El libro recoge un innumerable anecdotario de cientos de casos, como Michael Douglas que padece ‘satiriasis’, que, durante los rodajes, se pone preservativo incluso en las escenas sin sexo y que se masturba entre escenas. También de circunstancias extrañas, cuanto menos, como la de Djuna Barnes, que primero se lo hizo con la abuela y luego con el padre, o la de Gómez de la Serna con su hijastra alegre.
¿Sabías que Cleopatra se volvía loca por realizar felaciones a cientos de hombres… incluidos los romanos?, ¿conocías el gusto de Madonna, Tarantino o Naomi Campbell por chupar los pies? Todos los sueños y manías eróticas de un millar de personalidades, actuales e históricas, están contenidas en el libro “Las 1.001 fantasías más eróticas y salvajes de la historia”.
Las celebridades, estrellas de cine, premios Nobel, reyes y reinas… Todos ellos a lo largo de la historia han sentido las mismas pulsiones sexuales -o parecidas- que cualquiera de nosotros. Así, por ejemplo, todo un Nobel de literatura como el irlandés James Joyce pedía bragas aromatizadas de prostitutas y una vieja gloria del rock, como Patti Smith, se masturbaba mientras escribía. Estas son algunas de las fantasías que ha reunido Roser Amills en su libro “Las 1.001 fantasías más eróticas y salvajes de la historia”, editado por Entre Paréntesis
Desnudos detrás del diván de la historia… Están casi todos, Albert Einstein, Marilyn Monroe, Warren Beatty, Fernando Sánchez Dragó, Jorge Luis Borges, Rosa Regás, Julio Iglesias, Madonna, Eva Longoria, Naomi Campell o Courtney Love cruzan su sueños y deseos más húmedos en este libro con Juan Ramón Jiménez, Fidel Castro, Hitchcok, Hitler, Ava Gardner, Cleopatra, María Félix, Frida Kalo o Amy Winehouse. Casi nada.
Un libro que empezó a tomar cuerpo (nunca mejor dicho) en la poeta y narradora Roser Amills (Algaida, 1974) cuando trabajaba y recaba información para un poemario sobre erotismo. “Comencé a buscar en archivos, libros, vídeos, películas y biografías y vi que el tema era fascinante y daba para mucho porque cada historia era más divertida”, explica la autora de este curioso libro.
Entre las curiosidades que invaden el libro está, por ejemplo, que a la espía por excelencia, Mata Hari, su marido le arrancó un pezón de un mordisco, no se sabe si en un ataque de ira, pasión o muerto de celos por un afán erótico-caníbal.
¿Y en la especialidad de fetichismos varios? en este capítulo se llevan Boris Vian, que escribía su nombre con esperma, o el romántico Bécquer, que soñaba con hacerlo con la virgen desnuda en el cementerio.
También Cleopatra, que de voraz apetito cuenta la leyenda que fue capaz de practicar felaciones a miles de hombres incluyendo a cien romanos en una sola noche o Kafka, quien tenía obsesión por masturbarse en el cuarto de baño.
¿Y LAS CELEBRITIES ACTUALES?
Y mirando por la mirilla de puertas más actuales el lector se va a encontrar con una Eva Longoria a la que le estimula ser atada con pañuelos de seda, y a Madonna, Tarantino, Naomi Campbell o Marilyn Manson, que se mueren por chupar los pies.
Entre otras especialidades o manías se descubren la del rey del rock Elvis Presley que se movía entre voyeurismo, parejas copulando y encuentros sáficos, o la de Fidel Castro quien siente debilidad por las prostitutas con citas muy privadas y clandestinas, o la pasión que sienten Dalí o Mata Hari por los uniformes.
El libro recoge un innumerable anecdotario de cientos de casos, como Michael Douglas que padece ‘satiriasis’, que, durante los rodajes, se pone preservativo incluso en las escenas sin sexo y que se masturba entre escenas. También de circunstancias extrañas, cuanto menos, como la de Djuna Barnes, que primero se lo hizo con la abuela y luego con el padre, o la de Gómez de la Serna con su hijastra alegre.
“He querido que el libro fuera fundamentalmente divertido, simpático y que propicie conversaciones de sobremesa y temas de conversación para parejas con inquietudes culturales… si tu novio o tu novia es demasiado intelectual y le notas desaborido… cuéntale alguna de estas historias y ya verás que como mínimo os reís un rato… más”, concluye la autora.







