Al parecer, la mujer, de 53 años, temió por su seguridad y la de su familia. Con la excusa de templar los ánimos, y con el objetivo de ejecutar su crimen, Gu se citó el pasado 13 de noviembre con Heywood en el hotel Nanshan Lijing Holiday de Chongqing.
Hay pleitos exprés y luego está lo que le han hecho a Gu Kailai. Su juicio comenzó ayer, y ayer acabó. El juez no ha necesitado más que un día para despachar el caso que tiene en vilo a China.
Era evidente que después de que Gu confesara su participación en el envenenamiento del empresario británico Neil Heywood, el magistrado no iba a tener que estrujarse mucho las meninges, pero las complicadas ramificaciones del caso y el hecho de que solo hubiese una prueba -un trozo de corazón de la víctima- hacían prever un proceso más largo.
«Los hechos están muy claros», aseguró el fiscal. «Los acusados -Gu se sienta en el banquillo con su guardaespaldas, Zhang Xiaojun- no han puesto objeciones a los cargos presentados», añadió al final de la sesión Tang Yigan, representante del tribunal de Anhui, la capital de Hefei, en la que ayer se dieron cita multitud de periodistas extranjeros a los que un imponente dispositivo de seguridad les impidió acceder a la sala. Sí que entraron dos diplomáticos británicos que están siguiendo muy de cerca el caso, pero no hicieron declaraciones.
Según la acusación, Gu decidió matar a Heywood por una disputa económica que no se juzga en este caso y que, curiosamente, es la que podría involucrar a su marido, el exsecretario del Partido Comunista de China en Chongqing, Bo Xilai.
Al parecer, la mujer, de 53 años, temió por su seguridad y la de su familia. Con la excusa de templar los ánimos, y con el objetivo de ejecutar su crimen, Gu se citó el pasado 13 de noviembre con Heywood en el hotel Nanshan Lijing Holiday de Chongqing.
Con premeditación
Esa noche, ambos tomaron té y multitud de bebidas alcohólicas que emborracharon al británico. Después de vomitar, Heywood pidió agua, y Gu le dio a beber el veneno que había preparado previamente y que había transportado Zhang. Según el fiscal, ambos acusados estaban en pleno uso de sus facultades, por lo que no cabe ningún tipo de atenuante. Si se aplica la ley china, podrían ser sentenciados a la pena capital.
Pero nadie sabe cuándo se conocerá el veredicto. A juzgar por la celeridad con la que se ha celebrado el juicio, debería ser pronto. La agencia de noticias Xinhua anunció ayer que también se va a procesar a cuatro policías acusados de encubrir a Gu, algo que podría demorar el veredicto, pero a nadie se le escapa el cariz político que tiene el caso. Cerrarlo cuanto antes es lo más conveniente para acometer con calma la renovación de la cúpula del Partido que se llevará a cabo en el congreso de otoño.







