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La joven hindú Bharti, de 15 años, salió en diciembre del año pasado de su casa, en esta meridional ciudad pakistaní, rumbo a una clase de costura. Nunca regresó. Tres días después, su padre, Narain Das, supo que se había convertido al Islam.

"Nos quedamos muy preocupados cuando no regresó. Al final me enteré de que la había secuestrado el hijo del policía de la zona cuando ella estaba cerca de un mercado vecino para comprar ribetes", relató Das, un chofer de 55 años que ahora está desempleado.

"La retuvo tres días. No sé qué le hizo. Luego afirmó que ella había aceptado casarse", apuntó.

La población hindú representa solo uno por ciento de los 180 millones de habitantes de este país. La independiente Comisión de Derechos Humanos de Pakistán (HRCP, por sus siglas en inglés) observó un preocupante aumento en el número de secuestros de niñas hindúes que son obligadas a convertirse al Islam.

El último episodio mediático fue el de Lata Kumar, médica del Hospital Universitario Aga Jan, de Karachi, quien fue secuestrada el 28 de febrero. La familia la buscó y el caso terminó en la justicia.

Su padre, Ramesh Kumar, quien tiene una clínica privada en Jacobabad, un pueblo de la sureña provincia de Sindh, dijo a IPS: "Cuando pasó al lado de mi otra hija, Jyoti, en el tribunal, le susurró desesperada ‘haz algo por mí’, antes de que se la llevaran a toda prisa".

Kumar está seguro de que su hija, ahora comprometida para casarse, no se fugó.

"¿Por qué nos habría pedido ayuda si se hubiera escapado? Y si se convirtió por voluntad propia, ¿por qué no la podemos ver? Después de todo, somos su familia", alegó.

La Alta Corte de Sindh ordenó a Lata permanecer en un refugio estatal hasta que emita su veredicto. Pero algunos legisladores dudosos de su seguridad urgieron a las autoridades a llevarla a Islamabad.

Lata está en el refugio con Rinkle Kumari, ahora "Faryal Shah", de Ghotki, en la provincia de Sindh. Su padre, el maestro Nand Lal, mudó a toda su familia y se instaló en un templo sij, en Lahore, en la oriental provincia de Punyab.

"Por lo menos entre 20 y 25 jóvenes son secuestradas al mes e inmediatamente adoptan el Islam", señaló Amarnath Motumel, abogado de la HRCP.

El miedo por los secuestros y las conversiones es tan grande dentro de la comunidad hindú que muchas personas del interior de la provincia de Sindh dejan de mandar a sus hijas a la escuela cuando llegan a la adolescencia.

El exlegislador Ramesh Kumar, presidente del Consejo Hindú de Pakistán, señaló que las conversiones forzadas, los chantajes y los secuestros con pedido de rescate hacen que muchas familias hindúes emigren todos los años.

"Es nuestro hogar, pero cuando el Estado no garantiza la protección de sus ciudadanos, no tienen más remedio que marcharse", dijo a IPS. "Las cosas están fuera de nuestro control", apuntó.

Lakshman, el hijo de 24 años de Narain Das, se convirtió al Islam hace unos años y se fue de su casa. Tres años después, volvió en un estado deplorable, llamándose Abdul Rehman y rogándoles a sus padres que lo aceptaran.

Pero en Pakistán la apostasía de un musulmán se castiga con la muerte. "Para salvarlo tuvimos que convertir a una niña hindú al Islam y casarlos", indicó.

La primera vez que Dhan Bai vio a su hija Bharti tras el secuestro fue en el juzgado. "Estaba cubierta de la cabeza a los pies con una abaya negra (túnica que se usa por encima de la ropa), un atuendo que nunca había usado. Solo se veían sus ojos y parecía que había estado llorando", relató.

El periodista hindú Amar Guriro señaló que la mayoría de las conversiones forzadas ocurren en las castas altas o empresariales hindúes.

Hay casos reales en que las adolescentes son secuestradas, obligadas a convertirse y a casarse con musulmanes, indicó, pero también hay otros en que ellas "adoptan el Islam por voluntad propia porque la dote es un gran problema en nuestra comunidad", añadió.

En algunos casos, indicó, "las familias de la joven deben pagar hasta dos millones de rupias (unos 22.000 dólares) de dote; de lo contrario, no se puede casar. A veces, cuando consiguen pareja deciden escapar", añadió.

La comunidad hindú tiene 17 de los 30 escaños reservados a las minorías religiosas en la asamblea nacional y en las cuatro provinciales, pero "nunca se molestaron en reglamentar el sistema de dote ni la conversión forzada", observó Guriro.

Motumel reconoció que la dote derivó en que muchas mujeres hindúes se casaran fuera de su comunidad, pero los extremistas islámicos les dieron todo un nuevo sentido a las conversiones.

"Predican a los jóvenes que convertir a una persona al Islam les garantiza un lugar en el Paraíso", indicó.

El clérigo Mufti Mohammad Mufti Naim, del seminario de Jamia Binoria, en Karachi, dijo que las conversiones forzadas "son pura propaganda de las organizaciones no gubernamentales" en su contra.

"Debemos haber convertido a unos 200 hombres y mujeres al Islam en los últimos ocho o nueve meses", reconoció.

"Tengo una lista de las personas convertidas al Islam, y todas vinieron por voluntad propia. Puede llamarlas y preguntarles si las obligaron o fueron coaccionadas. Viven en una cultura islámica y es natural que se sientan atraídas hacia ella", explicó.

Quienes propaguen el mensaje del Islam y "atraigan personas serán bendecidas en el más allá", añadió Naim.

"Perdí la fe en la justicia", se lamentó Motumel, quien ha representado a una veintena de familias hindúes en casos de conversión religiosa.

"Lo primero que el juez le pide a la joven es que recite el Kalma (principio básico mediante el cual se acepta ser musulmán) y después que lo hace, ninguna familia hindú la recupera", añadió.

En el juzgado, "cuando entra una joven, suele estar rodeada de fanáticos religiosos que crean una atmósfera de temor, no solo para ella, sino para los abogados e, incluso, los jueces", señaló.

"Afuera, hay hombres armados esperando a que salga la multitud", añadió.

Adolescentes hindúes atrapadas en conversiones forzadas

La joven hindú Bharti, de 15 años, salió en diciembre del año pasado de su casa, en esta meridional ciudad pakistaní, rumbo a una clase de costura. Nunca regresó. Tres días después, su padre, Narain Das, supo que se había convertido al Islam.

"Nos quedamos muy preocupados cuando no regresó. Al final me enteré de que la había secuestrado el hijo del policía de la zona cuando ella estaba cerca de un mercado vecino para comprar ribetes", relató Das, un chofer de 55 años que ahora está desempleado.

"La retuvo tres días. No sé qué le hizo. Luego afirmó que ella había aceptado casarse", apuntó.

La población hindú representa solo uno por ciento de los 180 millones de habitantes de este país. La independiente Comisión de Derechos Humanos de Pakistán (HRCP, por sus siglas en inglés) observó un preocupante aumento en el número de secuestros de niñas hindúes que son obligadas a convertirse al Islam.

El último episodio mediático fue el de Lata Kumar, médica del Hospital Universitario Aga Jan, de Karachi, quien fue secuestrada el 28 de febrero. La familia la buscó y el caso terminó en la justicia.

Su padre, Ramesh Kumar, quien tiene una clínica privada en Jacobabad, un pueblo de la sureña provincia de Sindh, dijo a IPS: "Cuando pasó al lado de mi otra hija, Jyoti, en el tribunal, le susurró desesperada ‘haz algo por mí’, antes de que se la llevaran a toda prisa".

Kumar está seguro de que su hija, ahora comprometida para casarse, no se fugó.

"¿Por qué nos habría pedido ayuda si se hubiera escapado? Y si se convirtió por voluntad propia, ¿por qué no la podemos ver? Después de todo, somos su familia", alegó.

La Alta Corte de Sindh ordenó a Lata permanecer en un refugio estatal hasta que emita su veredicto. Pero algunos legisladores dudosos de su seguridad urgieron a las autoridades a llevarla a Islamabad.

Lata está en el refugio con Rinkle Kumari, ahora "Faryal Shah", de Ghotki, en la provincia de Sindh. Su padre, el maestro Nand Lal, mudó a toda su familia y se instaló en un templo sij, en Lahore, en la oriental provincia de Punyab.

"Por lo menos entre 20 y 25 jóvenes son secuestradas al mes e inmediatamente adoptan el Islam", señaló Amarnath Motumel, abogado de la HRCP.

El miedo por los secuestros y las conversiones es tan grande dentro de la comunidad hindú que muchas personas del interior de la provincia de Sindh dejan de mandar a sus hijas a la escuela cuando llegan a la adolescencia.

El exlegislador Ramesh Kumar, presidente del Consejo Hindú de Pakistán, señaló que las conversiones forzadas, los chantajes y los secuestros con pedido de rescate hacen que muchas familias hindúes emigren todos los años.

"Es nuestro hogar, pero cuando el Estado no garantiza la protección de sus ciudadanos, no tienen más remedio que marcharse", dijo a IPS. "Las cosas están fuera de nuestro control", apuntó.

Lakshman, el hijo de 24 años de Narain Das, se convirtió al Islam hace unos años y se fue de su casa. Tres años después, volvió en un estado deplorable, llamándose Abdul Rehman y rogándoles a sus padres que lo aceptaran.

Pero en Pakistán la apostasía de un musulmán se castiga con la muerte. "Para salvarlo tuvimos que convertir a una niña hindú al Islam y casarlos", indicó.

La primera vez que Dhan Bai vio a su hija Bharti tras el secuestro fue en el juzgado. "Estaba cubierta de la cabeza a los pies con una abaya negra (túnica que se usa por encima de la ropa), un atuendo que nunca había usado. Solo se veían sus ojos y parecía que había estado llorando", relató.

El periodista hindú Amar Guriro señaló que la mayoría de las conversiones forzadas ocurren en las castas altas o empresariales hindúes.

Hay casos reales en que las adolescentes son secuestradas, obligadas a convertirse y a casarse con musulmanes, indicó, pero también hay otros en que ellas "adoptan el Islam por voluntad propia porque la dote es un gran problema en nuestra comunidad", añadió.

En algunos casos, indicó, "las familias de la joven deben pagar hasta dos millones de rupias (unos 22.000 dólares) de dote; de lo contrario, no se puede casar. A veces, cuando consiguen pareja deciden escapar", añadió.

La comunidad hindú tiene 17 de los 30 escaños reservados a las minorías religiosas en la asamblea nacional y en las cuatro provinciales, pero "nunca se molestaron en reglamentar el sistema de dote ni la conversión forzada", observó Guriro.

Motumel reconoció que la dote derivó en que muchas mujeres hindúes se casaran fuera de su comunidad, pero los extremistas islámicos les dieron todo un nuevo sentido a las conversiones.

"Predican a los jóvenes que convertir a una persona al Islam les garantiza un lugar en el Paraíso", indicó.

El clérigo Mufti Mohammad Mufti Naim, del seminario de Jamia Binoria, en Karachi, dijo que las conversiones forzadas "son pura propaganda de las organizaciones no gubernamentales" en su contra.

"Debemos haber convertido a unos 200 hombres y mujeres al Islam en los últimos ocho o nueve meses", reconoció.

"Tengo una lista de las personas convertidas al Islam, y todas vinieron por voluntad propia. Puede llamarlas y preguntarles si las obligaron o fueron coaccionadas. Viven en una cultura islámica y es natural que se sientan atraídas hacia ella", explicó.

Quienes propaguen el mensaje del Islam y "atraigan personas serán bendecidas en el más allá", añadió Naim.

"Perdí la fe en la justicia", se lamentó Motumel, quien ha representado a una veintena de familias hindúes en casos de conversión religiosa.

"Lo primero que el juez le pide a la joven es que recite el Kalma (principio básico mediante el cual se acepta ser musulmán) y después que lo hace, ninguna familia hindú la recupera", añadió.

En el juzgado, "cuando entra una joven, suele estar rodeada de fanáticos religiosos que crean una atmósfera de temor, no solo para ella, sino para los abogados e, incluso, los jueces", señaló.

"Afuera, hay hombres armados esperando a que salga la multitud", añadió.

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