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Fernando Sáez Aldana | Antes "xenófobo" que gilipollas

Como todo escritor, adoro las palabras y por ello me esmero en respetar su significado, escogerlas con tino y utilizarlas con el máximo rigor conceptual, evitando caer en desaciertos, inexactitudes y abusos. Y es que, amparados en una libertad de expresión mal entendida, solemos emplear con ligereza términos tan fuertes que, más que calificaciones, son insultos proferidos con absoluta impunidad. Uno de esos excesos verbales (otros son “machismo”, “homófobo” o “fascista”) es “xenofobia”, que significa: “Odio, repugnancia u hostilidad hacia los extranjeros”. Aclarar su correcto y tremendo significado es la venda que le pongo a esta columna antes de la posible herida, a propósito de dos reflexiones sobre sendos colectivos de extranjeros que viven en España.

El primero es el de inmigrantes “irregulares” afectados por enfermedades crónicas, a los que el tijereteo va a dejar sin cobertura sanitaria gratuita a partir de agosto, salvo urgencia o embarazo. Hace poco, un periódico que aborrece al partido gobernante denunciaba en su portada el caso de un norteafricano, sin papeles y enfermo de SIDA, “condenado a morir” si este desalmado gobierno le retiraba la cartilla sanitaria que le permite recibir un tratamiento que nos cuesta 12.000 euros cada año a los contribuyentes. Digo yo que si reside ilegalmente, habrá que legalizarlo o expulsarlo del país, pero pagarle encima un costoso tratamiento de por vida parece el colmo de la “irregularidad”.

El segundo es el de los licenciados en medicina que aspiran a convertirse en médicos por el programa de formación MIR, casi la única vía de conseguirlo y de lograr trabajo después. A las 6.700 plazas convocadas este año han aspirado 13.500 licenciados, de los cuales, gracias a una de las torpezas del anterior gobierno, el 45% son extranjeros, casi todos extracomunitarios, que han conseguido el 34% de las plazas. Así que, antes de matricular en Medicina a su brillante hija o hijo (la astronómica nota de corte es superior a 12 de 14 puntos), sepan que cuando acabe puede pisarle la plaza de MIR un médico hispanoamericano que burló el cupo del 10% viniéndose a España unas semanas antes del examen y que cuando sea especialista se largará dejando a su hijo en el paro tras haberle costado la carrera 200.000 euros al Estado, y a ustedes ni les cuento.

Si por oponerme a que inmigrantes ilegales disfruten de Sanidad gratis mientras un sólo español copague y a que médicos extranjeros accedan al MIR mientras uno sólo de los nuestros se quede sin plaza, no me importa que me acusen de xenófobo. Porque sé que no lo soy (¿acaso mi postura exuda odio, repugnancia u hostilidad?), y porque prefiero parecerlo a ser un auténtico gilipollas.

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