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Christopher Caldwell | Europa frente a la inmigración masiva

Por primera vez en su historia Europa es un continente de inmigrantes: 40 millones de personas que viven sobre suelo europeo han nacido en otro país. Cerca del 10% del total. De estos entre 15 y 17 son musulmanes. Es un hecho inédito en la historia, y esta inmigración constituye el mayor problema al que se enfenta Europa. Y es llamativo constatar la falta de capacidad de la democracia a tratar este fenómeno.

Europa acoge más y más inmigrantes en contra del deseo de sus ciudadanos, y eso es un buen indicativo del mal funcionamiento de la democracia. En este contexto de “confrontación con el islam”, Caldwell describe a los europeos de origen como excluidos en su tierra, víctimas de una OPA cultural.

El islam ha roto muchos hábitos, estructuras e instituciones del Estado. La inmigración, con su mano de obra barata puede ser benéfica para la economía privada, pero para el Estado la cosa es muy diferente. Las ayudas a los inmigrantes y sus familias sobrepasan en mucho a su contribución. En Alemania, los nativos de entre 20 y 65 años aportan más al tesoro público que lo que gastan en prestaciones sociales. Los turcos de Alemania en esa misma situación se sitúan entre los 28 y 57 años. Y la tendencia se acentúa. Entre 1971 y el año 2000 el número de residentes extranjeros en Alemania ha subido como una flecha de 3 a 7,5 millones de personas, pero el número de extranjeros activos se ha mantenido en ¡2 millones! Es decir: de casi cada cuatro extranjeros sólo trabaja y paga impuestos uno sólo. El resto vive de las prestaciones y ayudas sociales del Estado alemán.

Según Caldwell, la inmigración y el Estado se llevan mal. “Una vez que los inmigrantes han entendido como funciona el Estado social, estos pueden hacer cambiar los objetivos de los seguros sociales. En lugar de gastar las prestaciones sociales, por ejemplo en alimentos, el dinero pude servir a financiar el islam. Las dos terceras partes de los imanes de Francia están mantenidos por la seguridad social.”

En estos últimos 20 años se ha constatado la ausencia de asimilación. Caldwell ve incluso un deterioro de la situación con las nuevas generaciones. En muchas ciudades de Europa ha empezado a surgir zonas totalmente fuera de la ley. Las leyes sobre la tolerancia han comenzado a beneficiar a los intolerantes.

Caldwell se ciñe a los hechos: el 19% de los europeos piensa que la inmigración es buena para su país. El 81% restante ha dejado atrás toda ilusión al respecto. La factura que supone la inmigración la están pagando estos últimos. Muchos europeos están a la búsqueda de una vida mejor, que la inmigración dificulta. Y contrariamente a estos, los europeos no han querido ese cambio. Los europeos son expulsados de la cultura de sus padres. Algunas de sus tradiciones son a veces reprimidas bajo el pretexto de que los inmigrantes musulmanes pudieran sentirse ofendidos o excluidos. Y sin embargo la reciprocidad de los países musulmanes hacia la religión cristiana está lejos de estar garantizada.

Para el autor, la historia de Europa es, desde la Segunda Guerra Mundial, una historia de emancipación frente a los EEUU. La creación de la UE se inscribe en ese contexto. La solución a la inmigración masiva corre el riesgo de obligar a Europa a seguir el ejemplo americano. Los EEUU son en teoría libres, abiertos y occidentales. En la práctica, “los EEUU ejercen presiones muy fuertes sobre los inmigrantes para que se adapten a su sistema. Son esas presiones y no la apertura que hacen de los EEUU un pueblo”. El inmigrante puede mantener su cultura ancestral, pero “si esta le impide hablar en inglés y llegar a la hora al trabajo, pasará hambre.

Se tendrá que volver a su país y nadie lo echará de menos.” El modelo americano no puede en realidad trasponerse integralmente.

Este es el resutado de condiciones históricas particulares y de una reforma del sistema penal, bajo el gobierno de Nixon, destinado a luchar ferozmente contra la droga y el crimen. Además tienen mucha menos población musulmana que Europa”.

Los problemas básicos con el islam y la inmigración derivan del hecho de que las comunidades más fuertes en Europa no son las comunidades europeas, según Caldwell. El islam es una religión importante, pero no es la religión de los europeos, no es de ninguna manera la cultura europea.

Cuando una cultura maleable, insegura y relativa se encuentra con una cultura confiada, bien anclada, reforzada por unas doctrinas comunes, es la primera la que se adapta a la segunda.

*Editorialista de “Financial Times”

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