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La amenaza del islam

En 1492 partían las carabelas de Colón hacia el precipicio que en esa época creían que tenía el mar en su fin, pero lo que encontró fue el nuevo mundo que años más tarde se llamaría América y que vendría a ensanchar el poderío colonial del imperio español y de sus soberanos, Fernando de Aragón e Isabel de Castilla.

[caption id="attachment_123502" align="alignleft" width="150" caption="El autor, Jorge J. Cuadra, es analista político nicaragüense"][/caption]

Casi al mismo tiempo regresaban a las arenas del desierto desde donde habían llegado, después de setecientos años de dominación en el reino de España, los moros o musulmanes. Se retiraban con Alá, derrotados por el Vaticano, mientras Colón llegaba a las nuevas tierras descubiertas para implantar a sangre y fuego la doctrina católica representada por el Vaticano, desde la tierra de Julio César y de Nerón.

El desalojo de los musulmanes se debió a la determinación de los soberanos españoles de expulsar a los invasores que habían logrado penetrar hacia el norte hasta los mismos Pirineos y que habían construido una cultura en el sur.

Es una lástima que ahora que el islam se está apoderando de las naciones occidentales, no exista esa determinación que tuvieron sus antepasados. Los gobiernos europeos, en especial los de Inglaterra y Francia, han permitido que el poder de la media luna se instale de nuevo en el corazón de Europa, pese al ejemplo que les ha dado Australia, en donde su primer Ministro les dijo a los musulmanes que allí se hablaba en inglés y se adoraba a un solo Dios y a los que no les gustara que se fueran de regreso a sus países y después lo hizo su primera ministro, aclarándole las cosas e invitándolos a abandonar Australia si no se adaptaban. Los gobernantes europeos han hecho lo contrario: les han permitido que se apoderen de barrios enteros en sus ciudades principales, en donde predomina la cultura del islam , hablan su propio idioma y practican la Sharia, dominados por el miedo que le tienen al barbarismo que los musulmanes predican. Las manifestaciones musulmanas que se dan en el centro de Londres, con pancartas en donde les dicen a los ingleses que serán decapitados por infieles, nos dicen hasta donde ha calado el temor a las hordas del fallecido Bin Laden.

En Estados Unidos pasa casi igual, pero allí se debe más a un complejo de culpa, que a un simple temor. Las generaciones de los “baby boomers” se han dejado atrapar por un gran complejo de culpa que heredaron de Hiroshima.

Estados Unidos es la última trinchera del mundo occidental que conocemos actualmente. De su poder de decisión depende la sobrevivencia del imperio del águila calva y de toda la civilización cristiana. Si hay que usar el poder, deben usarlo, primero para salvar a su nación y después al mundo entero. Dios lo exige y los valores occidentales lo merecen.

Si la defensa de la civilización cristiana va a provocar la tercera guerra mundial, que la provoque y esa será la última guerra librada en nombre de la libertad.

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