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Por FAROagencia / 

Desde nuestro puesto de centinelas de España, tenemos hoy que exaltar el octavo centenario de la victoria de los reyes cristianos de la Península Ibérica sobre un gran ejército mahometano en el paraje andaluz de las Navas de Tolosa, en el año 1212. Los moros procedían de todo el norte de África y trataban de invadir, definitivamente, no sólo España, sino toda Europa. España les cerró el paso y salvó para la Iglesia el mundo entonces conocido. No estoy muy seguro de que esto se le haya reconocido debidamente.

La magnitud de aquella victoria y de sus consecuencias fue tal, que siempre se encuentran relaciones entre ellas y cuestiones de la actualidad político religiosa. Este octavo centenario está enfrentado con un nuevo intento de islamización de España. En él hay que distinguir unas acciones y unas omisiones. Sobre todas planea una cuestión superior que es que la guerra se hace ahora de otra forma.

La guerra es una manera de imponer la voluntad propia a una población distinta. La manera clásica de hacerla, o de intentarla, ha experimentado un cambio radical en la segunda mitad del siglo XX, a partir de las ideas principalmente de Mao Tse-Tung que forman un conjunto llamado Guerra Revolucionaria, o Guerra Psicológica. Desde las Navas de Tolosa hasta Mao Tse-Tung el esquema de la guerra ha cambiado relativamente poco. Clásicamente, el medio de imponer la voluntad propia al enemigo ha sido la ocupación del terreno mediante la infantería. Después de Mao, en la Guerra Revolucionaria, el medio que se utiliza ya no es principalmente la ocupación del terreno, sino la ocupación ideológica de la mente de los dirigentes enemigos mediante una propaganda o una psicología altamente especializada y apoyada, cuando no basta sola, con medios coercitivos, como el terrorismo, el chantaje u otros, cada vez más refinados y sutiles. Este esquema no contradice que la nueva forma de hacer la guerra sea una guerra total. Lo es, y conserva todos los elementos anteriores, como la ocupación del terreno, y otros más, pero en proporciones, prioridades e importancias muy cambiadas y distintas.

Los mahometanos han manejado con sorprendente maestría las artes de la guerra revolucionaria y han ocupado la mentalidad de muchos católicos con ideas a favor de la expansión del Islam, o bien a favor de no impedirla. Juegan aquí coordinadamente las acciones de los moros con las omisiones de muchos sedicentes cristianos. La antología de los disparates, que el enemigo ha instalado en las mentes de muchos sedicentes cristianos, es infinita.

Los avances en la islamización actual de España se han hecho sin la necesidad de las masas de infantería mahometana como las de las Navas. La Marcha Verde Marroquí sobre nuestras Provincias Africanas no llegó a combatir, porque el Gobierno de Madrid, abandonado por todos, capituló. La independencia de Argelia se decidió en los despachos de París. La paralización de los cristianos ante el Islam nace en el Concilio Vaticano II. No se les han opuesto masas de infantería cristiana. Pero esto no es lo más grave, porque no hubiera sido lo adecuado. Lo más grave es que no se les ha hecho una oposición especializada y sofisticada adecuada, mediante más y mejores grupos de católicos expertos en guerra revolucionaria.

El Concilio Vaticano II ha dicho, en su Declaración sobre Libertad Religiosa, que todo el mundo tiene derecho a decir lo que le parezca, y que esa libertad debe ser respetada, con la sola limitación boba, de que no haya trastornos del orden público. Los moros han tomado buena nota de todo eso, y muchos católicos han patrocinado exposiciones culturales islamizantes en locales católicos, como si eso de la cultura no fuera un Caballo de Troya al servicio de la ocupación de las mentes cristianas. Otra trampa sutil ha sido instalar en el cerebro de algunos católicos la idea de que adoramos al mismo Dios.

El octavo centenario de la batalla de las Navas de Tolosa y la islamización de España

Por FAROagencia / 

Desde nuestro puesto de centinelas de España, tenemos hoy que exaltar el octavo centenario de la victoria de los reyes cristianos de la Península Ibérica sobre un gran ejército mahometano en el paraje andaluz de las Navas de Tolosa, en el año 1212. Los moros procedían de todo el norte de África y trataban de invadir, definitivamente, no sólo España, sino toda Europa. España les cerró el paso y salvó para la Iglesia el mundo entonces conocido. No estoy muy seguro de que esto se le haya reconocido debidamente.

La magnitud de aquella victoria y de sus consecuencias fue tal, que siempre se encuentran relaciones entre ellas y cuestiones de la actualidad político religiosa. Este octavo centenario está enfrentado con un nuevo intento de islamización de España. En él hay que distinguir unas acciones y unas omisiones. Sobre todas planea una cuestión superior que es que la guerra se hace ahora de otra forma.

La guerra es una manera de imponer la voluntad propia a una población distinta. La manera clásica de hacerla, o de intentarla, ha experimentado un cambio radical en la segunda mitad del siglo XX, a partir de las ideas principalmente de Mao Tse-Tung que forman un conjunto llamado Guerra Revolucionaria, o Guerra Psicológica. Desde las Navas de Tolosa hasta Mao Tse-Tung el esquema de la guerra ha cambiado relativamente poco. Clásicamente, el medio de imponer la voluntad propia al enemigo ha sido la ocupación del terreno mediante la infantería. Después de Mao, en la Guerra Revolucionaria, el medio que se utiliza ya no es principalmente la ocupación del terreno, sino la ocupación ideológica de la mente de los dirigentes enemigos mediante una propaganda o una psicología altamente especializada y apoyada, cuando no basta sola, con medios coercitivos, como el terrorismo, el chantaje u otros, cada vez más refinados y sutiles. Este esquema no contradice que la nueva forma de hacer la guerra sea una guerra total. Lo es, y conserva todos los elementos anteriores, como la ocupación del terreno, y otros más, pero en proporciones, prioridades e importancias muy cambiadas y distintas.

Los mahometanos han manejado con sorprendente maestría las artes de la guerra revolucionaria y han ocupado la mentalidad de muchos católicos con ideas a favor de la expansión del Islam, o bien a favor de no impedirla. Juegan aquí coordinadamente las acciones de los moros con las omisiones de muchos sedicentes cristianos. La antología de los disparates, que el enemigo ha instalado en las mentes de muchos sedicentes cristianos, es infinita.

Los avances en la islamización actual de España se han hecho sin la necesidad de las masas de infantería mahometana como las de las Navas. La Marcha Verde Marroquí sobre nuestras Provincias Africanas no llegó a combatir, porque el Gobierno de Madrid, abandonado por todos, capituló. La independencia de Argelia se decidió en los despachos de París. La paralización de los cristianos ante el Islam nace en el Concilio Vaticano II. No se les han opuesto masas de infantería cristiana. Pero esto no es lo más grave, porque no hubiera sido lo adecuado. Lo más grave es que no se les ha hecho una oposición especializada y sofisticada adecuada, mediante más y mejores grupos de católicos expertos en guerra revolucionaria.

El Concilio Vaticano II ha dicho, en su Declaración sobre Libertad Religiosa, que todo el mundo tiene derecho a decir lo que le parezca, y que esa libertad debe ser respetada, con la sola limitación boba, de que no haya trastornos del orden público. Los moros han tomado buena nota de todo eso, y muchos católicos han patrocinado exposiciones culturales islamizantes en locales católicos, como si eso de la cultura no fuera un Caballo de Troya al servicio de la ocupación de las mentes cristianas. Otra trampa sutil ha sido instalar en el cerebro de algunos católicos la idea de que adoramos al mismo Dios.

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