada claro que no estuviera, al menos, “informado” el mismísimo Rubalcaba de lo que se preparó. Al menos están bajo sospecha muchos extremos claves para explicar aquel atentado, como la destrucción de las pruebas (trenes….), etc.

En este momento, como otras veces en la historia de la fallida democracia en este país, se utiliza a los inexpertos y manipulables estudiantes para agitar la calle. Los sindicatos están preparando las teas incendiarias con la inestimable presencia y ayuda de dirigentes socialistas y de la izquierda comunista que no falta ni una sola vez a los procesos de insurrección. No han dejado pasar ni los cien días de rigor para evaluar la acción de gobierno y pretenden sabotear las medidas que, legítimamente y por mandato de los electores, que votaron en su aplastante mayoría, el programa electoral del PP, se están poniendo en marcha. Salvo en lo que se refiere a la subida de impuestos, que es un incumplimiento del programa electoral, pero una medida de emergencia ante el agujero en las cuentas que se ha heredado ante el dispendio planificado del anterior gobierno para dejar el erario inservible, con gastos pintorescos y absolutamente impresentables, todo lo demás estaba anunciado y los españoles han aceptado a sabiendas de que llegaban tiempos de escasez.

¿La izquierda es democrática? La respuesta es rotunda: NO. Y por eso la consolidación del periodo abierto por la Constitución del 78 nunca podrá ser una realidad. Esa es la triste situación en la que nos encontramos.

Y lo que vendrá…

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