Header Ads

Aleix Vidal-Quadras | Lo obvio y lo evidente

En su breve pero sustancioso discurso de apertura del Campus FAES de este año, José María Aznar dijo algunas cosas que merecen un comentario en estos momentos de tribulación en los que parece en ocasiones que el Gobierno se debate impotente contra la adversidad. El ex presidente afirmó entender perfectamente lo que sucede y saber asimismo con toda claridad lo qué hay que hacer. No cabe duda de que su lucidez y su visión deben ser ahora muy potentes porque los errores enseñan tanto como los aciertos y él acumula una dilatada experiencia propia y ajena en ambos que ha incrementado apreciablemente su sabiduría. Todo lo que le oímos desde que dejó La Moncloa resulta muy atinado y reconfortante, a diferencia de su sucesor socialista, que afortunadamente habla poco, pero cuando lo hace sigue soltando una tontería tras otra. Aznar sentencia que alertar de lo obvio no sirve de mucho y ahí procede una puntualización de cierto calado. En filosofía o en matemáticas, el enunciado de lo obvio es, nadie lo discute, una pérdida de tiempo. En política, depende. Si lo obvio no es reconocido como tal por el gobernante por razones electorales o de interés partidista o por encontrarse prisionero de la urgencia de salir al paso de desastres inminentes, la insistencia en los hechos palpables se convierte en un deber y en una necesidad, hasta tal punto que la reiterada llamada de atención sobre la realidad, por notoria que sea, y que los responsables públicos ignoran por conveniencia o por agobio, contribuye decisivamente a algo que el presidente de FAES también nos reclama muy justamente en su intervención del pasado 29 de junio: “ayudar al Gobierno sin reserva alguna a llevar adelante la inmensa tarea que tiene encomendada”. Mientras tengamos un Estado cuya alambicada e ineficiente estructura nos arruina, una banda terrorista que avanza en su proyecto político racista y totalitario sin disolverse ni entregar sus armas ni manifestar arrepentimiento alguno, un sistema educativo que erosiona nuestro capital humano, unos órganos constitucionales politizados hasta extremos de escándalo, un modelo productivo incapaz de crear valor añadido y de ser competitivo en los mercados globales, un apreciable número de bancos carentes de solvencia, una sociedad civil colonizada por los partidos, unos partidos en los que la democracia interna brilla por su ausencia y una moral colectiva profundamente deteriorada, no habrá que desmayar en la tarea de espolear al Gobierno insistiendo en lo obvio hasta que resplandezca como evidente.

No hay comentarios:

Con la tecnología de Blogger.