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Amputaciones, mujeres pateadas y pedofilia en el islam

Por Dazibao-Ñ-/
En Irán, los ayatolas siguen amputando manos y apaleando a mujeres que no se cubren con la preceptiva sábana negra. Pero en Arabia, patria del “Profeta”, se divierte la cochambre pedófila con menores y no precisamente en lugares ocultos.

En Irán, le cortarán a un ladrón los cuatro dedos de la mano derecha en aplicación del Código Penal Islámico, según informa la agencia Mohabat News que, sin embargo, guarda silencio sobre qué dedo ha sido indultado. También en la República Islámica de Irán, las mujeres no cesan de ser pateadas, vejadas y detenidas por el hecho de no cubrirse con la preceptiva sábana negra, aunque si acuden a la Feria del Libro de Teherán ataviadas con la mortaja islámica son obsequiadas con flores y singular galantería.

Pero en las naciones islámicas los viriles muslimes no sólo se dedican a poner los pies y las manos en las personas de las mujeres, por supuesto, ya que entre amputaciones, decapitaciones y despedazamientos hay siempre un momento para el solaz  de los varones, como se observa en el vídeo en el que aparece un menor bailando de manera provocativa ante un estregado público masculino.

VÍDEO.

Si Mahoma prometió a algunos de sus seguidores que en el Paraíso “serían atendidos por jóvenes inmortales (..) puros como perlas ocultas”, el poeta Abu Nuwas de manera más directa escribió: ¡Oh, la alegría de la sodomía! Entonces ahora sed sodomitas, vosotros los árabes. No la rechacéis, porque en ella el placer es maravilloso. Tomad a un chaval tímido con rizos y montadlo mientras él permanece de pie al igual que una gacela frente a su pareja. Un chaval al que todos vean ciñendo su espada y cinturón, y no como vuestra puta que tiene que usar el velo. ¡Dirigíos a los muchachos  de piel suave y haced lo posible para montarlos, porque las mujeres son la cabalgadura de los demonios”.

Aficionados a la alegría de la sodomía fueron Mehmed, el conquistador de Constantinopla, y Abderramán III, poseedor de un harén masculino, que torturó y asesinó a Pelayo cuando éste contaba con 10 años de edad. San Pelayo, sobrino del obispo de Tuy, murió en el año 925 por negarse a complacer los deseos sexuales del califa. También en El collar de la paloma, de Ibn Hazan, se encuentran relatos sorprendentes sobre hombres sabios y virtuosos que se deleitaron con la alegría de la sodomía en Al-Andalus, el Paraíso perdido de los hijos de Alá.

Han pasado los siglos, pero en la sociedad mahometana persisten los viejos y eternos vicios: las más repugnantes prácticas sexuales pedófilas con menores de ambos sexos y una sorprendente doble moral respecto a la homosexualidad . Pero también  han sido resucitadas en los últimos años las tradiciones islámicas más crueles y salvajes como la lapidación y las amputaciones de miembros. Y a los predicadores agarenos del odio, la intolerancia y el crimen los tenemos ya en nuestra casa, donde exigen su “derechos” a subsidio y mezquita.

 

 

 

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